Parlamentario
China, lo que nadie dice
Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional advierte sobre la falta de derechos humanos en China, pero sobre todo remarca la desigual relación en materia económica con el gigante asiático.
17 de mayo de 2017
El país chino donde hoy el planeta posa sus ojos, compra al mundo más de US$ 400 mil millones al año, y que cada día nace una ciudad nueva, o lo que es igual, 44 mil nacimientos cada 24 horas. Es una Nación Comunista de más de 1.300 millones de habitantes y desde que entró a la Organización Mundial del Comercio (OMC) empezó a abrirse y quiere más exportaciones de sus sectores de bajísimo costo laboral: textiles, juguetes, electrodomésticos, etc.

Recibió el reconocimiento de que su “socialismo de mercado”, que continúa bajo estricto control estatal y cambiario, sería una “economía de mercado”, que es la forma de organizar las actividades económicas en la que se prescinde de toda planificación y de control impuesto por las autoridades estatales. Es el sistema que respeta ciertas reglas de juego, claras y simples. Seguridad jurídica, apertura económica, libertad de contratar, comprar y vender. Los salarios, altos medianos o bajos, son razonables y determinados por el funcionamiento del mercado. El país de Mao TseTung no cumple con estas premisas básicas y son pocos los países, exceptuando Australia, Nueva Zelanda y ahora Brasil, Argentina y Chile, que le reconocen la “economía de mercado”.

Lo extraño es que, en el plano económico, pocas voces se levantaron para advertir sobre el engaño que está siendo montado por China para transformar a toda América Latina en un gigantesco proveedor de materias primas.

Igualmente en el terreno de los derechos humanos, no fue objeto de críticas por las violaciones institucionales de derechos humanos que se cometen, como la dictadura de partido único, inexistencia de un poder judicial autónomo, trabajo semi-esclavo, uso de la psiquiatría contra los opositores, control de la prensa, incluyendo la censura de la Internet, dieciséis periodistas detenidos por el único delito de "...informar a la opinión pública”, suspensión del sufragio universal en Hong Kong por otros 8 años, etc.

Por último, a pesar de que en China los católicos fieles a Roma son perseguidos y encarcelados, las autoridades de la Iglesia católica en los países visitados, tampoco han emitido opinión alguna sobre la represión religiosa,

Si bien es cierto que los países no tienen ideologías, sino intereses nacionales, es inexplicable este silencio enigmático de gobiernos, de organizaciones humanitarias, de medios de comunicación, de líderes políticos y de autoridades católicas de los países visitados por China, pero lo más preocupante, es el total desconocimiento de los gobernantes que el enemigo verdadero e implacable del desarrollo de un país, es el trueque de materias primas por productos elaborados.

Hay un bíblico mandamiento en el que Dios, no nos mandó amar al prójimo más que como a nosotros mismos, sino amar al prójimo “como a nosotros mismos”. Los países deben recibir con toda cordialidad aquello que viene de afuera y puedan favorecerlos, pero no destruir la propia nacionalidad, la propia cultura, y la propia economía en aras de una apertura total de la economía.