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Domingo 23 de julio de 2017
OPINIÓN
Un piquete de Buenos Aires a Jujuy
Por Silvia Giacoppo. La senadora recuerda el accionar de Milagro Sala y su agrupación Tupac Amaru durante los años del kirchnerismo.
1 de julio de 2017
Miércoles, pasado el mediodía. Los canales de noticias nos muestran imágenes de gente encapuchada, con palos y elementos contundentes en su mano. Se nota la agresividad en sus rostros, aunque nos los oculten. Hay tensión.

El piquete y su violenta modalidad así como la decisión del Gobierno de desalojar la avenida 9 de Julio -la más transitada de la ciudad de Buenos Aires- utilizando a las fuerzas policiales, desató todo tipo de opiniones y encendió el debate.

Esas imágenes, para quienes vivimos en Jujuy eran cotidianas. Convivimos con ellas durante toda la “década ganada”. Todo ese tiempo en el que la prepotencia, la violencia y la extorsión de Milagro Sala y su agrupación Tupac Amaru se adueñaron de las calles, las rutas y de las decisiones políticas que el gobernador no tomaba. Ese gobernador que miraba con pasividad como los jujeños nos convertíamos en rehenes de unos pocos que se llevaban nuestros sueños, nuestro dinero y nuestra convivencia pacífica.

Lo que sucedió en el centro porteño y lo que tanto tiempo sufrimos en Jujuy tiene un nexo en común. La agrupación de Milagro Sala y su vocero y “embajador” en Buenos Aires, Alejandro "Coco" Garfagnini. El mismo que está vinculado a la causa por corrupción denominada “Pibes Villeros”, causa contra integrantes de la Cooperativa Pibes Villeros, pertenecientes a la Tupac Amaru, por desviar 14 millones de pesos del Plan de Viviendas que debía ejecutar la agrupación de Milagro Sala. Todos pudimos ver las imágenes de un grupo de trabajadores de la cooperativa retirando bolsos con dinero en efectivo de la sucursal del Banco Nación en San Salvador de Jujuy y subirlos a una camioneta. Según datos de la causa, esa camioneta sería de Garfagnini.

Garfagnini y la Tupac acompañados por otras agrupaciones (como la violenta Quebracho) quisieron imponer eso a lo que estaban tan acostumbrados en Jujuy. No pudieron. No van a poder.

Afortunadamente tenemos un estado presente. De verdad. Y que se hace cargo de la situación. ¿Es lo mejor utilizar la represión? Claramente, NO.

¿Ante los violentos e intimidatorios actos de esta gente, había otra opción? TAMPOCO.

Nadie discute el derecho a la protesta ni a las manifestaciones populares, todo lo contrario. Pero en este caso no había un reclamo específico ni dieron margen a la negociación o al diálogo. Y todo eso en medio de la interrupción de la arteria más importante de la ciudad, cercenando los derechos de miles y miles de trabajadores que pretendían llegar a tiempo a sus trabajos o, simplemente, circular con libertad.

Hay una situación que no podemos desconocer. Hay gente que tiene necesidades y los números -que ahora si tenemos- del INDEC sobre la pobreza así lo indican. Habrá seguramente otras manifestaciones presentando reclamos o pedidos. Como siempre ha sido. Y este gobierno los escuchará y se hará cargo de las soluciones a través del diálogo. Convencidos de que es la manera de hacer un país mejor entre todos. Así lo estamos haciendo en Jujuy. El gobernador Gerardo Morales logró reestablecer el clima de paz que habíamos perdido. Así es más fácil construir.

Por eso decimos, con los violentos, ¡no! Porque debemos entender que lo principal es el respeto a la Ley. Dentro de la ley, todo. Fuera de ella, nada. El estado debe velar por ello. Y este gobierno lo sabe.

* Senadora Nacional (UCR/Jujuy)