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El protagonismo de Boudou lo aleja de los tribunales
Por José Angel Di Mauro
13 de octubre de 2013
Una lejos de las cámaras, pero omnipresente, el otro protagonista por default, la fórmula presidencial ganadora en 2011 ocupó las primeras planas durante la semana. En efecto, la sorpresiva afección que sacó súbitamente de escena a la Presidenta en la última parte de la campaña electoral, llevó a Amado Boudou a un primer plano que el kirchnerismo deliberadamente le había retaceado al comprobar la inconveniencia de un rol suyo activo con vistas a las elecciones.

Salvo de sus hijos, Cristina desconfía de todo el mundo, según confesó en la segunda parte del reportaje de Jorge Rial difundido el mismo día en que era sometida a estudios en la Fundación Favaloro. Ese dato no constituyó ninguna novedad; por el contrario, es más bien una marca registrada de los Kirchner.

Y hablando de desconfianza, eso era lo que Boudou le despertaba a Néstor Kirchner, según cuentan cerca del poder, de ahí que todos concluyan que de haber estado vivo, el hoy vicepresidente de la Nación seguiría siendo, a lo sumo, ministro de Economía. Pero Cristina no compartía ese sentimiento.

Tanto ella como su esposo siempre le reconocieron el mérito de haber ideado la estatización de las AFJP, con lo que el gobierno recuperó una formidable caja para financiar sus principales emprendimientos y atender los déficits. Y todo parece indicar que cuando lo eligió para compartir la fórmula, pensó en él como un probable garante de la continuidad.

Boudou reunía una serie de requisitos que lo favorecían: gozaba de un importante conocimiento público, tenía buena relación con el peronismo y el sindicalismo, y sobre todo, se descontaba su lealtad.

El vicepresidente tiene la cualidad de estar en el momento justo, en el lugar indicado, según certifica su biógrafo Federico Mayol, autor del libro “Amado”. Resultó cuando fue elegido por CFK como su compañero de fórmula y a las pocas semanas de haber asumido ya quedó a cargo del Ejecutivo cuando la Presidenta debió ser sometida a la operación de tiroides.

Pero el eclipse del vicepresidente comenzó poco después, cuando estalló el caso Ciccone. Si bien Cristina laudó a favor suyo cuando esa crisis político-judicial estuvo a punto de dejarlo sin vice, no está en el ADN K acercarse a quien puede irradiarle mala imagen. Como tampoco entregar la cabeza de alguien cuando lo reclama la oposición.

Tal vez Amado Boudou haya vuelto a estar en el lugar indicado, en el momento justo. Es que quienes recorren asiduamente los Tribunales habían deslizado que en las próximas semanas podría haber novedades en la causa que lleva adelante el juez Lijo. Novedades no positivas para el vice, por cierto. Ahora se descuenta que cualquier avance en alguna de las causas que involucran a AB será detenido, al menos hasta que la Presidenta vuelva a sus funciones plenas.

El propio vicepresidente debe estar pensando íntimamente que esta es una nueva oportunidad que se le plantea para limpiar su imagen. De hecho, los voceros habituales del kirchnerismo -políticos y mediáticos- salieron a ensayar una encendida defensa del presidente del Senado.

Con todo, las cosas no son tan sencillas para él, pues ha vuelto a comprobar que su presencia sigue generando “ruido” en la cima del poder. Así, la semana protocolar avanzó para el vice con marchas y contramarchas; con actos que lo tuvieron como protagonista y eventos suspendidos sin mayores explicaciones. Con discursos cuestionados por su efecto electoral -como la referencia crítica al “cordobesismo” nada menos que en la provincia mediterránea, donde el kirchnerismo corre el riesgo de salir cuarto-, y otros donde dijo las palabras que el oficialismo quería escuchar, como en Tecnópolis, sobre la Ley de Medios.

Entre las suspensiones, la más significativa debe haber sido la videoconferencia que debió entablar el jueves con el ministro de Economía, en Estados Unidos. La misma se suspendió por “problemas en las comunicaciones” que hasta se llegaron a vincular con el “apagón” de Movistar de ese día. Nada que ver, por cierto. En lugar de hacerlo Boudou junto a Hernán Lorenzino, el gobierno terminó anunciando el acuerdo con el Banco Mundial por 3.000 millones de dólares a través de un comunicado.

De todos modos, el vicepresidente debió sentirse reivindicado con esa decisión, derivada de la necesidad urgente del gobierno de hacerse de divisas, cuando el blanqueo de capitales ha fracasado. Si nos remontamos a 2011, cuando Amado Boudou dejó su cargo al frente de Economía logró imponer el nombre de su sucesor, quien llegó con la misión de recomponer las relaciones del país con los mercados de capitales. Parte del plan incluía la quita de subsidios, que anunciaron Boudou y el ministro Julio De Vido, y que luego la Presidenta definió como “sintonía fina”. Luego vino el accidente de Once y el sinceramiento tarifario a través de la instrumentación de la tarjeta SUBE fue dejado de lado; más tarde llegó la expropiación de YPF y la relación de Argentina con el mundo de los negocios internacional quedó fuertemente averiada.

La financiación internacional que surge del acuerdo con el BM podría ser tomada como un éxito del ala moderada que integra Boudou. ¿Cómo deben tomarse entonces las versiones que hablan de un desplazamiento del ministro de Economía? Lo que venga, deberá esperar a que la Presidenta retome sus funciones. Que no será de manera inminente, más allá de que en el núcleo duro del kirchnerismo se ilusionan con una reaparición en el cierre de campaña previsto para el 24 de octubre, con la esperanza de que la recomposición de su imagen, producto de este problema de salud, pueda traducirse en votos el 27.

Pero difícilmente eso suceda: está el antecedente de su esposo, al que se sabe que Cristina tiene muy en cuenta. En esa segunda parte del reportaje de Rial, Cristina afirmaba que Néstor Kirchner se había poco menos que inmolado al concurrir al acto organizado por la juventud kirchnerista en el Luna Park, a pocos días de habérsele practicado una angioplastia. Es impensable entonces que la Presidenta pueda llegar a desafiar de tal manera la voluntad de los médicos que la atienden, la opinión de sus hijos y su propia convicción.

Tal vez el kirchnerismo deba conformarse entonces con alguna fotografía de la Presidenta ya repuesta, pero todavía convaleciente, difundida en vísperas de los comicios, que pueda hacer su aporte para el final de la campaña.

Mientras tanto el gobernador Daniel Scioli se entusiasma con datos de encuestas que dan al kirchnerismo reduciendo la amplia ventaja de Sergio Massa en la Provincia. No lo confirmarán públicamente, pero después de la arrolladora ventaja que daban los sondeos hace unos días, una diferencia de 10 puntos el 27 sería tomada hasta con alivio.

Atento a esos datos, el massismo teme que las últimas novedades puedan jugarle en contra. Que una parte del voto kirchnerista que consiguió en agosto vuelva al FpV, por el “efecto coágulo”, y que la convicción de que el cristinismo ahora sí tiene fecha de vencimiento pueda restarle parte del “voto útil” que supo conseguir.