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Martes 17 de octubre de 2017
OPINIÓN
Una ley que ayudará al bolsillo del usuario evitando el consumo pasivo de gas en el hogar
Por Pamela Verasay. La senadora nacional por Mendoza remarca la necesidad de modernizar los hábitos de consumo de energía en el país y reducir el impacto en el medioambiente.
19 de mayo de 2017
En 1977 YPF descubrió el Yacimiento de Loma de Lata. Desde ese momento en nuestro país el gas fue más abundante que el petróleo y empezó un cambio de consumo. Existen muchas ventajas en este cambio, ambientales y de eficiencia.

Así fue como el gas pasó a ser el combustible más utilizado. Argentina se convirtió en mayor consumidor de gas de América del Sur y durante los años 80 se realizaron grandes cambios que permitieron aprovechar esta disponibilidad.

Ya en la década de los 90 se tomó la decisión de exportar gas natural a Chile, como producto primario sin valor agregado y sin el correspondiente plan de exploración para descubrir nuevas reservas que permitieran sostener y proyectar en el tiempo el consumo y la exportación. Con el gran yacimiento alcanzando su pico de producción, que llegó a ser el 20% de la producción nacional, el virtual abandono de la exploración y el ritmo sostenido de crecimiento del consumo nos fue convirtiendo en un país netamente importador. Para tener una dimensión en 2004 la Argentina importaba energía por 483 millones de dólares, una década después esa cifra era de 10.142 millones de dólares.

Sin embargo, luego de la declinación de los yacimientos tradicionales y una década perdida en materia de abastecimiento energético y exploración, nuevas tecnologías sobre pozos maduros y las explotaciones no convencionales nos permiten ser optimistas en cuanto al futuro de las reservas de gas argentinas.

Esto no es historia, esto es una breve explicación de cómo los relatos se disocian de la realidad y frases como “década ganada” son “mucho ruido y pocas nueces”.

Hasta aquí hemos hablado de la disponibilidad de combustible gaseoso y cómo podemos recuperar la capacidad productora del país. La otra cara de la moneda es el consumo.

El consumo responsable de energía es fundamental y lo es particularmente en esta época donde a la vista aparece el horizonte de las energías limpias de uso masivo. Este es un compromiso como habitantes del planeta que nuestras futuras generaciones heredarán. También el consumo responsable tiene un fuerte impacto económico mientras nuevos recursos quedan disponibles para la explotación.

Por estos fuertes argumentos nos ocupamos del consumo pasivo de gas. Esto significa aplicar tecnologías disponibles para eliminar consumos que no generan ningún beneficio. Cuando uno ve la llama del piloto del calefón o termotanque quemando gas 24 horas al día, todos los días puede entender eso como un derroche económico y ambiental.

Argentina ha ratificado el Acuerdo de París, entre sus objetivos establece que todos los firmantes deben realizar y comunicar sus ambiciosos esfuerzos que contribuyan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel nacional. Y en este sentido hacemos este proyecto que procura remplazar esta forma de mantener el sistema de encendido por otras tecnologías.

Tal vez pueda parecer pequeño visto desde un hogar, pero cuando se proyecta por el consumo de todos los usuarios del país, podemos afirmar que este uso “quema” la mitad del gas que importamos de Bolivia. Por eso es tan importante el consumo eficiente como una política que permita al país recomponer sus reservas.

En esto estamos comprometidos. La reducción de consumos pasivos beneficiará al país como importador y también al usuario, disminuyendo su tarifa, un juego en el que todos ganamos. La forma más eficiente de calentar el agua tiene relevancia ambiental, económica y social, por eso queremos incentivar nuevas tecnologías que puedan sustituir o minimizar este consumo.

Junto con grandes políticas de desarrollo energético soluciones sencillas para evolucionar.