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Martes 17 de octubre de 2017
INFORMES
El Gobierno sigue apostando a Cristina
Si bien muchos peronistas quieren que la marchita se plasme en realidad en cuanto a la estrofa “todos unidos triunfaremos”, no hay indicios reales de que eso pueda llegar a suceder. Y por el contrario, con la presencia de la expresidenta en el Parlamento, el oficialismo aspira a aprovechar las divisiones que ese factor podría originar.
20 de septiembre de 2017
Aunque lo niegue una y otra vez, está claro que Cambiemos jugó buena parte de sus expectativas electorales para estas legislativas a Cristina Fernández de Kirchner. Siempre su apuesta de máxima fue que la expresidenta participara de los comicios y, tal cual se dio, que un sector interno la enfrentara, de modo tal de dividir al máximo posible el voto peronista. Por eso cuando la exmandataria y su exministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo confirmaron el 24 de junio pasado que competirían por separado, en el bunker de Cambiemos gritaron “¡bingo!”.

El recuerdo de la expresidenta le sirvió a Mauricio Macri para ganar el balotaje hace dos años y ahora para reactivar el voto que el oficialismo insiste en vincular con “el cambio”. Pero más allá de eso, ahora aspira a que CFK siga rindiéndole réditos de modo tal de mantener dividido al peronismo.

Sobre todo cuando desde diversos sectores del PJ que ya dan por descontado un resultado adverso en octubre alientan una unificación posterior a las elecciones, con el objeto de trazar una estrategia para retornar al poder en 2019, que en ese caso debería traducirse en primer lugar en ambas cámaras.

No es lo que prevé el Gobierno, más bien lo contrario. Y teniendo en cuenta que para estas elecciones se dio todo tal cual pretendía el oficialismo, debería dársele cierto crédito cuando auguran para sí mismos un futuro mejor que el actual en el Parlamento, más allá de que estará lejos de tener mayoría y siempre deberá negociar con la oposición.

Recordemos que el oficialismo se encontró al llegar al poder sin mayoría en ninguna de las dos cámaras, pero sin ser siquiera primera minoría ni en Diputados, ni en el Senado. En esta última Cámara siguió siendo siempre una minoría lejana al quórum propio, incapaz de hacer traspasar las leyes sin mediar el accionar de orfebrería de los funcionarios con gobernadores y el propio Miguel AngelPichetto. Distinto fue en Diputados, donde el otrora monolítico bloque kirchnerista comenzó a resquebrajarse rápidamente, al punto tal que al llegar el inicio de sesiones en marzo de 2016 Cambiemos ya había logrado convertirse en la primera minoría, tras unificar las bancadas oficialistas y ante la escisión de lo que dio en llamarse bloque Justicialista que redujo al FpV-PJ que encabezaba Héctor Recalde, que en un principio llegaba al centenar de miembros.

Las fugas continuaron por goteo y completó el cuadro el Movimiento Evita, con lo que el que fuera el bloque mayoritario se convirtió en segunda minoría, con 70 miembros.

Lejos de acusar el golpe que representa una nueva derrota en las urnas, la oposición peronista imagina alternativas para hacerse fuerte y hay quienes se ilusionan con una unificación de todo el peronismo para poder marcarle el ritmo al Gobierno. Es el caso del presidente del PJ bonaerense y futuro diputado nacional, Fernando Espinoza, que habla de ir a “una gran unificación de los bloques legislativos peronistas” después de las elecciones. Es un discurso que va en línea con aquello de que “dos tercios del electorado votó en contra del Gobierno”, e insisten en aliarse para “frenar el ajuste” más allá de lo que establezcan las urnas en octubre. Es también la sugerencia que emergió de la carta abierta que difundió días pasados la candidata principal de Unidad Ciudadana para el Senado por la provincia de Buenos Aires, que sugirió a toda la oposición que se encolumnara tras ella para frenar “el ajuste de Macri”.

Con el criterio de Espinoza y otros, un peronismo unido terminaría siendo mayoría en la Cámara de Diputados. En función del resultado de las PASO, sumarían los 84 diputados que podría llegar a tener el Frente para la Victoria-PJ, los 25 del interbloque Federal UNA, los 13 del bloque Justicialista, los 6 del Movimiento Evita y uno de un monobloque… Todo lo cual sumaría 129. ¡Quórum propio!

Frente a semejante demostración de fuerza, poco y nada podría hacer el interbloque de Cambiemos, que llegaría a superar por poco el centenar, más allá de ser el gran ganador de estas elecciones. Pero está claro que los peronistas que imaginan semejante panorama pecan de exceso de optimismo. Por lo pronto olvidan que fuertes diferencias generaron la división del bloque de Héctor Recalde, y que esas discrepancias persisten, sino el peronismo no hubiera ido fraccionado en tres partes en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo.

Aquí es donde entra a jugar el factor Cristina. Su llegada al Senado hace prever una división de la bancada mayoritaria, de la que ya hablaremos más adelante, y se presume que ello ejercería una suerte de efecto “espejo” en Diputados. Allí podría transparentarse en la formación de diferentes bancadas, con un kirchnerismo yendo por su lado. Con todo, Parlamentario está en condiciones de anticipar que ese eventual bloque K sería el más amplio de los que habitarán la futura Cámara baja. Si bien esto es muy variable y depende de un conjunto de factores -por ejemplo del resultado bonaerense-, 34 de los actuales integrantes del bloque FpV-PJ que tienen mandato hasta 2019 podrían ser considerados afines a la expresidenta, a los que habría que sumar 26 de los nuevos diputados que se sumarían a partir de diciembre, en caso de repetirse el resultado de las PASO. Total: 60. Un número que podría variar, sobre todo hacia abajo, pero que resulta al menos indicativo.

Ahora bien, el massismo no tiene ninguna intención de sumarse a un amontonamiento peronista, tal cual ya adelantó su líder. Más allá de que algunos de los miembros del Frente Renovador estarían tentados por volver a las fuentes, el plan del exintendente de Tigre no incluye una confluencia con la totalidad del peronismo, ni mucho menos un retorno formal al PJ, aunque sí pretenda jugar de cara a 2019 más fuerte dentro del peronismo. Su socia política Margarita Stolbizer adelantó la estrategia a largo plazo que pergeñan, que más que una confluencia peronista busca generar una alternativa “progresista” externa al partido creado por el general Juan Domingo Perón.

Convengamos también que el subbloque Frente Renovador quedará reducido a partir de diciembre. De los 23 miembros actuales, 10 deben renovar mandato y solo lo conseguiría la mitad de ellos, según se anticipa por lo que sucedió en las PASO. El resto de los socios de Unidos por una Nueva Argentina, que integran diputados del delasotismo, o el dasnevismo, por ejemplo, tampoco estarán dispuestos a compartir espacio con el kirchnerismo en pleno.

Según adelantaron diversas fuentes, los gobernadores peronistas están pensando en un armado federal que pueda equiparar las cosas en el diálogo con el Gobierno de Cambiemos. Esta es la primera vez que han tenido la oportunidad de armar sus listas, sin intervención de Cristina Fernández, ni de sus antecesores gobernadores -en el caso de los mandatarios nuevos-, de ahí que difícilmente estén dispuestos a alinearse detrás de un armado que tenga como cabeza visible y principal a la expresidenta.

Una cosa es encolumnarse detrás del que está en el poder y otra muy distinta cuando se habla desde el llano.

En ese contexto es que muchos peronistas imaginan, equidistantes al deseo del exintendente de La Matanza, un bloque peronista que aglutine a una buena parte del peronismo, sin ataduras con el pasado reciente, que podría hacer base en el bloque Justicialista que hoy preside Oscar Romero -que todo indica que a fin de año se irá pues tiene pocas probabilidades de renovar la banca-, pero donde habita también como cabeza visible Diego Bossio. A partir de ese armado se podría llegar a alumbrar una bancada de por lo menos medio centenar de diputados que sería un interlocutor válido para el Gobierno que más allá de la ilusión de Fernando Espinoza seguirá siendo la primera minoría de la Cámara baja.

Sorpresa en el Senado

Donde nunca el oficialismo se hizo muchas ilusiones fue en la Cámara alta. Pero si el vistazo no excluye el componente político, el análisis debería ser muy diferente. Si bien en el Senado las expectativas son más moderadas que en Diputados, por la magnitud del mayoritario bloque que conduce Miguel AngelPichetto, es proporcionalmente en esa Cámara donde el oficialismo tiene más por ganar. Y consecuentemente el peronismo arriesga mucho, y tal cual anticiparon las PASO, puede perder bastante.

Vayamos a los números actuales. Hasta el 10 de diciembre, el bloque mayoritario tiene 36 miembros, y expone en esta elección poco menos de la mitad, 15 escaños.

En cuanto a Cambiemos, hoy el interbloque cuenta con 15 integrantes -9 radicales y 6 del Pro- y algunos aliados permanentes, como el sanjuanino Roberto Basualdo, que en esa condición compite en estas elecciones. Expone apenas tres escaños y podría estar ganando 10, más dos aliados como el citado Basualdo y el puntano Claudio Poggi. A estos hay que sumar a otro aliado formal, Carlos Reutemann, que también fue en 2015 candidato de Cambiemos.

Si nos atenemos al resultado de las PASO, estaría llegando a 21 senadores propios, más por lo menos 3 aliados permanentes. Y si como las encuestas preliminares prevén, revierte la ajustada derrota bonaerense, sumaría a Gladys González llegando entonces a 22 senadores propios.

El detalle de la sumatoria en estos comicios incluye un radical por la minoría en Formosa; dos por la mayoría en Jujuy; uno por La Rioja; un macrista por Misiones; el mencionado Basualdo en San Juan; dos radicales por Santa Cruz y un aliado peronista más una macrista en San Luis.

Volvamos ahora al bloque actualmente mayoritario, que de los 36 miembros actuales podría bajar a 29 o 30 (según entre o no Jorge Taiana). Pasa que de los 15 escaños que arriesga, estaría perdiendo entre 6 y 7 senadores.

Las provincias donde podría ceder una representación son Buenos Aires, La Rioja, San Luis, Santa Cruz y Jujuy. En Misiones perdería dos miembros. Solo quedaría igual que está hoy en Formosa y San Juan. Esto es, no sumará ningún escaño más de los que tiene en las provincias donde se eligen senadores.

El problema para las huestes de Pichetto radica en la llegada de Cristina Fernández de Kirchner al Senado. La misma está asegurada, y resta definir si lo hará acompañada por Jorge Taiana, o bien sola. No tendrá el mismo efecto su arribo victorioso así sea por un puñado de votos como resultó en las PASO, que si resulta derrotada, pero de todos modos nadie la imagina cumpliendo el papel ausente del también expresidente Carlos Saúl Menem. Como llegue, será una referencia ineludible en la Cámara alta.

Tan seguro es ello, como inexorable parece ser que se romperá el bloque PJ-FpV, que probablemente divida conforme ambas siglas. Porque nadie imagina conviviendo bajo un mismo techo a Cristina y Pichetto, quien ya está inspeccionando alternativas para acrecentar lo que quede de su bancada.

Ya adelantó el neuquino Marcelo Fuentes que no serán ellos los que rompan el bloque, al señalar que el que se sienta “incómodo” con la presencia de la expresidenta será el que se tenga que ir. Pichetto ya le contestó. Lo hizo en el marco de una conferencia realizada en el Hotel Sheraton, donde directamente mandó a Cristina a armar su propio bloque cuando llegue al Senado. “Ha decidido conformar un partido político nuevo y no participar de la vida interna del peronismo”, dijo, como para que no queden dudas.

En caso de que esa ruptura que hoy parece inexorable se concrete, ¿quiénes son los incondicionales que permanecerían junto a la expresidenta? Se supone que la correntina Ana Almirón, la mendocina Anabel Fernández Sagasti, el mencionado Marcelo Fuentes, la rionegrina Silvina García Larraburu, los chubutenses Nancy González y Juan Mario País, la chaqueña María Inés Pilatti Vergara, la santafesina María de los AngelesSacnun y la santacruceña Ana María Ianni. Si CFK gana en la Provincia, a esa decena habrá que sumar a Jorge Taiana.

El bloque de Miguel Pichetto quedaría entonces conformado probablemente por 19 miembros, a saber: Eduardo Aguilar, José Alperovich, Inés Blas, Julio César Catalán Magni, Carlos “Camau” Espínola (si gana la gobernación de Corrientes lo reemplazará Mario Silva), María Teresa Margarita González, Pedro Guillermo Guastavino, Sigrid Kunath, José Miguel Mayans, Dalmacio Mera, Beatriz Mirkin, José “Nato” Ojeda, Omar Perotti y Rodolfo Urtubey, más el jujeño Guillermo Snopek, la riojana Florencia López y los sanjuaninos José Rubén Uñac y Cristina López de Abarca.

Hay quienes imaginan que la bancada kirchnerista podría sumar más. Son los que sugieren mirar con atención ciertas actitudes que se dan en el recinto, como la inusual -en el Senado- costumbre de poner carteles en las bancas, como sucedió en las dos últimas sesiones, pidiendo a través de los mismos la aparición de Santiago Maldonado. Como esa actitud no se dio en toda la bancada que preside Pichetto - refractario a ese tipo de cosas en el recinto-, algunos recomendaron estar atentos a quienes se plegaron como para imaginar una mayor cercanía a la expresidenta, que ha tomado la cuestión Maldonado como un tema de campaña. El núcleo duro kirchnerista puso los carteles en sus bancas, pero también lo hicieron Inés Blas, el chaqueño Aguilar y las riojanas Teresita Luna e Hilda Aguirre. Estas dos últimas no siguen a partir de diciembre, Aguilar es bastante independiente, pero habría que estar atentos a la catamarqueña Blas, cuya gobernadora Lucía Corpacci supo ser muy cercana a Cristina y tiene una relación cambiante con el Gobierno.

También la tucumana Beatriz Mirkin colocó un cartel, y su gobernador, Juan Manzur, tiene una relación en general tirante con Cambiemos. El que no puso cartel fue el chubutense Juan Mario País, que suele tener posturas más moderadas que quizá lo aproximen más a Pichetto.

Desde Cambiemos, relativizaron ante Parlamentario el tamaño que pueda llegar a tener un bloque cristinista. “Habrá sorpresas”, señaló una alta fuente.

El bloque PJ-FpV supo sumar casi 40 legisladores, pero tras pasar a ser oposición, los santiagueños del Frente Cívico se separaron para seguir desarrollando su estrategia individual, a la que suele sumarse el también santiagueño del Frente Popular Gerardo Montenegro. Igual que los misioneros: en su momento Sandra Giménez se fue del bloque de Pichetto, aunque su comprovinciano Salvador Cabral se quedó. Ambos no renuevan y se espera que a partir de diciembre representen al Frente Renovador de la Concordia Maurice Closs y “Maggie” Solari, a través de un bloque propio, tal cual sucede en Diputados.

Ante este panorama es que Pichetto se ilusiona con armar un bloque PJ propiamente dicho, al que buscaría sumar a peronistas que hoy tienen bloques pequeños o unipersonales: los salteños Juan Carlos Romero y María Cristina FioreViñuales, el cordobés Carlos Caserio y los pampeanos Norma Durango y Daniel Lovera. En ese caso podría llegar a 24 miembros. De todos ellos, Romero es el que no responde a ningún gobernador, y suele estar más cerca de Cambiemos, por lo que podría mantener su bloque unipersonal. Habría que agregar también al expresidente Carlos Menem, que fue candidato por el PJ riojano, si bien en sus 12 años como senador mantuvo un monobloque.

Lo mismo hará seguramente Carlos Reutemann, a quien Pichetto tentará posiblemente, pero difícilmente el expiloto de F1 se alinee en una bancada opositora tras haber sido elegido, como dijimos, por Cambiemos.

De tal manera, la paciencia del oficialismo podría tener su premio más temprano que tarde, a partir del hecho de que en el Senado, tal cual sucede ya en Diputados, Cambiemos podría transformarse también en primera minoría.

Como sea y aunque por uno o dos votos eso pueda no suceder, difícilmente el peronismo logre unificarse en cualquiera de las dos cámaras, y más seguro es que ya nadie tendrá una supremacía marcada en la Cámara alta donde el cuadro que surja a partir del 10 de diciembre se asemejaría mucho al reinante en Diputados.