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Domingo 24 de septiembre de 2017
LEGISLATURA BONAERENSE
Una renovación parcial con sus particularidades
El contexto político que envuelve a la elección legislativa de octubre próximo parece negar la significancia del acto formal que ello implica, la elección de 23 senadores y 46 diputados provinciales para conformar una nueva Legislatura.
14 de junio de 2017
Por Eleodoro Dof

La renovación parcial de la Legislatura de la provincia de Buenos Aries se presenta, en esta coyuntura disruptiva de continuidades, como un gran desafío político tanto para opositores como para el oficialismo, más allá de las bancas en juego.

Las “condiciones subjetivas” particulares que presenta el contexto de la contienda electoral llama la atención de los expertos y actores participantes, al mismo tiempo que relega a un segundo lejano plano los espacios institucionales que el sistema republicano ofrece a los partidos políticos, que en la competencia se camuflan detrás de ofertas electorales en formaciones de alianzas.

Ese contexto subjetivo es lo que está en estos momentos atrapado por las especulaciones, pero mientras tanto el cronograma electoral persiste en su cuenta regresiva formal, las opciones comenzarán a disminuir y las decisiones serán irreversibles.

Sucede que muchos entienden que el resultado electoral en la provincia de Buenos Aries determina en gran medida o influye significativamente el resultado final de lo que se presenta como una elección nacional, cuando en rigor se trata de elecciones legislativas federales pero por provincias, sin distrito único.

Son detalles para los amantes de la historia, lo que se escucha decir a quienes son señalados como los grandes interpeladores de la sociedad, es que esa suma periodística y de los expertos de la mercadotécnica política, que no tiene ninguna función formal, es la que vale.

Es la que nos proporciona los mejores indicios sobre el futuro que tanto desvela y es una especie de calificación parcial del desempeño que está llevando adelante el Gobierno, en primer lugar, y la oposición en general. Es más, hasta nos podría dar pistas sobre el destino final del actual Gobierno, según las mismas voces.

Pero mientras tanto, entre tanto cabildeo, el viejo sistema seguirá allí, impertérrito, en bambalinas, proporcionando sin dobleces la renovación parcial, por mitades, en cada una de las Cámaras bonaerense.

Pero, volviendo a la renovación parcial, y oteando el contexto político, antes que las candidaturas está lo que cada organización política pone en juego hacia el futuro. Los intereses perimidos y los nuevos.

El Gobierno es producto de una alianza, Cambiemos, integrada por el PRO, partido dominante, que tiene como socio privilegiado a la UCR, pero que además institucionalmente integran la CC y el partido FE.

Con representación asimétrica de los cuatro espacios la tropa legislativa del oficialismo tiene todo para ganar. Pone poco en juego, es lógico, pues las bancas que se deben renovar datan de 2013, y por ese entonces Cambiemos no existía.

La cuenta rápida que se realiza en el oficialismo es tan efectiva como engañosa. Sucede que en una elección de tercios el sistema de cociente que distribuye las bancas por Sección Electoral no resulta tan beneficioso para quien obtenga más votos, si la ventaja respecto del segundo no es muy holgada, si se tiene en cuenta que el tercero supera los pisos mínimos para ingresar en el reparto de butacas.

Todo parece indicar, en el escenario bonaerense, que será una carrera de tres, pero nadie descarta que finalmente puedan existir cuatro ofertas atractivas para el electorado. En este último caso, el ganador tendría, por lógica, más beneficios.

Antes de seguir explayándonos en el terreno de las hipótesis, sería oportuno recordar que con el sistema de cociente es importante la cantidad de votos obtenidos pero además influye significativamente los votos de los demás participantes, y muy significativamente si estos no logran superar los mínimos establecidos a partir de los cargos en juego y los votos positivos.

Así las cosas, tres o cuatro ofertas atractivas, no es lo mismo. La experiencia pasada inmediata, la elección de 2015, inédita en el caso del oficialismo, se dió con tres grandes alianzas: Cambiemos, FpV-PJ, y FR-UNA.

Se trató de una elección ejecutiva que claramente difiere de la legislativa, pero cuánto puede cambiar el electorado en dos años; nada, un poco, mucho, depende con el cristal que se mire y de los sucesos venideros.

Los datos duros son que Cambiemos, sobre un total de 44 legisladores, renueva o pone en disputa 9 diputados y 3 senadores; los bloques que integran legisladores surgidos de las lista del FpV-PJ, sobre un total de 53, finalizan sus mandatos 9 senadores y 19 diputados. En el massismo el desafío es mayor, de las 31 bancas que posee, 20 estarán en disputa en las próximas elecciones.

Así en el arranque, en la mitad que queda en los recintos con mandato hasta 2019, el oficialismo ostenta 19 diputados y 13 senadores; el FpV-PJ 17 diputados y 8 senadores y el FR-UNA 9 diputados y 2 senadores.

A días del cierre de listas para la competencia electoral de octubre sólo se puede consignar que teniendo en cuenta la elección pasada, admitiendo leves variaciones y sin entrar en demasiados detalles, hay una clara expectativa de crecimiento en el oficialismo en lo que se refiere a representación parlamentaria, incluso no siendo el ganador de la elección.

En cambio, para el FpV-PJ y el FR-UNA la expectativa es de resistencia, de lograr conservar lo que actualmente poseen en los recintos de la Legislatura y por extensión en el Congreso de la Nación, una expectativa que entienden “totalmente posible” en ambas trincheras.

Las expectativas en el plano formal se transforman totalmente según el resultado en todos los campamentos, no hay variaciones significativas de bancas si se gana por cinco puntos o si pierde por idéntica diferencia.

Hasta existe la posibilidad de ganar la elección y no tener una buena cosecha de bancas, porque, como se sabe, la Provincia presenta dos secciones, la Primera y la Tercera, que superan el 70 % del electorado y los legisladores se eligen en ocho Secciones.

Pero además, las fuerzas opositoras se imaginan con más beneficios que con los estrictamente cuantitativos; habrá otra sustancia, serán otros nombres en muchos casos, e incluso divisamos como altamente probable, al menos, una nueva alianza ya definida, 1País. Mientras en el otrora FpV-PJ se busca una nueva marca que los contenga.

Pero desde este lugar sin los principales candidatos puestos, la idea más difundida parece ser Bullrich-González-Manes, Cristina Fernández de Kirchner y Massa-Stolbizer, sí podríamos decir que el costo de la elección legislativa en la provincia de Buenos Aires, en cuanto a la obtención de bancas de legisladores provinciales, el mayor peso lo cargan sobre las espaldas, en esta oportunidad, los equipos del otrora FpV-PJ, o lo que quede de él y el 1País.

Empero, es mucho lo que simbólicamente representa para el Gobierno la elección legislativa de octubre, y tal vez las bancas en juego sea solo un detalle, incluso por lejos el menos importante.

No obstante, muchos hombres y mujeres de Cambiemos se imaginan un arranque del próximo periodo legislativo con un bloque de 40 diputados, y no los escasos 28 actuales; o con quórum propio en Senado, unos 24 senadores y no los 16 actuales.

Esto que nadie dice pero que todos saben, se lo imaginan incluso perdiendo la elección general en la cuenta de distrito único que es la que se realiza mediáticamente y que sirve para los legisladores nacionales.

Tal vez, por estar expuesta a comentarios de este tipo, la gobernadora María Eugenia Vidal dijo que “no creo que sea el fin del mundo perder una elección”. Evidentemente Vidal tiene los números en la cabeza.