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Flexibilidad ideológica
La ley de internas abiertas y obligatorias se sancionó en 2002. Muchos de los que la votaron la derogaron en 2006. Ahora, algunos de ellos se aprestan a volverla a votar.
17 de julio de 2009
En junio de 2002 fue sancionada una ley de internas abiertas y simultáneas, que obligaba a los partidos a abrirse a la sociedad en el proceso de selección de sus candidatos. Un par de meses antes de los comicios generales se abriría una elección en la que todos los partidos podrían presentar todas sus alternativas. Por ejemplo, en ese PJ de 2002 se hubieran podido presentar Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá, Juan Ricardo Mussa… y lo mismo hubiera pasado con el radicalismo, el socialismo, el ARI, el PO, etcétera.

Así se decidía un candidato por partido y, aquellos que perdieran la elección interna, tendrían prohibido presentarse por otra agrupación. De haberse aplicado esa ley, el peronismo sólo hubiera tenido un candidato en 2003. Y el ballotage de aquel año habría sido -para alegría de unos y tristeza de otros- entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy, que fueron los dos políticos que más votos sacaron en su propio espacio y en la general.

Las reglas de juego que se ponen a la hora de encarar un proceso electoral determinan de manera directa cómo serán los resultados de esa elección. De ahí que muchas veces, cuando se encara una reforma política, se hace de modo tal que los poderosos puedan conservar su poder.

Sin embargo, las necesidades de los poderosos de 2002 determinaron que ése no era el momento para aplicar la ley de internas abiertas y simultáneas. Y prefirieron patearla para más adelante. El razonamiento del entonces presidente y líder del PJ, Eduardo Duhalde, era el siguiente: en las internas ganaría Carlos Menem; en la elección general, con índices de rechazo del 70%, perdería ante casi cualquier candidato. Más allá de la pelea personal entre los dos caudillos, primó el instinto de supervivencia, tanto de él como del resto de los dirigentes peronistas, que apoyaron la suspensión de esa ley.

Pero pasó 2003 y al poderoso de turno, esta vez Néstor Kirchner, tampoco le convenían las internas. Hacer internas implicaba jugarse el todo por el todo por un candidato en cada distrito. Y la estrategia K fue siempre jugar a varias puntas y dividir a los partidos. Las internas abiertas no eran funcionales a esa táctica, que fue muy útil mientras duró.

En 2006, gracias a un proyecto del diputado Jorge Landau, las internas abiertas y obligatorias pasaron a mejor vida. En Diputados su derogación fue aprobada el 15 de noviembre por 162 legisladores del peronismo, radicalismo, ARI y provinciales; en cambio se opusieron el socialismo, el Renovador de Salta, los justicialistas puntanos y los juecistas.

En el Senado, el 6 de diciembre venidero obtuvo 39 votos. Sólo se opusieron el socialista Rubén Giustiniani y el renovador Ricardo Gómez Diez; la puntana Liliana Negre de Alonso se abstuvo. Lo llamativo es que en el momento en que se votó estaban ausentes 30 legisladores, entre ellos la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner… difícil saber si eso muestra una declaración de principios o si fue un simple descuido.

Los peligros de las internas abiertas

Algo está claro: el sistema tal cual está funcionando no da para más. Esto se viene reflejando semana a semana en las páginas de Parlamentario. Sin embargo, ¿son las internas abiertas y simultáneas la mejor solución?

No necesariamente. Ese mecanismo encierra una serie de peligros y podría no generar respuestas a los problemas políticos argentinos. Claro que la situación es mucho más favorable que en 2002.

¿Cuál es la principal traba para su implementación? Que para que pueda haber internas, primero tienen que existir partidos o espacios políticos sólidos y organizados, tal como sucede en Uruguay o en la provincia de Santa Fe, que son los ejemplos que se usan por estos días. Hasta ahora no existía eso en la Argentina. En la última elección algo parece haber cambiado con la consolidación de tres polos partidarios. ¿Será eso un facilitador para aplicar las internas?

Pero también existen muchos otros peligros. Por un lado, si las internas son obligatoriamente abiertas, se vacía de contenido a los partidos como institución. ¿Para qué otra cosa sirve ser afiliado a un espacio, si no es para decidir quiénes serán los candidatos que presenten?

En un escenario como el actual se corre el riesgo de que todos los ciudadanos (independientes o incluso afiliados a otros partidos) quieran votar en la interna del PJ. Saben que de allí saldrá, seguramente, el próximo presidente.

También se corre el riesgo de que las estructuras de los partidos más grandes “aparateen” la interna de los más chicos o minoritarios: que se intente que un candidato de más bajo perfil gane la elección interna, y con eso se minen las posibilidades de ese espacio en los comicios generales.

De todos modos, vale que en la Argentina se vuelva a discutir una reforma política, que era muy necesaria. Esperemos que lo que se decida se haga sin imponer mayorías y con el consenso de todos los espacios democráticos.

Los diputados que derogaron al ley

Elda Agüero, Cristina Alvarez Rodríguez, Jorge Argüello, Julio Arriaga, Isabel Artola, Manuel Baladrón, Vilma Baragiola, Liliana Bayonzo, Mario Bejarano, Ana Berraute, Paula Bertol, Marcela Bianchi Silvestre, Fabiola Bianco, Delia Bisutti, Miguel Bonasso, Irene Bosch, Eugenio Burzaco, Eduardo Camaño, Graciela Camaño, Susana Canela, Dante Canevarolo, Alberto Cantero Gutiérrez, Gustavo Canteros, José Cantos, Remo Carlotto, María Carmona, Carlos Cecco, Nora César, Nora Chiacchio, Fernando Chironi, Luis Cigogna, Stella Cittadini, Adriana Coirini, Alicia Comelli, Diana Conti, José Córdoba, Stella Maris Córdoba, Jorge Coscia, Hugo Cuevas, Zulema Daher, Ariel Dalla Fontana, Jorge Daud, Héctor Daza, Eduardo De Bernardi, Guillermo De la Barrera, María Graciela De la Rosa, Omar De Marchi, Francisco de Narváez, Edgardo Depetri, Oscar Di Landro, Juliana Di Tullio, José María Díaz Bancalari, Nélida Doga, Dante Dovena, Luciano Fabris, Patricia Fadel, Alfredo Fernández, Gustavo Ferri, Santiago Ferrigno, Francisco Ferro, Paulina Fiol, Eduardo Galantini, Luis Galvalisi, Eva García, Emilio García Méndez, María Teresa García, Susana García, Jorge Garrido Arceo, Susana Genem, Nora Ginzburg, Juan Carlos Gioja, Miguel Angel Giubergia, Ruperto Godoy, Nancy González, Leonardo Gorbacz, Francisco Gutiérrez, Graciela Gutiérrez, Arturo Heredia, Cinthya Hernández, Alberto Herrera, Griselda Herrera, Roddy Ingram, Juan Manuel Irrazábal, Miguel Angel Iturrieta, Esteban Jerez, Eusebia Jerez, Daniel Kroneberger, Carlos Kunkel, Jorge Landau, José Lauritto, Roberto Lix Klett, Amelia López, Eduardo Lorenzo Borocotó, Antonio Lovaglio Saravia, Eduardo Macaluse, Marta Maffei, Nélida Mansur, Mercedes Marcó Del Pont, Gustavo Marconato, Juliana Marino, Julio Martínez, Oscar Massei, Araceli Méndez de Ferreyra, Raúl Merino, María Moisés, Ana Monayar, José Mongeló, Lucrecia Monti, Carlos Moreno, Pedro Morini, Mabel Müller, Lidia Naim, Osvaldo Nemirovsci, Alejandro Nieva, Graciela Olmos, Marta Osorio, Blanca Osuna, Alejandra Oviedo, Eduardo Pastoriza, Mirta Pérez, Hugo Perie, Federico Pinedo, Héctor Porto, Elsa Quiroz, Héctor Recalde, Ana Richter, María del Carmen Rico, María Fabiana Ríos, Marcela Rodríguez, Oscar Rodríguez, Carmen Román, Rosario Romero, Rodolfo Roquel, Agustín Rossi, Graciela Rosso, Carlos Ruckauf, Juan Salim, Osvaldo Salum, Mario Santander, Diego Sartori, Juan Sluga, Carlos Snopek, Gladys Soto, Paola Spátola, Aníbal Stella, Hugo Storero, Begnis Sylvestre, Alicia Tate, Enrique Thomas, Hugo Toledo, Adriana Tomaz, Rosa Tulio, Juan Manuel Urtubey, José Uñac, Patricia Vaca Narvaja, Jorge Vanossi, Gerónimo Vargas Aignasse, Marta Velarde, Jorge Villaverde, Mariano West, Ricardo Wilder y Víctor Zimmermann.

Diputados que rechazaron la derogación

Silvia Augsburger, Hermes Binner, Francisco Delich, Eduardo Di Pollina, Claudio Lozano, Luis Lusquiños, Heriberto Mediza, Norma Morandini, Laura Sesma, Carlos Sosa, Carlos Tinnirello, María Angélica Torrontegui, Pablo Zancada y Miguel Zottos.

Senadores que la derogaron

Roberto Basualdo, Adriana Bortolozzi, Ricardo Bussi, Jorge Capitanich, Liliana Capos, Maurice Closs, Miriam Curletti, Mario Daniele, Liliana Fellner, Silvia Gallego, César Gioja, Haide Giri, Silvia Giusti, Celso Jaque, Guillermo Jenefes, Roxana Latorre, María Laura Leguizamón, Marcelo López Arias, M. Laura Pass de Cresto, Rubén Marín, Alfredo Martínez, Alicia Mastandrea, Julio Miranda, Gerardo Morales, Daniel Pérsico, Luis Petcoff Naidenoff, Miguel Ángel Pichetto, Delia Pinchetti, Carlos Reutemann, Marina Riofrío, Fabián Ríos, Ramón Saadi, María Dora Sánchez, Ernesto Sanz, Ricardo Taffarel, Elida Vigo, Isabel Viudez y José Luis Zavalía.