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Domingo 22 de octubre de 2017
OPINIÓN
Los brotes verdes llegaron tarde y la pelea principal es voto a voto
Por José Di Mauro. El oficialismo encaró la última semana de campaña poniendo “toda la carne en el asador”, con una sobreexposición de la gobernadora y una sensación de “empate técnico”.
6 de agosto de 2017
Tanta presión se le puso al segundo semestre, que terminó demorando su llegada en extremo. Y paradójicamente lo hizo con dos semestres de atraso, cuando ya en el gobierno preferían obviar la cuestión económica y hasta el gurú del macrismo había bajado la consigna a los candidatos oficialistas de evitar hablar del tema.

Mal consejo, dicho sea de paso: en política el terreno que no se ocupa es cubierto por otro, y así se hizo fuerte el discurso de la oposición, que instaló la convicción del fracaso económico de Cambiemos, cuando no la sensación de desastre a mediano plazo. Con todo, convengamos que se hace por demás engorroso augurar un intangible bienestar cuando el bolsillo apremia desde hace tiempo.

Si bien en Hacienda venían asegurando desde hace algún tiempo que el repunte había arrancado, recién hace un par de semanas los indicadores comenzaron a verificarlo en cifras. Y un verdadero y esperado “brote verde” se conoció el último día de julio, al confirmar el INDEC que la producción industrial registró en junio un crecimiento del 6,6% con relación a igual período de 2016, recuperando así lo que había perdido en el primer cuatrimestre. El mismo día se conoció que la construcción registró el mismo mes un fortísimo crecimiento del 17% con relación a igual período del año pasado, cumpliendo el cuarto mes consecutivo en alza. Salvo enero y febrero, que registraron resultados negativos, la construcción acumuló una racha de cuatro subas seguidas: marzo 10,8%; abril 10,5%; mayo 10,3% y junio 17%.

Tres días después, el gobierno porteño informó que los niveles de pobreza e indigencia bajaron del 12,3 al 10,2% y del 4,1 al 2,9%, respectivamente. Brotes verdes de otro tipo.

Bienvenidos los indicadores benignos a menos de dos semanas de las elecciones primarias, pero no hay quien no se pregunte si no serán tardías las buenas nuevas, al menos para las PASO. Lo cierto es que la sensación instalada ya es otra, y siempre hay algún dato económico que aporta nubarrones. El dólar por ejemplo, más allá de que los últimos días se haya moderado, pero ya dejó abiertas las expectativas sobre cómo repercutirán sus corcoveos en los precios. Y si hablamos de precios, en vísperas de las elecciones se conocerá el índice de julio, que se augura estará un poco por encima de los dos puntos, aunque una fuente de Hacienda sugirió que tal vez esté alguna décima por debajo. Sería sorpresa, pero hubiera sido necesario que estuviera en la mitad, para que el gobierno pudiera alardear con un cierto éxito en su lucha contra la inflación, que por el contrario con este respingo volvió a abrir dudas.

Así como cuesta encontrar razones que sustenten que se haya dejado desperezar al dólar en vísperas de los comicios, pocos se explican que los funcionarios permitan abrir polémicas sobre cuestiones sensibles en pleno período electoral. Sobre todo si le aportan argumentos a una oposición ávida de instalar consignas sobre “el ajuste de Macri”. “Nosotros no salimos a hablar de la edad jubilatoria”, aclararon enfáticamente a este medio dos encumbrados funcionarios del gobierno, advirtiendo que en realidad el origen de la polémica estuvo en un artículo periodístico por el que consultaron al titular de la ANSeS. “Ahora, si quieren no contestamos preguntas y se quedan tranquilos”, apuntó uno de ellos.

Más allá de las ironías, lo cierto es que la única reforma que avanzará pasadas las elecciones será la tributaria, que viene analizándose desde mayo pasado en el seno de una comisión bicameral constituida a tal fin en el Congreso. La previsional va a encararse -porque así lo estipulaba la Ley de Reparación Histórica de los jubilados-, pero recién en 2019. Y en cuanto a una eventual reforma laboral, una alta fuente del gobierno nacional aseguró a este medio que no se instrumentará a través de una norma general, sino que habrá modificaciones puntuales que irán acordándose con los diversos actores empresarios y sindicales. “Como se viene haciendo hasta ahora”, precisó, citando el caso de la nueva Ley de ART como botón de muestra.

“Nada raro va a salir de un día para otro”, remarcó el martes pasado el Presidente ante un canal de TV mendocino. Hablaba de la reforma previsional, pero la frase es, como se ve, más abarcativa.

Todo dependerá, claro está, de la manera como el gobierno pueda pararse frente a la oposición a partir del resultado de las elecciones. No las del próximo domingo, sino las definitivas del 22 de octubre. Que tendrán diversas interpretaciones, según la intencionalidad del que las analice. Consciente del riesgo bonaerense, el gobierno se ilusiona con un mapa de la Argentina que el domingo por la noche luzca mayormente con los colores de Cambiemos. Y sobre todo en la zona central del país, en los principales distritos, cuestión de compensar una eventual debacle en provincia de Buenos Aires.

Descuenta Cambiemos que ganará con amplitud en Mendoza -será un mérito radical-, y tiene grandes expectativas en Santa Fe, aunque el socialismo aparece fuerte. Córdoba, en tanto, es la obsesión del presidente Macri, que le debe a esa provincia estar en la Casa Rosada. Tal es su apuesta, que ahí cerrará la campaña para las PASO.

También es la confirmación de que, a sabiendas del riesgo bonaerense, el gobierno nacional apuesta a triunfos eventuales que pueda reivindicar Macri como propios el día después. También encabezará un acto en la ciudad que gobernó 8 años y donde el oficialismo espera hacer una elección histórica. No se lo verá en cambio en la provincia de Buenos Aires, donde el Presidente luce en algunos distritos casi como un jarrón chino, y por eso se ha hecho cargo de manera completa de la campaña María Eugenia Vidal, que no puede siquiera tomarse un descanso a pesar del resfrío que la asaltó sobre el final de la semana. La idea es saturar con su presencia los medios, dejar bien claro que Cambiemos es Ella, y si se puede contraponer su figura con la de la expresidenta. Lamentablemente para el oficialismo, Cristina Kirchner evitó deliberadamente confrontar con ella. En rigor, su versión edulcorada tampoco fustiga al Presidente, aunque sí al gobierno.

Tras unos días en los que cundió la decepción en Cambiemos por sondeos que daban a la expresidenta en el primer lugar por casi cinco puntos, se estableció la calma al acercarse la lista oficialista a menos de un punto. Lo que los llevó a hablar de “empate técnico”, pero reconocen que en ningún momento han llegado a mirar a Cristina desde arriba.

El Presidente tuvo un gesto el miércoles al convocar a los candidatos a concejales de los distritos bonaerenses donde no gobierna Cambiemos -de ahí la denominación “los sin tierra”- a almorzar en la Rosada. El Presidente los escuchó, arengó, y entre otras cosas los llamó a “militar la Ley Pymes”, una norma que el oficialismo nunca pudo capitalizar, a pesar de su trascendencia. Influye -admiten- que la reglamentación no fue tan benigna como se había sancionado en el Congreso, pero lo cierto es que la oposición hace campaña haciéndose eco de “las penurias” de las mismas.

Uno de los participantes de ese almuerzo con el Presidente confió a este medio al salir del mismo su confianza en un triunfo, cimentado en lo que puedan llegar a hacer “de aquí al jueves”, cuando concluye la campaña. Arrancó con un obvio “no hay que cometer errores”, para señalar luego que las claves están en las elecciones que puedan hacer en La Plata y Mar del Plata, dos distritos donde va a ganar Cambiemos, pero necesitan hacer una diferencia similar al menos a la de 2015. Por eso la elección de figuras conocidas de esas ciudades como Carolina Píparo y Franco Bagnato. En La Feliz corren con el lastre de una gestión municipal que en la gobernación admiten como “mala”, y esa es una cuesta difícil de remontar. Saben que ganan en la Segunda Sección con cierta holgura y esperan terminar de compensar la adversidad de la Tercera con la performance en ciertos distritos de la Primera.

Mencionan Hurlingham, donde llevan un buen candidato y si bien el intendente tiene buena gestión, juega con Florencio Randazzo y eso le resta votos; lo mismo pasa en San Martín. Después apuestan a buenos resultados en distritos donde no gobiernan pero van juntos con quienes salieron segundos hace dos años, por caso de Merlo, Moreno y Malvinas, donde volvieron a acordar con Jesús Cariglino. “San Miguel ahora es nuestro”, suman. Con mejores performances que en 2015 en esos y otros municipios, confían en dar vuelta la elección este domingo. Mientras tanto, Cristina hace la plancha.