Preocupa mucho el brusco freno del crecimiento
Por José Angel Di Mauro

Cero coma seis parece ser un número emblemático para los tiempos que corren. Pero por repetido, no deja de ser negativo, aunque no lo anteceda el signo menos. 0,6 fue la muy leve expansión que registró la actividad de la construcción en el primer cuatrimestre. Lo dijimos a principios de mes, cuando los números del INDEC revelaron una caída en ese rubro del 3,8% en abril, que ha pasado a ser el mes del punto de inflexión, en el que el frío de la crisis comenzó a percibirse claramente en la mayoría de los rubros.

Cuando hicimos notar esos números, advertimos sobre las luces de alarma que encendían en el gobierno semejante merma en un rubro como el de la construcción, que aportó al crecimiento nada menos que diez puntos el año pasado. Curiosamente -o no tanto- esa cifra se replicó en el nivel de crecimiento de abril: 0,6. Todo un dato que revela el brusco freno de la economía. La crisis ya llegó.

Fríos como son, los números comparativos muestran la magnitud del parate. La economía comenzó a caer inmediatamente después de las elecciones de octubre, el último mes de crecimiento a tasas chinas: 9%. En noviembre, justo cuando la Presidenta comenzó a hablar de “sintonía fina”, el crecimiento fue de un nada despreciable 7,6, pero marcaba ya el inicio de un declive que se confirmó el último mes del año, con 5,5.

Enero y febrero tuvieron números parejos, pero que confirmaron la paulatina desaceleración, con 5,5 y 5,2 puntos respectivamente, para registrar otro salto en marzo, que marcó sólo un 4%. El 0,6 de abril expresa un muy brusco freno que en términos concretos revela un estancamiento de la economía que nos remite a mediados de 2009, cuando el crecimiento se desmoronó. En mayo de ese año, producto de la crisis internacional y lo que aquí había sido la pelea con el campo, el crecimiento fue cero, frenando una serie de 77 meses consecutivos de crecimiento interanual.

Cabe destacar que la inflación era entonces la mitad de la que hoy miden los privados. El cuadro al que se asoma la Argentina es el que el denostado Domingo Cavallo llama “estanflación”: estancamiento con inflación. Suficiente para estar muy preocupados.

Resultó novedoso en ese contexto que Guillermo Moreno reconociera esta semana que la inflación “es alta”, aunque garantizó que “ya va a bajar”. Y recordó que “peor es la deflación”, de la que los argentinos tenemos memoria por 2000 y 2001. Por cierto, no estamos cerca de ese cuadro.

El gobierno respondió a la crisis con un ambicioso programa de construcción de viviendas que arrancó con ciertas contradicciones, pues no quedó claro si el mismo comprendía 100 o 400 mil viviendas. La Presidenta aclaró en su cuenta de Twitter que son 400 mil, en cuatro años, aunque la ANSeS indica en las características del plan expuestas en su página web que se trata de 100.000 viviendas que beneficiarán a 400.000 personas. Con todo, son muchas casas con las que el gobierno quiere mantener activa la construcción y, sobre todo, elevado el optimismo.

Inmediatamente después de presentado el plan Pro.Cre.Ar, la Presidenta emprendió viaje a Estados Unidos, donde tras su exposición en el Consejo de Descolonización de la ONU se ocupó de tratar de seducir a los empresarios norteamericanos, ante los que defendió las políticas de su gobierno, ponderó las posibilidades que da la Argentina para invertir y justificó el cepo al dólar reiterando aquello de que nuestro país no imprime esa moneda. Se sabe de su mayor interés por conseguir inversores para YPF, y en ese marco sonó como música para sus oídos la noticia -conocida el día anterior a su exposición en el Consejo de las Américas- del ingreso del megamillonario Carlos Slim a YPF. El mexicano se quedó con el 8,4% de las acciones de los desplazados Eskenazi, aunque en la práctica no se trató de una inyección inversora para la compañía, sino de un negocio por el cual Slim accedió al 8,4% pagando “apenas” 50 millones de dólares a uno de los bancos que tenía los documentos que el Grupo Petersen no pudo levantar.

Igual, fue una buena noticia que se reflejó en la cotización de la petrolera al día siguiente, ya que el mercado temía que los bancos que se habían quedado con el control de la parte de Eskenazi salieran a rematar esas acciones.

En su exposición ante el Consejo de las Américas, la Presidenta dejó a muchos conformes, aunque no consiguió apaciguar ciertas dudas. Para la búsqueda de inversores para YPF, que será una tarea que se emprenderá próximamente en el marco de un road show que anticipó la propia Cristina, conviene tener en cuenta que los empresarios petroleros si bien están acostumbrados a lidiar en terrenos mucho más hostiles que el que podrían encontrar en nuestro país, exigen ciertas garantías que hoy el gobierno es reticente a conceder.

A diferencia de su esposo, la Presidenta se siente a gusto en el exterior y la espera esta semana la cita que más disfruta: la reunión del G20. Estará en Los Cabos, México, donde en esta oportunidad sabe que no encontrará la cordialidad y halagos de los que disfrutó durante el último encuentro, celebrado en Cannes, cuando incluso se reunió con Obama a pedido del presidente norteamericano. Fue en noviembre pasado y acababa de arrasar en las elecciones nacionales; hoy muchas voces reclaman el apartamiento de nuestro país de ese organismo, cosa que ni siquiera se tratará oficialmente. La crisis internacional exige toda la atención y no es el mejor antecedente para el tipo de reclamos que podrán hacerse contra la Argentina, cuya presidenta precisamente centrará sus discursos en ese tema, poniendo a nuestro país como víctima de las políticas que hoy conducen por camino de cornisa a naciones del Primer Mundo, y al “modelo” como ejemplo para encontrar una salida.

Será interesante ver qué lugar le reservan a Cristina en la foto final de los presidentes; el año pasado apareció en primera fila, a la derecha del presidente chino Hu Jintao.

También se encuentra en el exterior el gobernador Daniel Scioli, quien sigue dando señales de vuelo propio, aunque las estrecheces económicas de la Provincia enmarquen su relación de dependencia del poder central. Se reunió días pasados con Roberto Lavagna, con quien intercambió puntos de vista de la realidad económica. El encuentro fue reservado y fuentes consultadas señalaron a este medio que el gobernador fue más lo que escuchó que lo que habló. El ex ministro de Economía de Duhalde y Kirchner publicaría luego una columna con términos muy duros hacia la política económica y hablando de la posibilidad de un rodrigazo.

Scioli jugó luego un partido de fútbol con el equipo de los camioneros, gremio que acaba de enfrascarse en un duro plan de lucha que ya quita el sueño en la Rosada, y después del match dialogó en forma reservada con Hugo Moyano y su hijo Pablo.

Dos días después, el gobernador volvió a jugar al fútbol, ya no en La Ñata, sino en Fuerte Apache, contra un equipo de Carlos Tévez. Empataron 5 a 5 y Scioli le entregó la copa al ex astro de Boca, junto a quien repartió luego material deportivo para clubes de la zona. La imagen del gobernador, según las últimas encuestas, sigue siendo elevada

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