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Martes 19 de septiembre de 2017
OPINIÓN
Los sueños de independencia
Por Gabriela Estévez. Para la autora, más allá de los dos siglos transcurridos, hay paralelos entre las discusiones que hoy nos damos sobre qué país queremos.
10 de julio de 2017
Aquel 9 de julio de 1816, en aquella casita de Tucumán que tanto trabajo nos dio dibujar en la escuela primaria, pasamos a ser independientes como nación. Fue un paso, solo un paso, en el escabroso camino hacia la construcción de un Estado. Porque la independencia proclamada no iba más allá del aspecto político, en tanto la herencia de la colonia en términos de estructura económica avizoraba de ahí en más una dependencia de las potencias: las proveedoras de mercancías que no producíamos contra la venta de materias primas que le reportaban enormes ganancias a una clase privilegiada alrededor del puerto.

Más allá de los dos siglos transcurridos, hay paralelos entre las discusiones que hoy nos damos sobre qué país queremos.

Y ese qué país queremos, tiene una traducción política: son los proyectos políticos en pugna desde los albores de nuestra Patria. Esa “brecha” que establecieron las distintas ideas sobre qué nación forjar y qué sistema político adoptar, no se saldó en Tucumán. Las luchas de la independencia se prolongaron durante varias décadas y enfrentaron a las provincias y Buenos Aires.

Cuando planteamos hoy la antinomia país agro exportador versus país industrial e integrado, en un punto recreamos discusiones de hace doscientos años. La Pampa Húmeda, ese fértil territorio con la centralidad que le daba el puerto, producía por entonces básicamente materias primas (cueros, granos, sebo). Las ganancias que reportaba el negocio eran enormes y consolidó a una clase poderosa que, además, administraba la renta de la Aduana. Su mentalidad se formateó alrededor del privilegio de la renta fácil, el control político que le garantizaba sus ganancias y una vida displicente para disfrutar de los lujos del consumo de artículos suntuosos producidos por las metrópolis europeas, fundamentalmente Inglaterra. No les interesó a estos terratenientes, los primeros esbozos de la oligarquía porteña, el desarrollo del interior, la generación de trabajo vía aliento de la industrialización… a esta floreciente clase no le importó el progreso.

En el frente estaban las provincias, donde a partir del trabajo de los primeros artesanos, aunque incipientes y precarias, se habían desarrollado pequeñas industrias que abastecían a los mercados regionales. Y la puja por el control del puerto, con lo que eso significaba, marcaba las tensiones de la época: el comercio libre propugnado por la elite porteña destruía las economías regionales con el ingreso de las mercaderías importadas.

En fin, el escenario político que enmarcó el Congreso de 1816, más allá de las distancias, encuentra similitudes con las discusiones de fondo que seguimos sosteniendo: las fuerzas populares por un lado y las fuerzas conservadoras y reaccionarias por el otro. Sin duda que la irrupción del peronismo en la primera mitad del siglo pasado puso la dicotomía de proyectos políticos nuevamente en la agenda. Con avances y retrocesos, represiones y matanzas, con dictaduras y gobiernos dóciles, esa “brecha”–que el poder económico de entonces, y el de ahora, siempre buscó cerrar- apareció otra vez en el debate público en 2003 cuando Néstor Kirchner planteó la discusión: desde la resignificación del concepto de soberanía; con la defensa de nuestras Islas Malvinas y el rechazo a ese absurdo enclave colonial; con la autonomía para decidir las políticas, algo que se sintetizó en un inédito desendeudamiento; con la multilateralidad de las relaciones con otros países, dejando de priorizar los vínculos con Estados Unidos para focalizar la integración regional…

Todo esto, tras poco más de año y medio del gobierno neoliberal de Cambiemos, está puesto hoy en el centro del debate político: debemos retomar esa idea de país integrado e inclusivo, el país para todos y con Justicia Social versus un país para pocos y beneficiario apenas de un sector económicamente poderoso poderosa y concentrado. Es oportuna la fecha, entonces, para reflexionar sobre el neoliberalismo que está presente en las políticas de la alianza Cambiemos. El gobierno del Presidente Mauricio Macri representa en la puja histórica el país para unos pocos.

La construcción inconclusa de una nación emancipada, de un Estado garante de los derechos humanos y atento a los más humildes para su inclusión en un proyecto nacional, es lo que nos debe desvelar por estos días. Como desveló seguramente a nuestros patriotas que hace doscientos años soñaron con una Patria próspera y que acogiera por igual a todos los argentinos.