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Domingo 23 de julio de 2017
OPINIÓN
Cristina nunca pensó en usar las PASO que ella misma impulsó
Por José Angel Di Mauro. Paradojas del destino, la presidenta que impulsó la ley de las PASO y el ministro que las desarrolló confrontan por su utilización. Una no quiere, el otro sí; una tiene las de ganar, el otro cree que gana aun perdiendo.
11 de junio de 2017
Tras la inesperada -para el kirchnerismo- derrota legislativa de 2009, la primera reacción de Néstor Kirchner fue instruir a su ministro del Interior para convocar a todos los partidos a una suerte de diálogo político. Maestros en el arte de generar relatos, pero también montar escenarios especiales según la ocasión, los Kirchner no perdieron tiempo y salieron a recuperar el centro de la escena y el manejo de la agenda. Por eso tal convocatoria, que no era para sentar a los líderes de la oposición delante de la Presidenta de la Nación, sino precisamente con el funcionario que los convocaba, Florencio Randazzo.

En efecto, semejante llamado era toda una novedad en la era K, y los partidos mostraron en consecuencia buena disposición. Salvo Elisa Carrió, que acababa de hacer una aceptable elección asociada con el radicalismo en el Acuerdo Cívico y Social, pero expuso sus reparos frente a la invitación, argumentando que “el lugar de debate, discusión y eventual consenso sobre la política económica, social, productiva y de reforma de los partidos políticos es el Parlamento. Por tanto, es allí adonde debe dirigirse el ministro si desea dialogar con las fuerzas parlamentarias”. No fue y fue el principio de la disolución de su sociedad con los radicales y Margarita Stolbizer.

Pero los encuentros con Randazzo no derivaron en el diálogo político, sino en una promesa de reforma electoral, que en definitiva fue la respuesta del kirchnerismo a su derrota en las urnas. Del proyecto que emergió finalmente y se transformó en ley, surgieron reglas tales como el drástico acortamiento de los tiempos de campaña y normas estrictas sobre la difusión de avisos de los candidatos, medidas todas que afectaban a la oposición y, en este último caso, a políticos ricos como Francisco de Narváez. Pensando en eso, el resto de la oposición lo votó de buen grado. Pero el resultado principal de esa reforma electoral fue sin duda la creación de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), que el kirchnerismo ideó sobre todo para encorsetar a los candidatos, evitando las candidaturas múltiples y limitándolos con suficiente tiempo de antelación a competir para un único puesto determinado, y no poder siquiera sumarse al ganador en caso de ser derrotado en agosto.

En lo que menos pensó el kirchnerismo al elaborar las PASO fue en usarlas para competir con adversarios internos. Recordemos que por entonces vivía Néstor Kirchner y por tanto la sucesión quedaba limitada a una alternancia matrimonial. Y queda claro ahora que Cristina es desafiada por primera vez desde adentro, más allá de tener todas las de ganar. La paradoja es que quien encabece ese desafío sea precisamente el hombre al que los Kirchner encomendaron elaborar esa ley y pretenda instrumentarla con ella. Su ministro durante 8 años, como dijo Cristina en su show de C5N, cuando dejó claro así que no se “rebajaría” a dirimir fuerzas con él; “su empleado”, según el concepto del intendente ultra K Jorge Ferraresi, más drástico y descarnado contra Randazzo.

El exministro respondió del modo elíptico que lo viene haciendo desde que decidió volver al ruedo, con una curiosa estrategia en la que no se le escucha la voz de manera directa, sino a través de breves citas subidas a las redes sociales. Protagonizó así un curioso “lanzamiento” de campaña… a puertas cerradas. Donde se cuidó de no criticar a sus adversarios internos, sí al gobierno nacional, que es gratis. A su ¿ex? jefa, le dedicó nada menos que el nombre del espacio en el que se embarca en esta carrera hacia octubre: “Cumplir, el valor de la palabra”. Es el reproche que desde junio de 2015 -cuando descubrió que la entonces Presidenta tomaba partido por su rival- le hace a ella. Y es lo que considera haber reivindicado él con su actitud al no competir por la gobernación como le ofrecieron entonces.

Cuentan desde el entorno de Randazzo que el hombre de Chivilcoy estaba dispuesto a hacerlo de nuevo: si no le habilitaban las PASO, se volvería a su casa. Es lo que temían los intendentes que prefirieron apostar a lo seguro y se fueron de su lado. Pero ahora está dispuesto a jugar, convencido de que no pueden correrlo. Y se transformó decididamente en un problema para el kirchnerismo, que encontró resistencias a las alternativas que idearon sus estrategas jurídicos para bloquearlo: no quieren dejarle servido el sello del PJ, por el valor simbólico que conlleva y, sobre todo, los generosos fondos oficiales con que contaría; y tampoco están convencidos de armar el Frente Ciudadano para la Victoria que excluya a Randazzo, porque temen que la justicia termine habilitándolo a competir.

Por si acaso, el exministro tendría un plan B, con otro sello partidario si es necesario.

A esta altura lo menos costoso para los K pareciera ser habilitar la interna, pero no se registran antecedentes de Cristina cediendo alguna vez. Y es su decisión, como se lo confesó Fernando Espinoza a su compañero de fórmula de 2015, Julián Domínguez, y aquel se encargó de difundir. Dicen que hubo enojo y castigo de la Jefa hacia el presidente del PJ bonaerense por permitir que eso trascendiera.

Está claro que Cristina no quería ser candidata legislativa, pero la realidad parece no dejarle alternativa. Hoy ya pocos tienen dudas de que el 24 de junio aparecerá en las listas. A menos que la tozudez de Randazzo y la falta de “unidad” que ella reclamó, la lleven a un “renunciamiento histórico”. Difícil: Randazzo ganaría y los candidatos que ella quiere imponer quedarían fuera de carrera.

Con suma atención siguen estas vicisitudes en el gobierno, donde el mejor de los mundos sería tener a Cristina y Randazzo compitiendo por separado y molestos el uno con el otro, dividiendo el voto peronista en tres vertientes, Sergio Massa incluido. Demasiado bueno para ser real, dicen en Casa Rosada, donde de todos modos no pierden la ilusión. Tal vez los planetas finalmente se estén alineando, y así es que arrancaron la semana festejando el inesperado triunfo del candidato radical en la capital correntina. Los encuestadores que daban al PJ ganando cómodo son los mismos que le asignan una gran competitividad a Cristina en la provincia de Buenos Aires, advierten en el gobierno, preguntándose si estarán tan errados como en la tierra del chamamé…

No le fue bien a Cambiemos en La Rioja y Chaco, aunque en esta última provincia ganaron en las ciudades más pobladas. El lado positivo para el macrismo es que le da más espacio para endurecerse ante los radicales en el armado de las listas.

Sí le dio aire al gobierno el número de la inflación de mayo: esta vez no hubo sorpresa negativa y, por el contrario, el 1,3% fue aun más bajo del que se auguraba.

El único que dio inusualmente más alto fue el IPC Congreso: 1,8%. En la era K, el Indice del Congreso que promedia datos de consultoras privadas era manejado por el PRO, con cierta participación radical; al ganar Cambiemos, el massismo tomó la posta, y pese a que el INDEC viene dando sobradas muestras de transparencia, insisten en mantenerlo. Los últimos meses, sus resultados eran inferiores a los del organismo que dirige Jorge Todesca. Menos este mes, justo cuando todos auguraban la baja inflacionaria que finalmente se confirmó, y que coincide con la campaña #BajemosLosPrecios del Frente Renovador. Por eso, en el oficialismo tomaron el 1,8% -difundido el mismo día que el dato del INDEC, habitualmente lo hacen antes- como “una picardía más” de Massa.

El equipo económico augura que la baja en los índices se irá consolidando en los próximos meses, perforando incluso el piso del 1%. La meta del 17% es una causa perdida, pero el resultado final puede que no resulte tan lejano de esa cifra. Lo que no repuntan son los índices de actividad y consumo; no se puede pedir todo.

El Presidente recibió en tanto a Angela Merkel, quien con Donald Trump en frente es considerada hoy la “líder indiscutida” de Occidente. Fueron música para sus oídos los elogios que derramó sobre Macri. Si la Argentina no estuviera tan ensimismada en su ombligo, el paso de la canciller alemana hubiera generado mayor repercusión y beneficio interno. Fue la frutilla del postre del regreso argentino al mundo, afirmación que el kirchnerismo retrucó difundiendo en las redes una conferencia de prensa brindada en Berlín por Cristina Kirchner junto a Angela Merkel... en 2010.

En sus doce años de mandato, Merkel visitó tres veces Brasil; en 2008 fue a ese país, Colombia y Perú, no pasó por acá. Esta vez la alemana viajó de Buenos Aires a México, sin tocar Brasil. Signo de los nuevos tiempos.