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Miércoles 18 de octubre de 2017
OPINIÓN
El efecto “Pata” Medina, una bomba expansiva hacia todos los sectores
Por José Di Mauro. “Hay sindicalistas, políticos, empresarios y jueces que están fuera de la ley”, advirtió el Presidente, para no generalizar en el sindicalismo, pero para que todos tomaran nota. Los magistrados fueron los primeros, y es lo que altera los ánimos del resto.
1 de octubre de 2017
En los tiempos de Alfonsín había economistas que alertaban sobre la cantidad de personas que caían bajo la línea de pobreza por cada punto de inflación registrado. En rigor, el cálculo no debía ser tan lineal: cuando estalló la hiperinflación, con sus efectos devastadores, esa regla de tres simple no cabía en tales circunstancias. Tampoco cuando llegó Carlos Menem y, dominado el potro inflacionario vía convertibilidad, la estabilidad no alcanzó para reducir la pobreza a niveles razonables; con el tiempo pasó lo contrario. Y aquella regla perdió definitivamente validez cuando la deflación estuvo lejos de provocar los efectos que la relación “inflación/cantidad de pobres” podía sugerir. Por el contrario, en esos tiempos el expresidente Raúl Alfonsín sugeriría aquello de que “un poco de inflación no está mal”.

Sin estadísticas confiables, Cristina Kirchner llegó a afirmar que la Argentina tenía un 5% de pobres, mientras su ministro de Economía preferiría evitar el cálculo, “para no estigmatizar”... Mauricio Macri anunció al asumir, que uno de sus nortes sería “pobreza 0”, y cuando en la primera medición se detectó un fuerte aumento de la cantidad de pobres, sus funcionarios debieron esforzarse en aclarar que lo del Presidente no era una promesa, sino un punto de referencia.

Como sea, la incidencia de la inflación en la escala de pobreza es innegable y por eso el gobierno se confió en que una baja de la misma tendría el correlato correspondiente. Pero ninguno de los dos factores son sencillos de disminuir, ni están del todo relacionados. De hecho, los principales funcionarios suelen reconocer en público que la única manera de disminuir la pobreza es generando empleo. Y para eso son las benditas inversiones.

Con todo, celebró el gobierno la baja de la pobreza, que el INDEC cuantificó en 600.000 pobres menos correspondientes al primer semestre del año. La disminución -celebrada sin exageraciones- muestra claroscuros notorios, como un fuerte aumento de la indigencia. Esto es: los muy pobres hoy están más pobres, y los que estaban en el límite subieron un escalón. Ese límite es muy permeable y cualquier variación, por pequeña que sea, pone a miles arriba o debajo. La baja verificada es meritoria, y en la medida que la inflación pueda contenerse, los brotes verdes se expandan y el empleo se consolide, seguirá pronunciándose, pero hay un límite difícil de doblegar. Ahí actúa otra regla: a mayor pobreza, más difícil salir, pues representa reformas estructurales, y mucho más que un crecimiento sostenido. Y a medida que pasa el tiempo, la brecha se estira.

De más está decir, de todos modos, que la disminución del nivel de pobreza fue muy celebrada en la intimidad del Ejecutivo, que al mismo tiempo recibió la noticia de una expansión del 5,1% de la industria y un 13% de la construcción en agosto. Datos más valiosos aun cuando la campaña ingresa en sus últimas semanas. Es por eso que los candidatos oficialistas no hablan: no hace falta y, en todo caso, es un riesgo. Los únicos que lo hacen son el Presidente y, por ahora en cuentagotas, la gobernadora Vidal, que ya tendrá su raid mediático en el sprint final, como ya adelantamos. Y Elisa Carrió, obvio, a quien nadie va a venir a imponerle las características de su campaña.

La oposición habla, pero es como si no… Fuera de Unidad Ciudadana, el resto se limita a esperar cuántos de los votos que lograron en las PASO logran retener. Ninguno se imagina sumando más que en agosto.

En el kirchnerismo tampoco son optimistas. Las encuestas bonaerenses la dan a Cristina debajo de Esteban Bullrich. Pasa como en 2015, cuando Daniel Scioli tenía una ventaja considerable y la duda era si le alcanzaría para ganar en primera vuelta; pero cuando eso no sucedió y la cosecha resultó más austera de lo previsto, las expectativas se revirtieron completamente para el balotaje y ahí fue que el gobernador bonaerense se transformó, y hasta quiso debatir con su rival. En este caso, se habla de entre 1 y 4 puntos de diferencia. Algunos se animan a decir que pueden llegar a ser 6; parece mucho.

En ese contexto no debe sorprender que -cual Scioli en 2015- Cristina Kirchner mutara súbitamente su mudez de las primarias en un protagonismo singular, a fuerza de reportajes periódicos y actos junto a intendentes propios, en municipios populosos en los que ya ganó y busca crecer más. Hace una semana, salió a buscar el voto joven en un acto en Ensenada, el municipio del ultra K Mario Secco. Allí les advirtió a los jóvenes sobre un interés oficial en criminalizarlos, les aseguró que “no necesitan que nadie les dé clases”, y respaldó enfáticamente la toma de colegios… Un tema que difícilmente le atraiga votos que no tenga, y que al terminar la semana quedó marcado por el escándalo del abuso sexual durante la toma en el Nacional Buenos Aires.

A su vez, las entrevistas tienen sus riesgos, bien lo sabe, y si bien se muestra blindada ante los puntos más cuestionables de su gestión, no logra evitar trastabillar. Como cuando ante Chiche Gelblung -en una nota que la dejó más que satisfecha- dejó expuesto su talón de Aquiles al culpar al motorman por la tragedia de Once, rechazando cualquier responsabilidad del Estado. De su gobierno. Los que ya la votan podrán maravillarse de que cuente que se pinta las uñas solas y le guste el puré de calabaza, pero para llegar al resto hubiera sido mejor una autocrítica por semejante desastre, que además volvió a las primeras planas con Julio De Vido sentado por primera vez en el banquillo, precisamente por esa tragedia. Un juicio oral que será largo, pero que tiene destino de condena.

Aunque esa no es la única preocupación del exministro, pues por la causa Río Turbio el fiscal Germán Moldes pidió su desafuero y detención, y ahora se espera que la Cámara Federal resuelva. Sería muy fuerte ver a un verdadero peso pesado de la era K tras las rejas de manera inminente, aunque previamente deberían alcanzarse los dos tercios en la Cámara baja. Lo que adelantamos en esta misma columna la semana pasada respecto a “los primeros presos” que comenzarían a registrarse próximamente podría tomar forma de manera inminente.

Otro peso pesado, pero del sindicalismo, daba la nota esta semana en una jornada que tuvo todos los aditamentos de una crónica violenta, con amenazas de “prender fuego a la Provincia”; afortunadamente no terminó en refriega, sino con el célebre “Pata” Medina y parte de su familia presos. Algún punto más sumó Cambiemos para el 22 de octubre con esa saga protagonizada por un hombre muy vinculado a los gobiernos peronistas.

Fue para muchos un botón de muestra que sirvió para exhibir ante atribulados dirigentes sindicales que tomaron nota de un listado de quienes podrían correr la misma suerte, tal vez con menos espectacularidad. Víctor Santamaría, el líder del gremio de los encargados de edificios y dueño de un holding mediático muy opositor al gobierno, además de ser presidente del PJ porteño, figura en esa nómina. Pero antes está José Burgos, el líder de la UOCRA en Bahía Blanca, señalado directamente por la gobernadora María Eugenia Vidal, que advirtió que allí se vive algo parecido a lo que generaba Medina.

Envalentonado, el presidente Mauricio Macri habla de “mafias” y “comportamientos mafiosos”. Ante la zozobra imperante en el sindicalismo, debió salir a poner paños fríos aclarando que “la mayoría” de los gremios no forman parte de las mafias a las que “estamos tratando de erradicar”. El embate surtió efecto. El sindicalismo, conocedor del pulso electoral, tomó nota de lo sucedido en las PASO y más allá de donde está situado su corazón, ya diagnostica que en octubre las cosas no van a variar, más bien lo contrario. Y ya nadie habla de paro, ni de la reforma laboral. Los cambios gremiales que promueve el gobierno se vislumbran de manera sectorial, tal cual ya adelantamos y prefiere Macri.

“El mal comportamiento está en todos los sectores; hay sindicalistas, políticos, empresarios y jueces que están fuera de la ley”, acotó por estos días el Presidente, entre uno y otro acto que lo tuvieron como protagonista central en esta campaña en la que el gobierno se imagina ganando en Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Resultados que por más que no se traduzcan en una mayoría legislativa, representarían una influencia contundente no solo en el plano político, sino también sindical, empresarial y, particularmente, judicial.