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Lunes 21 de agosto de 2017
OPINIÓN
Lula y Cristina: ¿Casi dos hermanos?
Por Daniel Bosque. Un paralelismo entre los dos expresidentes que asediados por la Justicia buscan legitimarse a través de las urnas.
13 de julio de 2017
Como en el título del famoso film carioca de Lucía Murat, la izquierda y la derecha latinoamericana no han dudado en asociar, cada uno por sus intereses, a la figura del hoy desgraciado Lula con la de sus pares que hasta hace poco monopolizaban la cartelera presidencial de la región.

Fronteras afuera, la sentencia de Sergio Moro que es noticia mundial impacta por los fáciles correlatos. Pero Lula y su movimiento ni fueron y son gemelos de Pepe Mujica y su Frente Amplio, mucho menos de los Kirchner y el peronismo ondulante, de Michelle Bachelet y la Concertación, del hoy ex Rafael Correa, del aborigenista Evo, tampoco de Hugo Chávez y su decadente sucesor Nicolás Maduro. Pero este sofocón para el progresismo hemisférico vuelve a enloquecer el péndulo que no cesa. Populistas, conservadores, desarrollistas, neoliberales, nacionalistas que se alternan, de manera cada vez más traumática en sociedades pletóricas de elites políticas económicas y sindicales corrompidas, que no han sabido-querido-podido desterrar vuelve la desesperanza y la pobreza en el Nuevo Continente.

Lo que no te mata te fortalece, y Lula, como su vecina Cristina, aunque sus raíces y gobierno hayan tenido matices diferentes, hoy tratan de aplicar el teorema de que la corrupción que se les adjudica es una tapadera de ajustes neoliberales de sus sucesores. Temer, en ese target, luce más que frágil, por la forma vidriosa en que llegó al poder y por la montaña de sospechas que se ciernen sobre él y sus aliados

Brasil ha continuado con su inercia de las últimas décadas, de la que sólo viene zafando Fernando Henrique Cardoso y el fallo de Moro crecerá en sospechas si es Lula, a la postre, el pato de la boda. Qué Lula esté en los umbrales de la cárcel por el triplex en Guaruyá obsequio de OAS descubierto en el Petrolao suena a chiste en países como la Argentina dónde las rondas de sobornos adquirieron la magnitud de varios cerosy en la que a falta de acción judicial eficaz, el volumen de lo mal habido ha ingresado en la mitología popular.

También es cierto que las dádivas por las que han sido sentenciado a Ignacio Lula da Silva y su entorno son simbólicas poco menos que una propina al lado de las cifras astronómicas que viene revelandoel Lava Jato, el mencionado Petrolao, el Mensalao y otros escándalos que pulularon en Brasil y se expandieron por América Latina. Argentina, socio menor y más importante de la región del gigante brasilero han logrado hasta ahora contener la onda expansiva del desastre Odebrecht pero en Perú tiene en la picota a los ex presidentes Alejandro Toledo, en el imbo de prófugo o no tanto pero en ningún caso aparecido, y al matrimonio Humala, que por estas horas reza a la espera de lo que decida la Justicia con su suerte.

Volviendo a Brasil, el ojo de este impresionante huracán, es difícil augurar qué pasará con Lula y el PT. Antes del rimbombante fallo de Moro, cuyo texto íntegro reproduce esta crónica, el carismático líder era el favorito de cualquier sondeo electoral en una cuasi paridad con la ascendente Marina Silva. El Lava Jato es un tifón que ha demolido al sistema político de la economía más poderosa del hemisferio al punto que hasta ayer mismo el náufrago a la deriva era el presidente Michel Temer. Su supervivencia se explica por las permanentes concesiones a los factores de poder que no cesan de apretujarlo.

La reforma laboral, sancionada en vísperas de la sanción a Lula, crispará más a los sindicatos y fragmentará más a la sociedad. Por un lado va el favor electoral mayoritario y por el otro la carrera para impedirle que llegue al Planalto. Lejos han quedado los días en que Brasil y su liderato de izquierdas eran pura potencia, el consumo volaba, la economía crecía y sus empresas hacían furor en los mercados.

*Director Mining Press y EnerNews