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Martes 12 de diciembre de 2017
OPINIÓN
Norma - lidad
Por Carlos Fara. Con la sensación de que el resultado de octubre está cantado y que “esto viene de 8 años”, al Gobierno el panorama le sonríe. Los debates no saldados.
1 de octubre de 2017
¿Por qué esta fase eleccionaria va a ser de bajo volumen? Porque esa es la estrategia del gobierno, que preferiría que mañana sea el domingo 22 para que se vote y consolide su proyecto, sin más dilaciones.

Como dijimos hace un mes en esta columna (“Cambiemos 2019”), el mundo del poder ya da por descontado un triunfo en la elección general y se ha vuelto un lugar común escuchar que “esto viene de 8 años”. Eso lo asumen varios actores electorales, lo cual debilita inconscientemente su capacidad de lucha y sus creatividades estratégicas.

Ahí empieza un círculo vicioso para ellos: conciencia de que no poder hacer mucho más, falta de adrenalina que enciende las luces mentales, resultados que no progresan.

Para el Gobierno, en cambio, las noticias le sonríen: los indicadores económicos mejoran, las expectativas de la sociedad avalan, las causas judiciales contra funcionarios K progresan, la mayoría del sindicalismo levantó la bandera blanca, el empresariado se convenció de que esto no tiene vuelta atrás, se está haciendo la luz sobre el caso Nisman, etc. No es que esté exento de problemas, pero sí está en uno de sus mejores momentos políticos: existe consenso sobre que le va bien. Eso hace que se hayan diluido los debates entre funcionarios M y el círculo rojo respecto de cómo están haciendo las cosas.

Uno de los principales defectos que venía arrastrando el gobierno nacional en estos 20 meses pre PASO eran los llamados “errores no forzados”. El caso del Correo, la comunicación de los aumentos de tarifas, la quita de pensiones por discapacidad, el cambio en el régimen de feriados, las idas y vueltas con la baja del impuesto a las ganancias fueron las polémicas más notables, las cuales se podrían haber evitado con un manejo más sabio, político y comunicacional.

Salvo los cometidos últimamente alrededor del caso Maldonado, se podría decir que la tasa de yerros de magnitud pública ha disminuido. Quizá sea cierto que el gobierno estaba aprendiendo, y que eso iba a rendir frutos en algún momento.

Otros debates no se han saldado, pero han quedado anestesiados de momento. Uno clave es la política de altas tasas del Banco Central con aval del Ejecutivo. Con los indicadores económicos que van apareciendo, Sturzenegger se ríe de los que decían que así la economía no se iba a reactivar. Esa discusión no está zanjada en absoluto. Que hoy tenga bajo volumen no implica que no estalle en algún momento, incluso dentro del gobierno, detonado por otra polémica: el nivel de endeudamiento.

Mientras tanto en Ciudad Gótica el gobierno...

1. sigue extendiendo la cadena de la felicidad vía expansión del crédito, mirando sobre todo a la clase media; y

2. se apropia de banderas ajenas para correrse al centro y combatir la estigmatización de gobierno para ricos: el anuncio del impuesto a la renta financiera va en esa dirección (propuesta sistemática de Massa, que ni el kirchnerismo aplicó).

Con todo este cuadro, el gobierno parece estar ganando una primera batalla cultural: la que dice que en tiempos de campaña no tiene por qué haber profundos enfrentamientos políticos y afectar el buen curso de la economía. Claro que no hay ingenuidad: esa tendencia cultural favorecería sobre todo al mismo oficialismo.

Que se imponga la norma – lidad en todos los aspectos.