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Abal Medina: “Si vamos divididos, el Gobierno va a ganar la elección”
Juan Manuel Abal Medina se muestra muy crítico del Gobierno -al que califica con un 3 para su primer año de gestión-, pero reivindica el papel que ha tenido la oposición en materia de gobernabilidad. Considera que se está usando la salida de Prat-Gay para tapar problemas y llama a buscar la unidad de todos los sectores del peronismo, incluso los que se fueron.
3 de enero de 2017
Por José Angel Di Mauro

El senador nacional Juan Manuel Abal Medina remarca la necesidad de que el peronismo deje de lado las peleas, si quiere volver al poder en el futuro. Desde su despacho del Senado Nacional, critica al Gobierno de pensar más “qué le conviene en términos electorales que en gobernar”. En diálogo con parlamentario.com, el senador bonaerense descarta que el bloque que encabeza Miguel Angel Pichetto haya terminado el año al borde de una fractura, cuestiona la falta de autocrítica del kirchnerismo, y abre las puertas a todos los sectores del peronismo “que no hace demasiado tiempo estuvo junto”.

- El presidente Macri fue tal vez exagerado con el puntaje que se puso para su primer año de gobierno, pero la oposición fue lapidaria. Y usted en particular le puso un aplazo...

- Sí, vi a varios que le pusieron un 0, o un 1; Mirtha Legrand, que ha sido una partidaria del Gobierno, creo le puso un 4 (en realidad fue un 5), así que yo creo que mi 3 expresa un poco lo que sentimos todos los argentinos. Yo soy docente universitario, un 3 es un aplazo y tiene que volver a dar el examen. Y me parece que este año tienen que repensarlo y darlo de vuelta, porque más allá de todas las promesas que hubo, de que el primer semestre llovían inversiones, y en el segundo la economía explotaba, lo cierto es que hasta ahora más bien estamos viendo lo contrario. Durante este año siguió cayendo el consumo, la producción, el trabajo, el conjunto de la economía no ha logrado aún despegar, y si bien es cierto que la economía al 10 de diciembre tenía problemas, también creo que es indiscutible que esos problemas se han agravado.

- En este contexto se da el primer recambio ministerial, ¿cómo interpreta la salida de Prat-Gay?

- Yo creo que por más que quieran ocultarlo con cuestiones personales, en términos concretos es un reconocimiento de que la economía no está bien. Nadie cambia un ministro de Economía si la economía funciona, por lo cual es reconocer que están con problemas. Problemas que el Gobierno no puede adjudicarle simplemente a Prat-Gay, porque era simplemente el ministro de Hacienda y Finanzas, sino de todo el esquema económico, y creo que están usando su salida para tapar un poco esos problemas, que él se vaya un poco como chivo expiatorio, y esperar que la cuestión mejore. Todos esperamos que esto ocurra, obviamente como opositores tenemos una visión muy distinta a la del Gobierno, pero queremos que al país le vaya bien. Lo que nos parece es que con estas políticas que se vienen implementando es difícil lograr que haya un verdadero crecimiento y sobre todo una inclusión social.

- ¿Qué balance hace de este año legislativo, prácticamente inédito a juzgar por la relación de fuerzas?

- Claro, es la primera vez en mucho tiempo en la historia argentina que un partido de gobierno tiene un porcentaje tan pequeño en las cámaras. Es lo que los polítólogos llamamos en términos académicos un gobierno dividido: la gente elige un partido para el Ejecutivo y un partido distinto para ambas cámaras. Y bueno, tuvo cada uno que acostumbrarse a la discusión parlamentaria y aceptar que nadie puede imponer algo, porque sabe que se va a chocar contra la realidad; y si todos nos ponemos en una posición extrema, no habría leyes en la Argentina y no sería bueno para nadie; con lo cual creo que, obligados o no, todos los actores nos vimos llevados a consensuar leyes. Y creo que ha sido un año de mucha discusión, mucha producción, y creo que en ese espacio de diálogo que se fue formando crecimos todos.

- El presidente de su bloque le sugirió varias veces a Macri un pacto de gobernabilidad. ¿Por qué cree que el Presidente lo desechó?

- La verdad que no se termina de entender, porque cuando uno habla de un acuerdo de gobernabilidad no es ponernos de acuerdo del todo, obviamente, porque tenemos diferencias políticas, pero sí buscar 3, 4, 5 grandes temas que podamos trabajar en conjunto y quitarlo de la disputa partidaria. Temas como el narcotráfico, la inseguridad, cuidar el empleo, debieran estar con un acuerdo nacional, que entren también los sindicatos, los empresarios, y creo que nos haría bien a todos. Me parece que muchas veces el Gobierno -si bien termina negociando- no quiere mostrar que negocia. A veces quieren mostrarse como algo distinto a la política; y sobre todo cuando un gobierno es minoría tiene que acostumbrarse a hacer política, y eso es discutir, consensuar y llegar a acuerdos.

- ¿El bloque PJ-FpV termina el año al borde de la fractura?

- No, no, este bloque del Senado tiene la particularidad de que no solo somos el bloque más grande, sino que somos el bloque hegemónico, digámoslo así, y a diferencia de lo que ocurrió con el bloque nuestro de diputados nacionales, que se fracturó, y ni hablar de lo que nos ocurrió en Senadores y Diputados de la provincia de Buenos Aires, acá logramos mantener la unidad. Esa es una tarea muy difícil, porque hay que contener visiones muy distintas, pero creo que al hacerlo logramos tener un espacio de centralidad importante. La emergencia laboral en abril fue producto de este bloque del Senado, más allá de que el presidente la haya vetado, pero fue un hecho político; la emergencia social, que logramos sacar con el 80% de los votos en esta Cámara. Es decir que consensuando, aceptando las distintas visiones, votando muchas veces separados, hemos logrado mantener un bloque que hace una tarea importante para el conjunto del peronismo.

- Muchos destacan la autocrítica que hizo días pasados durante el debate por Ganancias, y no es la primera vez que admite errores del kirchnerismo. Hace algún tiempo había señalado como error serio que se hayan cerrado “muy hacia adentro, sin entender mucho las críticas”. Eso valió para que le cayeran a usted con todo... ¿Por qué le cuesta tanto al kirchnerismo ser autocrítico?

- Mucho no se entiende... Muchas veces no se termina de entender que si estamos hablando de un proceso político de 12 años, es evidente que se cometieron errores. Y obviamente cuando uno pierde una elección, algo bien no hizo, sino seguiríamos gobernando la Argentina y la Provincia. Dado que esto no ocurrió, es obvio que cometimos errores y yo creo, a la inversa de lo que piensan muchos compañeros, que para poder reivindicar todas las buenas cosas que hicimos en la Argentina, también hay que reconocer los errores que cometimos. Una forma de poner en valor lo que hicimos es reconociendo aquellas cosas que hicimos mal, porque sino nos volvemos poco creíbles para la gente. Que yo hable de Ganancias y acuse al Gobierno de ser demasiado egoísta en eso, cuando durante 12 años mucho no hicimos al respecto... Si no partimos de reconocer nuestros errores, es difícil que la población vuelva a confiar en nosotros.

- ¿Esa es la razón por la cual el kirchnerismo hoy esté casi reducido a expresiones testimoniales?

- No, son cosas distintas. Hay una expresión política que es muy relevante, que es la palabra de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que sigue teniendo un apoyo popular muy sólido, porque la gente ve las cosas que consiguió y pudo lograr en su mandato, y sí hay algunas expresiones políticas de ese sector, incluso algunas que son bastante minoritarias, y quizá muchos militantes enojados que se ponen en posiciones que creo no son útiles para el debate en el conjunto. Después de una derrota, lo que tenemos que hacer es buscar la unidad del peronismo y sumar; si uno después de una derrota se dedica a restar, va a seguir perdiendo. La única forma de recuperar la mayoría política y social que tuvimos en la Argentina es sumando a muchos que quizá se separaron de nosotros por algunas cuestiones en su momento, pero con los que compartimos una misma idea de lo que tiene que ser el Estado, lo que tiene que ser la industria, el empleo. Siempre digo que en política es importante qué nos une hacia el futuro, no tanto qué nos separa hacia atrás.

- ¿Qué papel le asigna a Cristina en la política en adelante?

- Eso lo va a tener que definir ella, yo no soy quién para decirle a la expresidenta con su talla y volumen político qué es lo que tiene que hacer. Sin duda es una figura central de la política argentina y obviamente de la oposición, y es importante toda su prédica, así que va a ser un poco el proceso político el que lo vaya definiendo.

- ¿Y cree que va a ser candidata?

- Eso no lo se, y también es una definición de ella. Yo me acuerdo que la primera ley que como senador me tocó votar fue la del Parlasur, y todos me decían “seguro que este es un invento de Cristina para conseguir fueros”... Yo les aseguraba que no, que jamás Cristina va a ocupar un lugar que no creyera que corresponde hacerlo.

- ¿Cuánto se juega el Gobierno en estas elecciones?

- A veces uno ve al Gobierno mucho más interesado en las elecciones que en la gestión. Creo que hay una diferencia con nosotros, al peronismo en general nos gusta la gestión y no tanto lo electoral; yo creo que este gobierno está todavía muy orientado a una estrategia mucho más de marketing, que era lógica cuando uno gobierna un lugar fácil como la Ciudad de Buenos Aires, que es una municipalidad rica y con mucho recurso, y a veces uno ve que el Gobierno piensa mucho más de lo que correspondería en términos electorales. Y finalmente una elección es un resultado de muchas cosas, y yo creo que va a depender básicamente de dos: si nosotros seguimos peleándonos entre nosotros y vamos divididos, el Gobierno va a ganar por definición, y si el Gobierno logra que la economía funcione mucho mejor, va a tener mucho más apoyo. Entonces a veces me parece que pone el carro delante de los caballos, y piensa más qué le conviene en términos electorales que en gobernar.

- ¿Está en riesgo la gobernabilidad si pierde?

- No, en absoluto, y creo que lo hemos demostrado por lo que hablamos al principio. Un bloque gigantesco como es el del Senado, y en cuestiones que tienen que ver con la gobernabilidad discutimos, como ocurrió con el Presupuesto, pero creo que en esas discusiones crecemos todos. No hay que entender la gobernabilidad como que solo se construye cuando uno tiene mayoría, porque uno puede tenerla, pero si gobierna mal se terminó la gobernabilidad, y gobierna bien, con mayoría o minoría, la gente lo va a valorar.

- ¿Le sorprendió la manera como terminó resolviéndose el tema de la Emergencia Social?

- No, de nuevo: yo creo que la pensaron más desde la política electoral, cómo la oposición nos va a ganar esta batalla... Una vez que se sentaron a una mesa, y sobre todo quiero destacar el rol que tuvo la ministra Carolina Stanley, que desde el principio entendió que no era ningún disparate ni nada de lo que decía el Gobierno: se llamó a silencio, se sentó a una mesa a negociar con los actores sociales y logramos una ley que es buena para todos, y que ayuda a millones de bonaerenses en lo concreto a pasar mejor estas fiestas, ganar un poquito más y tener una expectativa a futuro de tener un salario social complementario.

- ¿Y por qué el kirchnerismo no aprobó algo así?

- Se había empezado en su momento el programa Ingreso Social con Trabajo, que es un poco el germen que ahora se va a ampliar... A mí me han criticado mucho con esto, pero nosotros, en los 12 años de gobierno, no terminamos de entender lo que era el fenómeno de la pobreza estructural. Seguíamos pensando que con crecimiento y con mayores políticas de igualdad social se solucionaba. Y el mundo ya no genera tantas fuentes de trabajo, ni siquiera los países más desarrollados. El otro día leía una nota que contaba un debate parecido que se está dando... va a parecer un disparate, pero en Finlandia, con la crisis de Nokia, están discutiendo cómo hacemos con procesos como la robotización, la automatización, impresoras 3D, la verdad que nuestras sociedades cada vez generan menos espacios de trabajo formales. Y bueno, seguir pensando solo que se los va a generar, me parece que deja a muchos argentinos y argentinas afuera de esto. Y de alguna manera a nosotros nos costó... Nosotros nos pasamos hablando de los 5 millones de puestos de trabajo, y al principio en el gobierno de Néstor se crearon casi todos, y después nos fue costando cada vez más. Tendríamos que haber pensado este fenómeno de una manera más profunda.

- ¿Qué piensa de expresiones como las de Emilio Monzó, de sumar peronistas a Cambiemos?

- En primer lugar, lo dice porque él es peronista, y lo ve como una cuestión importante, pero yo no creo que sirva pensar en clave de sumar individuos a un proyecto, porque con todo lo que nosotros hacemos porque la Argentina funcione bien, básicamente para que eso suceda tiene que haber un oficialismo fuerte y una oposición fuerte. Entonces la primera tarea del peronismo tiene que ser fortalecerse como una oposición obviamente comprometida con el país, una oposición seria, que trabaje de verdad, que se defina contraria a las políticas del Gobierno, así funciona el mundo. Y me parece que lo que mejor que le vendría a la Argentina es que se consolide lo que es el Pro con sus aliados como una alternativa, y nosotros desde el peronismo reconstruir una mayoría que le ofrezca a la sociedad una mirada distinta de cómo funcionan estas cosas.

- Hablaba recién de que un peronismo dividido puede perder. ¿Qué papel le asigna a Sergio Massa en este contexto?

- Yo voy a ser más fuerte todavía: creo que todos los sectores coincidimos, y si escuchás a las expresiones económicas del Frente Renovador, Lavagna padre, Lavagna hijo, Felipe Solá, todos coincidimos en una determinada mirada de cuidar el empleo nacional, de cuidar la industria, una mirada distinta a la del Gobierno en términos centrales de cómo se construye la política económica. Todos esos sectores deberíamos estar juntos. Obviamente no es sencillo: hay personalidades, hay trayectorias, hay egos. Pero todo ese espacio político, que no hace demasiado estuvo junto, tiene que volver a estar junto a futuro, mirando hacia adelante, superando discusiones y poniendo por delante un modelo de país.

Para hacerlo, Sergio Massa tiene que definirse; este año él ha estado yendo y volviendo de la oposición al oficialismo... Mientras siga en esa posición extraña, es difícil que pueda construir una alternativa con nosotros. Si él definitivamente se da cuenta que tiene que ser coherente con lo que sostiene y plantarse en la oposición, ahí sí podría ser parte de un esquema más amplio.

- Ustedes también en el Senado han estado cerca del Gobierno...

- No, es distinto. Nosotros hemos entrado en discusiones, hay cuestiones que tienen que ver con la cuestión de los gobiernos provinciales, pero siempre nos plantamos claramente como oposición. Reitero, una oposición que no quiere que la Argentina explote. Desde principios de año, discutiendo o acordando cosas con el gobierno, siempre señalamos nuestro rol de oposición. En el caso del massismo fue menos claro: a veces parecía ser parte del gobierno y a veces parecía opositor. Y eso lo llevó a que Macri lo acusara no se de qué cosa en los medios…

- ¿Por qué fracasó la reforma electoral?

- Muchos aspectos… El proyecto que nos llegó a nosotros de la Cámara de Diputados era muy malo, por una serie de aspectos. Por ejemplo, no tenía plan de contingencia; no tenía un plan B. Si aprobábamos eso como vino de Diputados y se aplicaba, si la auditoría que la misma ley decía que había que hacer para ver si el sistema era seguro, salía negativa, la Cámara Nacional Electoral se iba a ver forzada a votar con un sistema que no se sabía si era seguro, o no votar en la Argentina, porque se derogaba toda la legislación anterior. Es un ejemplo más extremo, pero había un montón de problemas. Y aparte también se generó a lo largo de la discusión en Diputados, pero sobre todo en el Senado, muchas sospechas del funcionamiento de los famosos chips. Acá mismo vinieron a la comisión técnicos especialistas que nos mostraron que el chip era muy inseguro. Y un sistema electoral, más allá de ser ágil, moderno, la principal característica que debe tener es que sea confiable para todos. Si una parte de la población cree que un sistema es inseguro, si un elector cuando va a votar no sabe si alguien le puede mirar el voto, ese no es un buen sistema electoral. Y esa discusión se dio porque el Gobierno definió así; estuvo seis meses antes de mandar el proyecto, cuatro meses en Diputados, y se quería en un solo mes sacar del Senado… Bueno, eso es lo que terminó finalmente fracasando. Yo presenté un proyecto que consideraba superior, que estoy seguro que si hubiéramos tenido tiempo para discutir, más o menos se hubiera podido cerrar algo como lo que yo decía, que era muy simple: impresión electrónica del voto y conteo manual. Entonces ahí terminábamos con el tema del faltante de boletas, el robo de boletas, pero tampoco hay problema de hackeo informático, ni nada por el estilo. Pero no hubo tiempo, porque el propio Gobierno fijó los tiempos para poder dar una decisión madura.

- Pero los tiempos los manejó acá un senador con decididas intenciones de no aprobarlo…

- A ver, el presidente de la comisión (de Asuntos Constitucionales, Marcelo Fuentes), no estaba de acuerdo con el proyecto, pero nos llegó acá a principios de noviembre, y las sesiones ordinarias terminaban el 30. O sea, cuatro meses discutiendo en la Cámara de Diputados, que es muy variada en lo político ideológico, pero en el Senado están las expresiones provinciales, que es otra cuestión importante. Y creer que esa cuestión se podía saldar en un mes, me parece que se pecó de ingenuidad.

- ¿Y el año que viene se podría llegar a acordar?

- Se podría acordar, obviamente no para esta elección, porque hay una regla que obviamente hace que uno no pueda cambiar una regla electoral en un año electoral, pero sí para 2019, sin ninguna duda. Yo creo que tendríamos que hacerlo, porque cuanto más lejos de la elección que se considere, mejor. Y si podemos discutir el año que viene para 2019, mucho mejor, porque hay más tiempo para aprobar las cosas, tener certezas, tranquilidad, y eso nos va a dar un buen tiempo.

- El peronismo es de encolumnarse detrás de un líder, que probablemente surja en 2017...

- Puede ser que sí, puede ser que no. El peronismo se va a encolumnar detrás de alguien que le muestre a la ciudadanía que puede generar una nueva mayoría política, que puede expresar un futuro expresando las banderas del peronismo hacia adelante. ¿Cuándo va a ser eso? Bueno, eso lo va a ir delineando el proceso político. Puede ser en la elección, pero también puede no serlo. Y también el resultado de una elección, volviendo a lo que nos toca en la provincia de Buenos Aires, si bien el resultado ahí es central, pero tampoco determina el resto de las provincias argentinas. Recordemos la renovación Cafiero y después el presidente no fue Antonio, lamentablemente.

- ¿Y en la provincia el peronismo puede llegar a tener tres expresiones?

- Y... lamentablemente hoy sí... Yo aspiro a que no, que tengamos la madurez, la sensatez y la inteligencia suficientes para por ejemplo utilizar las PASO, poder construir la unidad. Reitero: todo oficialismo quiere tener una oposición dividida, y está bien que el oficialismo lo haga. Lo tonto es que la oposición haga lo mismo.