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Domingo 22 de octubre de 2017
OPINIÓN
Censura y relato, las otras armas de la revolución
Por Mariela Blanco. Una mirada aguda y precisa sobre la realidad que se vive en Venezuela, y una pregunta concluyente: ¿qué tan lejos llegará la avanzada de la Asamblea Constituyente?
10 de agosto de 2017
La República Bolivariana mostró su cara más atroz el pasado domingo 30 durante la elección de la Asamblea Constituyente con un total de al menos 10 muertos, según cómputos oficiales. Ostenta en los últimos meses un récord en su descarnada historia reciente de un promedio de un cadáver por día y cientos de heridos que se suman a los otros muertos invisibles por epidemias de varicela, fiebre tifoidea, malaria y sarampión. La falta de vacunas y medicinas está dejando un tendal paralelo de ciudadanos que pierden la vida por la intransigencia de desoír el llamado del Vaticano para abrir un canal humanitario. Los presos políticos son incontables.

Se han convertido en algunos casos en “trofeos” y hasta cotizan en alza. Los detenidos tienen precio: hasta 2000 dólares se pide por su liberación. Dentro de la crisis de poderes que reina en Venezuela, la Justicia parece una escultura miope y manca, incapaz de mover su brazo ecuánime.

Pasado ya el paro cívico y las “trancas”, algunos de los municipios del distrito metropolitano de Caracas vieron como las hidrolavadoras borraron de las calles las huellas de bombas molotov y gomas quemadas. Una rápida operación cosmética dejó ya para el lunes pasado la mejor cara de las plazas y los parques. Camiones recolectores provenientes de “zonas opositoras” pudieron llevarse la basura acumulada que ponía más en riesgo la incipiente crisis sanitaria. Y el plano económico sigue empeorando la situación social. Con una inflación de 4 dígitos y un salario mínimo que sólo puede comprar cuatro cafés o algunas pocas unidades de pan, se ha profundizado la especulación -no de ricos sino entre pobres. El “bachaquero” es el último rebusque que encontraron algunos para alimentar a la familia y mitigar la vergüenza a costas de la dignidad.

¿Qué medida tomará frente a este escenario el Viceministerio de la Felicidad Suprema Social del Pueblo, creado en 2013? ¿Seguirá mirando al frente el caballo del Escudo Nacional que modificó Chávez, tendrá una venda en los ojos como la justicia bolivariana o acaso estará desnutrido como los pocos animales que sobreviven en el Zoológico? ¿Será por todo esto que el Carnet de la Patria lo desconoció a Maduro el domingo de elecciones?

Para contrarrestar una postal de postguerra, Venezuela se llenó de palabras y se aferró a un relato -ya no épico sino demagógico y casi enajenado- capaz de construir realidades paralelas difíciles de cotejar puertas adentro y puertas afuera producto de una férrea e implacable campaña de desinformación y censura mediática. Las frases del relato se superan. Así como en 2013 el presidente del Instituto Nacional de Estadísticas, Elías Eljuri no se puso colorado al afirmar que la falta de papel higiénico se debía a que se estaba comiendo más en Venezuela, ahora las abogadas constituyentistas María Alejandra Díaz y Olga Álvarez coincidieron en la cadena estatal VTV en que la población no ha perdido peso por falta de alimentos sino que está mas sano: “Hay que dar gracias al látigo de la revolución porque entendimos que estábamos domesticados por la agroindustria.

No salíamos de los productos que además te retiran cuando estás enfermo: la harina, los azucares, las grasas", justificaron. Así, intentaron neutralizar el informe de la OMS que señala que Venezuela tiene 11% de desnutrición infantil. Así y todo, esas falacias parecen más justificables que el silencio de una parte de la política argentina que hoy no se pronuncia o apunta contra los medios hegemónicos que, según consideran, se han ensañado con mostrar la crisis de Venezuela como ningún otro país de la región. Ese otro nuevo relato sorprende más cuando lo sostienen hasta quienes han sido víctimas de la dictadura militar argentina o que han levantado como bandera la lucha por la defensa de los derechos humanos.

Pero volviendo a Venezuela, hay que decir que en tiempos de redes sociales, la única forma posible de callar las voces opositoras al gobierno bolivariano tenía que ser el bloqueo de información. Con mas temor que prudencia, fuentes fiables provenientes de Venezuela aseguran que hay diarios electrónicos argentinos que “no abren” y que “internet se queda pensando al intentar leer alguna noticia inconveniente”. Los videos de Youtube subidos con títulos que hagan referencia a la crisis venezolana, se bloquean automáticamente para los usuarios venezolanos.

¿Hasta dónde resistirá la democracia? ¿Qué tan lejos llegará la avanzada de la Asamblea Constituyente en detrimento de la voz legítima de los parlamentarios? El pronóstico es absolutamente reservado sobre lo que pueda pasar en Venezuela cuando la nueva Constitución suprima todos los derechos del pueblo para darle poder absoluto al estado. No son pocos quienes aseguran que la Constitución ya está redactada y que viene viajando desde Cuba.

Mariela Blanco

Periodista