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Códigos de un nuevo tiempo
Por Máximo Luppino. El dirigente justicialista denuncia que en el escenario político actual la “pureza doctrinaria” se vende por un puñado de dólares.
12 de junio de 2019
Existen ocasiones donde parece todo confundirse y entremezclarse, cuando el culto a “ganar” e imponerse en brutal desmedida competencia en desmedro de todo valor ético nos conduce a pisotear el jardín interior de nuestras propias convicciones. El pragmatismo como ejercicio de lógica adaptación a las circunstancias reinantes es natural y adecuado, pero no es pragmatismo el caminar hacia el sentido opuesto del que nos señala la inequívoca brújula de nuestros ideales.

Sólo el triunfar importa. En el delirio de llegar al éxito, aplastamos nuestros mejores y más límpidos sueños de trabajar para el bien común. De esta manera, llegamos a invitar a cenar en nuestra mesa al más feroz de los caníbales si creemos que con esto saldremos victoriosos.

Se presentan lejanos aquellos días en los que una persona, por ejemplo perteneciente a la Unión Cívica Radical, transcurría su vida con total coherencia sin sacar los “pies del plato”, y contra viento y marea continuaba levantando las banderas radicales. Lo mismo sucedía con el peronismo y el socialismo. Los saltos eran impensados y simplemente no acontecían, todo se tornaba más claro y confiable.

En la actualidad, la pureza doctrinaria es asesinada por un “puñado de dólares”. Las ideas son ofertadas en el bazar de las personales conveniencias. Sólo el interés reina en el banquete de irrespetuosos merengues utilitarios.

Las fórmulas presidenciales que se presentan a la comunidad nacional: Alberto Fernández - Cristina Fernández por un lado y Mauricio Macri - Miguel Pichetto por otro ¿Cuánto tienen de sincera asociación y cuánto de lucrativa conveniencia electoral? Dilema de dilemas es responder con certeza la intencionalidad real de los individuos.

“Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclado la vida y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto a un calefón”. Grande Discépolo. El tiempo parece obstinarse en darle la razón al querido autor de “Cambalache”. Cada día nuestra política consagra sus melancólicos paisajes de duro y romántico arrabal.

Continuando en tónica tanguera: “¡te maquillaste el corazón! ¡Mentiras sin piedad! ¡Qué lástima de amor!”, “Maquillaje”, de Homero Expósito encierra un cruel criterio que enaltece malignamente al interés por sobre el pensamiento,

Estamos obligados a adaptarnos, pero sin envenenar nuestras raíces. Claro que “el bambú se dobla, pero no se rompe”. Esperamos que se purifique un tanto lo que debe ser la noble actividad política, de lo contrario perderemos mucho más que una elección. Malgastaremos el sentido de la vida, extraviaremos nuestra identidad como seres espirituales.

La clase política emerge del enorme abanico de dirigentes nacionales y estos del pueblo todo. La moral de nuestros dirigentes es una galvanización de los ideales medios de nuestra comunidad. Los políticos no vienen de Marte, son salientes de nuestra propia gente.

Las elecciones generales 2019 muestran un desabrido contenido doctrinario e ideológico. Más bien, se asemeja a un mercado persa donde todo está en venta y es ofertado sin reservas al mejor postor.

En el banquete de confituras electorales para las elecciones generales del 2019 los platos están desabridos de toda vocación de servicio, con profunda ausencia de condimentos partidarios. Un revuelto gramajo con escasa identidad nacional.

Confiamos en el pueblo argentino que delinea con conocimiento intuitivo las pinceladas históricas firmes en su marcha de bienestar y autorrealización. Confiamos en el bien y sabemos que si añoramos una sociedad más justa y equitativa debemos mejorar nosotros mismos. Después de todo, poseemos plena conciencia de que la única revolución cierta y valedera es la de nosotros mismos en el diáfano y cristalino territorio de nuestro insondable corazón.

Mejorando nosotros mismos, mejora nuestra comunidad. Menos palabras y más ejemplos.