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Miércoles 18 de octubre de 2017
OPINIÓN
“Qué animales de m…!”
Por Pablo Galeano. El salvajismo de las personas expuesto a través de las “cinchadas” de carros tirados por caballos es expuesto en esta nota que es un llamado de atención por prácticas aberrantes.
18 de septiembre de 2017
Espero que el título le haya llamado la atención.

La frase “qué animales de m…!” es solo una -y quizás la que menos sintonía tenga con las que puedan llegar a emitir los llamados “animalistas”-, de las que han surgido como respuesta en las redes sociales ante la difusión de un video que muestra imágenes de una “cinchada” de carros tirados por caballos que no parecen haber sido registradas en el siglo XXI. Y no va destinada a los caballos, sino a otros “animales”.

En la competencia que muestra el video no se pone en juego la fuerza de equipos compuestos por personas, sino la de unos caballos que, merced a los latigazos que reciben del conductor de un carro, tiran en sentidos opuestos. Obviamente gana aquel conductor que logra arrastrar hacia su territorio al carro y al caballo opuesto.

La cinchada que protagonizan las personas es uno de los deportes más antiguos del mundo. La competencia formal reúne dos equipos cada uno de los cuales que se alinean enfrentados a ambos lados de una soga. Cada equipo intenta arrastrar al otro hasta que la marca más cercana al equipo oponente cruce una línea central.

En varios países, es considerado un deporte rural o tradicional. Y hasta existe una Federación Internacional de Tira y Afloja (TWIF) que organiza campeonatos mundiales por equipos nacionales cada dos años.

Lejos de esta práctica que llegó a ser deporte olímpico entre 1900 y 1920, se encuentra esta actividad clandestina y muy común que es la diversión que tienen los carreros (personas que se dedican a hacer tareas de recolección de residuos para reciclaje con carros tirados por caballos).

Una sensación que combina asco, pena profunda y asombro es la que produce ver cómo los carreros descargan toda su furia en latigazos sobre los lomos de los animales cuando larga la competencia. Como todo animal, el caballo tiende a escapar del dolor. Puro acto reflejo. Cuanto más dolor sienta, con más fuerza tratará de escapar. El caballo, lejos de querer ganar o de ser atraído o guiado hacia su objetivo de una manera menos salvaje, trata de terminar con el dolor haciendo fuerza hacia donde piensa que puede estar la salida de ese infierno. En las imágenes se llega a ver cómo llegan a flexionarse hasta que sus cabezas rozan el piso y cómo doblan las patas para imprimir a la acción el límite de sus fuerzas. Además, se trata de ejemplares no entrenados para realizar estos esfuerzos extremos y con pocos o nulos cuidados en materia de cuidado: mal errados o sin herraduras, desnutridos, deshidratados, sin plan sanitario al día, muchos quedan ciegos por los cadenazos, hay yeguas preñadas atadas al carro y en la mayoría de los casos sufren patologías óseas. Además están sometidos a cargar muchísimo peso diariamente.

El video, difundido en las redes, está etiquetado por Facebook con la siguiente frase “Este video podría mostrar violencia gráfica o actos sangrientos”. Es llamativo cómo Facebook puede determinar rápidamente de qué se trata y hasta avisar que puede ser bloqueado en cualquier momento y evitar así la visualización terrible de esas imágenes mientras que las autoridades municipales y nacionales no pueden o no quieren hacer nada para terminar con una práctica bárbara que es más común de lo que se puede llegar a suponer. La actividad no solamente viola los sentimientos nobles de las almas caritativas sino también varias leyes: la de protección animal y la de juego y apuestas ilegales son dos de ellas. En este sentido, los poderes judicial y ejecutivo no hacen nada en materia de ejercicio de lo que el poder legislativo en su momento sancionó con bastante criterio.

El video en cuestión, que nada tiene que ver con una ceremonia gauchesca también prohibida pero menos salvaje, se puede encontrar en https://www.facebook.com/nomastas/videos/1549241951809513/ . Se trata de una cinchada en Villa Fiorito, una localidad ubicada en el noroeste del partido de Lomas de Zamora, al sur del Gran Buenos Aires en la provincia de Buenos Aires. Su intendente es Martín Insaurralde y comparte con otras autoridades municipales de todo el país una despreocupación por un tema que es ejemplo de una Argentina que sigue viviendo como en el siglo XIX. Por mencionar otros lugares, también es vox populi que Rosario, en la provincia de Santa Fe, es una de las localidades donde es más común esta práctica. De hecho se lleva el triste privilegio de ser llamada “Capital de la Cinchada de Carros”.

Como denuncian desde la ONG “Ley No Más TAS” (Tracción a Sangre), y otras instituciones que trabajan en el sentido de erradicar la tracción a sangre, esta es una práctica relacionada con los carreros que forman parte de una economía informal en la que se utilizan burros o caballos para desplazar carros que transportan cartones o materiales de desecho y están caraterizadas por el maltrato animal.

Al respecto, Eliana Couso, titular de la ONG, advierte que "además del maltrato animal, se trata también de una problemática vinculada a índices elevadísimos de precarización laboral".

Aunque no hay un censo oficial, Couso calcula que existen alrededor de 50 mil caballos utilizados para tirar de carros en toda la provincia de Buenos Aires, y resalta que Quilmes, La Matanza y Lomas de Zamora son las zonas más complicadas.

Los animalistas muchas veces pecan de ser descreídos de la dirigencia política, dicen en algunos casos querer más a los animales que a las personas. Llegan a sostener que los seres humanos deberíamos aprender más de los animales. En síntesis, una serie de cuasi slogans que los alejan de quienes no tienen pensamientos tan radicalizados pero sí comparten similar indignación, pena y sorpresa ante algunos hechos que son muestras claras de barbaries. Pero si se tiene en cuenta que no solo se trata de una cuestión noble y justa de defensa de los animales sino que también la problemática se vincula con temas como violación a las leyes, trabajo infantil, inseguridad en materia de tránsito, economía informal vs economía formal, y hasta llegar en los casos más extremos a ser parte de la logística de distribución que utiliza el narcotráfico, es un tema que debería preocupar a todos y no solamente a quienes muchas veces despectivamente se los denomina “defensores de los derechos de los animalitos”.

Pablo Galeano es periodista