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Domingo 22 de octubre de 2017
OPINIÓN
Impunidad. La deuda de la democracia
Por Francisco Mones Ruiz. El presidente de Coalición Cívica Morón remarca la necesidad de terminar con la matriz de corrupción que vulnera la democracia para poder avanzar en una sociedad más justa.
1 de agosto de 2017
La salida de la dictadura implicó el reconocimiento de los crímenes realizado por el Estado en un plan sistemático y clandestino, que consistió en la desaparición forzosa, el asesinato y la tortura de personas como método. Práctica que implicaba la deliberada violación, por parte del propio Estado, de una de sus responsabilidades más primarias: garantizar el derecho a la vida.

Si algo logró instalar en el sentimiento del conjunto de los argentinos el proyecto de epopeya constitucional y democrática de Alfonsín, fue aquél rezo laico del preámbulo de nuestra Constitución, unido al compromiso que “con la democracia se come, se cura y se educa”.

La transición democrática no significaba sólo la recuperación de las indispensables libertades públicas y la búsqueda de Verdad, Justicia y Condena a los crímenes de la dictadura. La epopeya constitucional llevaba en su núcleo más profundo un sentido: la democracia era y es el único camino para un proyecto de Argentina basada en la paz, la defensa de la vida y la dignidad humana frente a un pasado reciente de oscuridad y terror.

Una democracia donde la plena vigencia de los derechos humanos permita la realización de los proyectos individuales y colectivos de los argentinos. Nuestra democracia no ha podido dar cumplimiento a estos presupuestos.

La sociedad logró, con muchas dificultades, construir un amplio consenso respecto a los crímenes de la dictadura. Recientemente lo hemos visto en el mandato ciudadano a la Corte Suprema respecto de la aplicación del 2x1 al responsable del terrorismo de Estado. Una política de Estado, sin grieta.

Sin embargo, la Obediencia Debida y el Punto Final, los indultos, inculcaron en la cultura política nacional que los crímenes estatales -por más atroces que fueran-, podían quedar sin juzgamiento. Al calor de esa impunidad nuestra democracia consagró muchas otras impunidades y violaciones a los derechos humanos.

Una sociedad realmente afianzada en el sueño de la recuperación democrática del ’83, con instituciones fuertes, nos hubiese evitado un soldado Carrasco, un Miguel Bru, un José Luis Cabezas, una María Soledad Morales, una AMIA sin justicia, un Kosteki y Santillán, un Cromañón, un Julio López, un Luciano Arruga, una masacre de Once, una Higui o un Polaquito: porque el compromiso de la salida del terrorismo de Estado implicaba necesariamente una democracia fuerte, sin impunidad y con justicia.

Nuestra democracia vive hoy la vulneración de los derechos humanos de madres e hijos frente al narcotráfico y el paco. Somos nacidos en un conurbano bonaerense que ve irse la vida de nuestros seres queridos en trenes, recitales, inseguridad o violencia de género. Víctimas en una sociedad que debía cuidarlos y protegerlos, pero no lo hizo, que sufren la falta de acceso a la justicia.

Estas violaciones a los derechos humanos son posibles porque una matriz de corrupción vulneró nuestra democracia, impunidad amparada al calor de núcleos de delito enquistados en un Estado que, en vez de proteger, es promotor y cómplice.

No se trata, entonces, de disolver los derechos humanos. No se trata de segregarlos. No se trata de reducirlos. No se trata de apropiarlos. No se trata de despreciarlos.

Se trata de comprender que el sentido del fin de la impunidad ayer implica necesariamente una democracia con verdad y justicia en el presente: Justicia para que viajar en el ferrocarril no sea un viaje de ida, y condena para sus responsables políticos y económicos. La corrupción mata.

Se trata de recuperar el mandato pendiente, el sentido más trascendente de aquella epopeya emancipadora que fue la recuperación democrática de Alfonsín. Se trata de aquel sueño ético resonando en la conciencia de millones de argentinos: la necesidad de construir una democracia que garantice y proteja la dignidad y la vida del conjunto de los argentinos.

Con justicia y sin impunidad.Ayer, hoy, y siempre.