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Lunes 20 de noviembre de 2017
OPINIÓN
El valor pedagógico para los argentinos de la catástrofe venezolana
Por Diego Mestre. El diputado reclama que la OEA envíe un mensaje firme ante la crisis en Venezuela y recuerda el estrecho alineamiento que ese país tenía hasta hace poco con el nuestro.
19 de abril de 2017
Los hermanos venezolanos son víctimas de los delirios de un megalómano enceguecido de poder que no puede ver con claridad el sufrimiento al que ha llevado a su pueblo. Lo único que necesitaba el régimen de Maduro para certificar su profundo espíritu totalitario era anular la Asamblea Nacional, matar manifestantes y prohibir a Henrique Capriles ocupar un cargo público por 15 años (después de encarcelar al líder Leopoldo López desde 2014). Llama la atención, además, que los gobernadores no hayan llamado a elecciones, prorrogando sus mandatos de manera ilegítima. Lo que siempre advertimos quienes descreemos de esta degeneración que se vende como socialismo, está a la vista.

Es el momento de que los países parte de la Organización de Estados Americanos envíen su mensaje firme, invocando la Carta Democrática Interamericana para sancionar a Venezuela por la aberrante ruptura del orden democrático en la que el gobierno se ha vuelto en contra de sus ciudadanos. La dictadura de Maduro no duda en encarcelar a disidentes y hasta asesinar, como en las páginas macabras de la historia del mundo.

Esto pasa en un país que hasta hace poco se encontraba estrechamente alineado con el gobierno kirchnerista. Algunas facciones de este grupo que forma parte del pasado argentino están deseando profundamente el colapso de las instituciones democráticas y el fracaso de este gobierno. Cambiemos está desactivando, sin pausa, el campo minado de abusos de fondos públicos, desidia y corrupción.

Venezuela es un país que debería tener una economía sólida, calidad de vida aceptable, estabilidad y paz. Un país que debería estar elevando sus índices de desarrollo año tras año y planeando estratégicamente un brillante futuro. ¿Qué tienen en cambio los venezolanos? Desabastecimiento, 25% de desocupación, un éxodo de refugiados que prefieren abandonar sus raíces y sus seres queridos y emigrar a cualquier lugar antes de soportar los flagelos del socialismo demagógico populista que acaba con los sueños de todos. Desde 2013, la inflación se acumula en más de 3000% (si todo sigue igual, el FMI vaticinó que 2018 tendrá una inflación de 2000%), el salario real de los trabajadores se licuó en proporción, las reservas se evaporaron y el PBI perdió el 20% de valor. Lo que antes era un promisorio país productor de petróleo, con todo el potencial que implica tener 65.000 millones de barriles en sus reservas, ahora es un polvorín que en cualquier momento vuela en pedazos, al borde de una guerra civil, con un gobierno sostenido solo por la voluntad de una Corte Suprema adicta que solo sirve para frenar cualquier ley que venga de la oposición. También hay un drenaje de cerebros y talentos que fluyen hacia mejores destinos. ¡Esta es la flor que nació de la semilla que sembró el histriónico Hugo Chávez! Esta es la paz y el progreso que prometió, mientras su familia se enriquecía más allá de la imaginación más fértil (su hija María Gabriela es la persona más rica de Venezuela con una fortuna estimada en 4.100 millones de dólares).

Mientras, los venezolanos viven en una crisis alimentaria, con un racionamiento de productos como el aceite, el arroz o la leche, que llega al 43% de los hogares. Según la fundación BENGOA, la desnutrición llega al 25%. 28 muertes al día por desnutrición en un país de 30 millones de habitantes. El chavismo y su heredero gobiernan desde 1999. Casi dos décadas a cargo de los destinos del país. Y ante toda esta pesadilla que vive el pueblo venezolano, sacan el truco más raído, simplista y mentiroso que tienen estos tiranuelos: echarle la culpa a la derecha.

Mientras, tiran a la basura el esfuerzo de años de toda una nación trabajadora e invierten las recaudaciones en populismo, proselitismo y auto glorificación; en la creación, sostén y eternización de un relato, y cuando ven a su propia gente ardiendo en llamas, le echan la culpa al fósforo y no a la mano que lo enciende.

Este ejemplo venezolano tiene una riqueza pedagógica para los argentinos, que estuvimos al borde de tomar esa misma ruta de destrucción, parálisis e idolatría a símbolos impuestos por una maquinaria propagandística de dimensiones colosales. Durante doce años, los argentinos hemos sido testigos del crecimiento desmedido de un Estado poblado de militantes que llegaron a la función pública a colonizar ideológicamente y no a servir al pueblo argentino. El kirchnerismo fue lo que es Venezuela: la Nación al servicio del estado y no al revés. El Gobierno yendo por todo, creando división, rencor y manipulando a los ciudadanos. Eso ya pasó, aunque es bueno recordarlo.

Debemos ayudar a los ciudadanos venezolanos que se encuentran hambreados, a los encarcelados, a los políticos torturados y los que sufren la condena de ese régimen que esperamos ver caer pronto para que florezca la verdadera democracia en la tierra de nuestros hermanos.