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Lunes 21 de agosto de 2017
ENTREVISTAS
“Soy una convencida de que el régimen de Maduro es autoritario y antidemocrático”
Interiorizada en la crisis que atraviesa el país caribeño, la diputada macrista Cornelia Schmidt Liermann asegura en diálogo con parlamentario.com que desde Argentina “no podemos quedarnos indiferentes”.
11 de agosto de 2017
Por Melisa Jofré

“Soy una convencida de que el régimen de Maduro es autoritario y antidemocrático”, confiesa sin pelos en la lengua Cornelia Schmidt Liermann, una de las diputadas de Cambiemos que sigue de cerca la situación que atraviesa Venezuela.

Al defender la postura que tiene el Ejecutivo nacional respecto del gobierno chavista, explica que “hoy las dictaduras se tienen que medir por el respeto real a los derechos humanos, y por el bienestar y el acceso a los servicios básicos que se le puede dar a la gente”. Además, sostiene que “en Venezuela hay dictadura porque se han destruido las instituciones, hay una masacre institucional”.

En esa línea, la legisladora del Pro habla del “desafío para la comunidad internacional sobre qué hacemos con estos regímenes” y explica la “disyuntiva” que se presenta: “Porque, por una lado, querés sancionar al gobierno, pero por el otro no querés desproteger al país”. “Es verdad que no queremos intervenir en temas internos, pero no podemos quedarnos indiferentes”, agrega.

Y anticipa: “Estamos evaluando la posibilidad de que el UNASUR tome cartas en el asunto, porque todavía no se expidió y tiene un protocolo bastante duro para cuando se rompe el régimen democrático”.

Premiada por su labor, “Connie” -como la llaman sus compañeros- asumió en junio pasado la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, que abandonó Elisa Carrió para dedicarse a la campaña electoral. Desde ese rol, afirma en diálogo con parlamentario.com que “Argentina tiene que, más allá de nuestros propios problemas a solucionar, volver a participar con voz y voto y propuestas de los grandes temas del mundo”.

-Un grupo de legisladores recibió a la hija de Antonio Ledezma, preso político en Venezuela, ¿cómo fue ese encuentro?

Realmente fue muy movilizador, como cada vez que vienen personas involucradas en la historia de Venezuela. Antonieta Ledezma es una joven que está abrumada, la sentí con bastante impotencia, realmente clamando que no le soltemos la mano; porque a pesar de que todos los días hay un hecho más grave que el anterior, Argentina y la región no tienen que cansarse de apoyar la vuelta de la democracia a Venezuela. También vi una gran voluntad de que el día que las cosas cambien, la mayoría de los que se han ido quiere volver, con muchas ganas de rearmar ese país.

-Junto a un grupo de diputados de Cambiemos conformaron una Mesa de Trabajo sobre Venezuela, ¿en qué consiste?

Sí, es una Mesa de Trabajo ad hoc, con la que ya tuvimos una reunión en la Cancillería, otra con la Dirección de Migraciones y ahora vamos a tener una con el Ministerio del Interior. Un poco la idea es tener una planificación sobre todos los venezolanos que están viniendo: a dónde van y dónde nosotros los podemos eventualmente reubicar. Tenemos que tratar de hacer lo más productivo para ellos y nosotros, atento a nuestro 32 por ciento de pobreza.

-¿Qué sucede con la suspensión del Mercosur?

Bueno, se decidió que se suspenda, que no goce de los beneficios como gobierno del Mercosur, que no pueda tener voz y voto en las decisiones, pero que los ciudadanos venezolanos que entran a la Argentina van a seguir siendo considerados como que forman parte del Mercosur. Esta es la disyuntiva que te plantea Venezuela, porque por una lado, querés sancionar al gobierno, pero por el otro no querés desproteger al país. Por eso tenemos que tener cuidado en decir que queremos romper relaciones con Venezuela, porque nosotros, de llegar a hacer eso, haríamos que los venezolanos no puedan ingresar al país como alguien más de Mercosur; tendrían que entrar en categoría de refugiados y eso es mucho más complicado para ellos.

-¿Aproximadamente cuántos venezolanos han ingresado a Argentina?

Según números oficiales, el año pasado habían entrado 30 mil, y en lo que va de este año, 35 mil.

-¿Le pareció tardía la reacción del papa Francisco?

No. Yo creo que el Vaticano actuó mucho más de lo que uno se imagina. Quizás no actuó públicamente, pero todos los obispos que estaban en Venezuela siempre ayudaron mucho al orden democrático y al tema humanitario. Es verdad que todo el mundo esperaba quizás una declaración del papa más fuerte antes. Pero, por el rol del papa yo entiendo lo que él intentaba hacer. Él intentaba hasta lo máximo que de alguna forma el régimen de Maduro, y los que lo rodean, pusieran ellos mismos un freno. Por eso, todos estos envíos mediando la paz; aunque fracasaron porque el núcleo más duro no quería escuchar y prestarse a eso. Al no encontrar una veta, y ante esta farsa y masacre institucional de la Constituyente, el Vaticano ahí ya sale. Creo que ha actuado día a día de una forma callada. Obviamente el papa es un jugador político importante y no tenemos que olvidar que él es un embajador de derechos humanos religiosos, entonces tiene que cuidar mucho las palabras y los tiempos en los que aparece. Creo que está muy bien que haya aparecido rápidamente después de la Constituyente, porque es como decir ‘bueno, hasta acá llegamos’. Además, mucho más que buscar el diálogo, el Vaticano no puede hacer. La solución tiene que venir de los propios venezolanos, y quizás con ayuda de la región. Lo ideal, según mi opinión, sería que haya un gobierno de transición que luego llame a elecciones buenas y limpias, pero antes que nada que se reestablezca la paz.

-¿Por qué el Gobierno nacional habla de una dictadura?

Porque hoy las dictaduras se tienen que medir por el respeto real a los derechos humanos y por el bienestar, y el acceso a los servicios básicos que se le puede dar a la gente. Es una de las grandes discusiones, que también salió del G-20, que no se puede medir cuál es el estado de bienestar de un país nada más que por el PBI. En Venezuela hay dictadura porque se han destruido las instituciones, hay una masacre institucional.

Soy una convencida de que el régimen de Maduro es autoritario, antidemocrático. Personalmente creo que Chávez también lo fue.

Estamos ante un gran desafío para la comunidad internacional sobre qué hacemos con estos regímenes. Es peligroso lo que está pasando en Turquía también, con 150 periodistas presos, con militantes de los derechos humanos presos. La pregunta entonces es qué hacemos con estas personas que llegan al poder, por elecciones o como sea, y después vuelcan con un relato democrático pero tienen actitudes netamente autoritarias.

-¿Cómo continuará el reclamo de Argentina?

Es verdad que no queremos intervenir en temas internos, pero no podemos quedarnos indiferentes cuando se violan derechos humanos, cuando hay niños que se mueren porque no tienen medicamentos, porque hay ancianos que no tienen qué comer. La doctrina argentina de la no indiferencia ojalá pueda ser pronto una doctrina internacional.

Estamos evaluando la posibilidad de que el UNASUR, que en algún punto fue un invento de Venezuela, tome cartas en el asunto, porque todavía no se expidió y tiene un protocolo bastante duro para cuando se rompe el régimen democrático o hay amenazas de que se rompa. Establece sanciones bastantes duras. La presidencia del UNASUR la tiene pro tempore Argentina, así que habría que analizar si podemos dentro de este organismo hacer llamados de atención. Pero para eso se necesita la unanimidad.

Creo que estamos ante una nueva figura delictiva internacional, que es si no debe considerarse como un delito de lesa humanidad no permitir, en estos casos, que haya ayuda humanitaria. Esto es lo que está haciendo Maduro hoy, porque todo el mundo quiere ayudar, pero él no deja. Además, Rusia sigue alimentando parte del régimen, y China que también tiene conexiones. El rol de ellos hay que tenerlo en cuenta, porque mientras sigan apoyando, Maduro va a seguir subsistiendo con lo mínimo.

-¿La Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, que usted preside, se ha expedido sobre el tema?

Sí, hay una declaración conjunta, consensuada con el Frente para la Victoria, que habría que llevarla al recinto. Pero hoy la crisis humanitaria y el régimen democrático han empeorado, por lo que considero que deberíamos sacar algo más duro.

-Por otra parte, ¿en qué consiste el proyecto de ley sobre “libertad religiosa” que ha enviado el Poder Ejecutivo?

Es una iniciativa que cuenta con el acuerdo de la mayoría de todos los cultos y lo más importante es que realmente profundiza en el derecho humano a la libertad religiosa que dice nuestra Constitución. Es una demanda histórica que tienen las diferentes religiones. Por eso, lo fundamental es que sea una ley de consenso y no tenga colores políticos. Para llegar a eso, propuse crear una subcomisión que lo analice, que haya reuniones con expertos, los diferentes cultos religiosos y debatir por tema por tema. La idea es ese subgrupo lo presida la diputada Elisa Carrió. El proyecto no se mete ni con la educación religiosa, ni con el mantenimiento de la religión, sino que es reconocer la igualdad de las religiones.

-¿Qué otros temas tiene en agenda la comisión?

Vamos a seguir con el Observatorio Malvinas, más ahora que están por darse los resultados de ADN de los soldados caídos, podríamos invitar a uno de los técnicos para que venga a explicar. Otro tema es el del G-20 en Argentina, aunque es el año que viene, ya ir organizándonos porque es importante que todos los partidos políticos puedan participar, además va a haber reuniones parlamentarias.

También me interesa un proyecto para un proyecto para impulsar la creación del Tribunal de los Derechos del Niño. Necesitamos un ámbito donde se puedan definir los conflictos internacionales que hay con los niños, independientemente de los padres y los Estados. Hay niños migrantes, sobre todo por la guerra en Siria, que están solos por el mundo. Eso es tremendo.

Argentina tiene que, más allá de nuestros propios problemas a solucionar, volver a participar con voz y voto y propuestas de los grandes temas del mundo: cambio climático, discriminación, pobreza, derecho a la alimentación; porque si hay muchos aspectos de la globalización en los que no se está a favor, uno tiene que interesarse e insertarse.