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Martes 17 de octubre de 2017
OPINIÓN
Muchachos: Perón hubo uno solo
Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional entiende que la sociedad necesita reconciliarse con la figura del general para retomar el camino del desarrollo sostenido.
11 de octubre de 2017
En estos momentos de enfrentamientos entre hermanos hay que retomar los caminos de la patria, desde la racionalidad política y desde la prudencia, virtud cardinal que nos ayude a elegir el camino correcto. Y para enfrentar con éxito el actual desafío se necesita conciencia nacional.

Así como la conciencia moral le ordena a cada persona practicar el bien y evitar el mal, la conciencia nacional nos ordena cultivar la patria honrando al pueblo que la conforma y construye. Se honra al pueblo gobernando con humildad, haciendo cumplir la ley, creando trabajo, garantizando la libertad con seguridad, defendiendo la soberanía sin claudicaciones.

Los argentinos cometimos errores suficientes. Es hora de que hagamos un oportuno examen de conciencia. Los progresistas insisten con sospechosas autocríticas que sólo sirven para endilgarles a otros los males argentinos. La autocrítica devenida en autodestrucción jamás deja enseñanzas vitales. En cambio, el examen de conciencia nos obliga a reconocer las faltas y nos insta a arrepentirnos para perdonar y ser perdonados.

Los años sin Perón han sido décadas de perpetuo debate superficial y de oportunidades perdidas. Se dejó de escuchar la voz de la patria. Perón la escuchaba, por eso ponía un oído en el pueblo, cuya palabra, a su entender, era la música más maravillosa.

Después de 18 años de exilio, Perón vino a pacificar los espíritus, a sembrar la concordia y a decirnos que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino. Vino el Perón estadista, el general descarnado, el león herbívoro. Vino a ofrecer su testamento político plasmado en el modelo argentino para el proyecto nacional. Vino a abrazarse con Ricardo Balbín para fortalecer la democracia y la pluralidad de opiniones. Vino a unirnos por sobre las disidencias circunstanciales. Sin embargo, apenas murió, el egoísmo y la incomprensión fueron más fuertes que su legado de paz y felicidad. Entonces, se desató la guerra fratricida y todos caímos en el abismo.

Recordemos que un 12 de octubre de 1492, un genial navegante español avistó el primer pedazo de tierra americana, desvelando a los ojos de la vieja Europa las maravillas de un nuevo mundo. Pese a que la presidente Cristina Kirchner cambió el nombre de Día de la Raza, denominándolo el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”, decisión realmente desacertada, ya que al rebautizar esta fecha se estaría despreciando la historia, que con tanta sangre y sacrificio constituyeron los pilares irrenunciables de nuestra nacionalidad. Muchos militantes del movimiento nacional, hoy todavía dispersos y cansados de ver tergiversada hasta la historia más cercana, sostenemos con firmeza al 12 de octubre, como “el Día de la Raza”, instituido por el expresidente Yrigoyen, reafirmado por Frondizi y ratificado por Perón, al decir de este último, “nuestro porvenir esta enraizado en el pasado”.

Perón hubo uno solo, que en distintas etapas condujo distintas tácticas al servicio de una estrategia unívoca: devolverles el poder argentino a los argentinos. Viejo y cansado, domó cuanto potro le presentaron y les ganó las partidas más complejas a los enemigos más complicados. Su inteligencia superior supo vislumbrar en la trágica década de los 70 los caminos de la patria...

Hay que tener coraje y ante su tumba gloriosa pedir perdón por tantos errores cometidos, y luego de ese perdón colectivo, retomar los caminos de la patria. Entonces sí renacerá el viejo peronismo, núcleo del movimiento nacional, al que muchos pertenecemos, íntegro y leal a sus orígenes, a su conductor inmortal y a la historia grande que escribe el pueblo cada día y para todos los tiempos.