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Lunes 21 de agosto de 2017
OPINIÓN
¿Dime Google, qué pasa en Caracas?
Por Daniel Bosque. Con sólo googlear “Venezuela, Maduro, PDVSA” millones de palabras caen a nuestros pies. Botón izquierdo y después del primer click, tirar del ciber piolín es muy fácil.
6 de agosto de 2017
Venezuela no para de dar noticias. El rojo vivo de las crónicas ha encendido la polémica que enfrenta a los que quisieran ver a Nicolás Maduro & Co. lejos del poder contra los que son sus defensores a morir, devotos acérrimos de este “último bastión contra el imperialismo”.

Pero versus la URSS, la Guerra Fría o Medio Oriente, estas novedades severas de Caracas, mucho más que las recientes de Siria o Ucrania, son abundantes en imágenes, cifras, datos. Cero misterio, todo está a un click o dos del lector curioso.

Son inmensas las diferencias. Fidel y el Che, cuenta la leyenda, se hicieron populares en EE.UU. por las coberturas de Life cuando Fulgencio Batista y los mosquitos amenazaban con acabarlos en Sierra Maestra. Más acá, la caída del Muro de Berlín tuvo una gran cobertura de la TV global, pero insignificante si un evento así hubiera acontecido ahora.

Durante la segunda mitad del Siglo XX, para la izquierda y la derecha irreconciliables, todo lo que ocurría en los paraísos socialistas y comunistas venía con el envoltorio de lo desconocido. En Cuba, el libraco de Ernesto Cardenal alabatorio del castrismo era devorado por los setentistas, mientras que el contemporáneo Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn, el texto Nobel que describió las crueldades de Stalin, poblaba las bibliotecas de los enemigos de Moscú.

Hoy nada es igual. Con sólo googlear “Venezuela, Maduro, PDVSA” millones de palabras caen a nuestros pies. Botón izquierdo y después del primer click, tirar del ciber piolín es muy fácil. El gran obstáculo es que tanta data junta suele incomodar miradas ya asumidas. Por ejemplo, frente a esta fase de la Revolución Bolivariana cuya decrepitud está sofocando a sus connacionales. Una tormenta perfecta en cuyo guión sobresalen la plutocracia decadente, mafias políticas, narcotráfico, violencia creciente, hambre, penurias. Y mucho, pero mucho petróleo sobre el que hoy planea la rapiña de los poderosos del planeta.

“Prefiero que los rusos y los chinos, y no los yanquis se queden con PDVSA”, “Chavez fue un revolucionario y la burguesía quiere destruir sus conquistas y someter a los venezolanos a la esclavitud”, “Hay que evitar el golpe de la derecha contra la democracia de Maduro” (sic) dicen sin sonrojarse centenares de miles, o millones de desencantados latinoamericanos, a los que la mercadotecnia política cataloga como votantes progresistas. Pero no es la primera vez que esta parte del mundo se enreda en dialécticas sobre lo que ocurre fronteras afuera. La última tan cercana en el mapa y de esta magnitud fue a propósito del cruento final del gobierno de la Unidad Popular, el golpe que dio lugar a la larga noche del pinochetismo en Chile. Click, Click y más click: el problema para quienes pretenden hermanar aquello con esto es que Maduro no es Salvador Allende, mucho menos lo son Diosdado Cabello y Tareck El Aissami (ver también en Google).

Tampoco Caracas es Alepo, ni por el volumen de la destrucción ni por la cercanía con esta parte del mundo. Pero se parecen como teatros del dolor a la vista de todos. Y hay una fuerte presunción de que la sangre la pondrán hombres y mujeres de a pie pero que la supervivencia o no del madurismo se dirimirá en los cuarteles militares y en la supra política internacional.

Haga click aquí. Google te da todo pero el problema no está en el mouse ni en la pantalla táctil sino en el operador. Tus búsquedas y conclusiones salen del instinto con que hayas googleado “justicia social, derechos humanos, revolución, corrupción, populismo, clientelismo, negociados”, entre otros tags. Depende del software personal de cada usuario. No es una cuestión religiosa, como se dice últimamente, sino la elección de qué tipo de sociedad y con qué líderes quiere vivir cada cual.

Último click: Visto así, Venezuela, Caracas, Maduro no quedan lejos. Están aquí, en tu casa, en tu familia, entre tus amigos, en el trabajo. Sólo requiere blanquear conceptos y deseos, sin vergüenzas y más temprano que tarde. Para que cuando hablemos de la famosa democracia, en el Caribe o en la Conchinchina, sepamos usted y yo si estamos pensando en lo mismo.