BUSCAR FACEBOOK TWITTER
Miércoles 22 de noviembre de 2017
OPINIÓN
Tan cómodo se siente Macri que hasta habla de “flexibilidad”
La penúltima semana previa a los comicios que vislumbra con las mejores perspectivas, tuvo para el gobierno datos alentadores. El Coloquio de IDEA fue un escenario servido para lucirse, pero el número inflacionario volvió a representar una nota negativa y la certeza de que doblegar ese mal será arduo.
14 de octubre de 2017
Por José Angel Di Mauro Cuando Lionel Messi anotó su segundo gol en la altura de Quito, Mauricio Macri sintió que se estaban despejando los nubarrones de los que incluso desde este mismo espacio habíamos advertido una semana atrás. No fuimos los únicos que especularon con la posibilidad de que la eliminación argentina del Mundial de Rusia pudiera ser un cisne negro que alterara el tránsito cómodo del oficialismo en esta etapa de la campaña electoral.

No es que fuera a perder las elecciones por un resultado futbolístico adverso, pero bien se sabe de la importancia del buen ánimo colectivo para cualquier gobierno. Y ni qué decir del previsible malhumor social para el año próximo por ver un Mundial por TV sin la más mínima expectativa.

En rigor, las buenas noticias arrancaron dos días antes, con las elecciones correntinas, donde Cambiemos disfrutó el éxito del aperitivo electoral. No hubiera sido un buen augurio para el oficialismo perder una de las pocas provincias que gobierna y, por el contrario, se dio el gusto de asestarle un nuevo golpe al peronismo, de cara a su búsqueda de recomposición hacia 2019. Carlos “Camau” Espínola era un buen candidato y había recibido días antes el respaldo del gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, quien piensa ser el primer dirigente peronista en lanzar su precandidatura presidencial después del 22, en representación de los que reclaman una renovación en ese partido.

Junto al medallista olímpico perdió “Nito” Artaza, cuyo resultado remitió a un doble traspié: del massismo, al que representará el 22 como candidato a diputado nacional -sin posibilidad alguna de resultar electo-, y del radicalismo disidente, que en Capital Federal va a los comicios aliado a un Martín Lousteau que ni siquiera en el debate de candidatos en TN logró asomar la cabeza del pozo electoral en el que ha caído. El humorista -que supo cultivar en su pasado senatorial una buena relación con Julio De Vido- deberá replantearse su futuro político después de sucesivos tropiezos.

Y ya que mencionamos a Lousteau, y su experimento ECO, devenido en Evolución, sus aliados en la Ciudad están recalculando, habida cuenta del resultado electoral en el distrito. Ya hubo señales en la última sesión de la Legislatura, donde a diferencia de lo que venían haciendo en los últimos tiempos, se alinearon con el PRO para votar en primera lectura la reubicación del Tiro Federal. Rodríguez Larreta necesitará más señales para reconsiderar la idea de enviarlos al desierto.

Lo que no resultó sorpresa para el gobierno nacional fue la buena estrella que lo acompañó en el Coloquio de IDEA, donde esta vez la oposición ocupó un papel secundario, correspondiendo el total protagonismo a Cambiemos. Sus principales dirigentes fueron las figuras centrales de las tres jornadas: María Eugenia Vidal en la apertura, Marcos Peña el segundo día y Mauricio Macri en el cierre del cónclave empresario al que el kirchnerismo se vanaglorió de ignorar puntillosamente cada año.

“El cambio vino para quedarse”, fue la síntesis esbozada por el omnipresente jefe de Gabinete, que habló desde la convicción del triunfo electoral que todos dan por descontado. El empresariado, a su vez, mostró su entusiasmo por esas perspectivas que ya anticiparon las PASO. Deberá repensar el gobierno su intención de eliminar las primarias después de semejante beneficio brindado.

Habrá que ver si esa alternativa figura entre las reformas que el gobierno pretende impulsar en el Congreso para los próximos meses. Presente en IDEA, el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, habló como quien seguramente será ratificado en el cargo, a pesar de que no faltaban quienes lo imaginaban fuera -en alguna embajada-, después de haber sido marginado en la campaña. El hombre de Carlos Tejedor ya tiene en mente cómo serán los próximos meses a nivel legislativo: con el tratamiento de proyectos pendientes y consensuados después de las elecciones; las leyes económicas en extraordinarias, con la nueva composición del Congreso; y una primera mitad del año destinada a las principales reformas que el gobierno se propone. Así hasta el Mundial, que como siempre impone una suerte de virtual receso parlamentario. Al menos hasta esa fecha está asegurado el efecto del resultado electoral.

Sin dudas abre interrogantes el papel que en ese Congreso representará Cristina Kirchner. Dependerá en principio de la manera como llegue. Una cosa es ganando aunque sea por un voto, otra perdiendo, y una tercera alternativa representaría perder por gran diferencia. Hoy los propios kirchneristas admiten que están abajo en las encuestas, que algunos oficialistas imaginan con cierta holgura. No es lo que dicen en el búnker bonaerense de Cambiemos, donde insisten en hablar de “apenas 2 puntos de ventaja”, lo cual no es garantía de festejo anticipado. En una semana se sabrá cuanto de verdad y cuanto de estrategia hay en esa previsión.

Habrá que ver cuál es la situación judicial con la que llega Cristina Kirchner al Senado y si la misma le genera complicaciones a la hora de tomarle juramento. Por lo pronto, en esta última semana se conoció su citación a indagatoria por la causa que más la incomoda, la impulsada por el fallecido fiscal Nisman por encubrimiento del atentado a la AMIA. Así lo dispuso el juez Claudio Bonadio para la semana siguiente de las elecciones, y suele decirse que cuando ese magistrado cita a indagatoria, ya tiene escrito el procesamiento. A Bonadio dedicó la expresidenta toda la introducción de la conferencia de prensa a la que sorpresivamente convocó el martes pasado en el Instituto Patria, en la que difundió un video fustigando a ese magistrado, mostrando además en un pasaje y con intencionalidad manifiesta al jefe del bloque de senadores, Miguel Pichetto, defendiendo el acuerdo con Irán. El rionegrino será el gran rival de Cristina en los próximos tiempos, a partir de su desembarco en el Senado.

Pichetto anduvo también por el Coloquio de IDEA, compartiendo panel con Diego Bossio, referente del bloque Justicialista -que será una suerte de arca de Noé para el futuro peronismo parlamentario-, y quien en su exposición adelantó que “después del 22 nace una oposición distinta”. Habrá que ver qué piensa Cristina al respecto.

Una señal de los nuevos tiempos que auguran las elecciones la dio también la presencia de numerosos sindicalistas en el cónclave empresarial marplatense. Hábiles como pocos para anticipar la dirección del viento, los gremialistas dijeron presente en un ámbito en el que recurrentemente se insistió con un tema que los desvela: la reforma laboral. En su discurso el Presidente, que había mandado a sus candidatos a no hablar del tema en la campaña, no se privó de dar señales sobre el tema: al menos tres veces mencionó la palabra “flexibilidad”, y advirtió que Brasil “ha puesto la vara muy alta”, aunque en este caso se refería a la justicia y no a su reforma laboral. Aunque la frase también cabría en ese sentido.

No todas fueron buenas para el gobierno. Muy por el contrario, el índice de inflación revelado por el INDEC fue una muy mala noticia, porque contrasta con la expectativa oficial de tenerlo encarrilado para esta última parte del año en el orden del 1%. Fue casi del doble, superando incluso las marcas de la medición de la Ciudad de Buenos Aires y en tres décimas la del IPC Congreso, que miden y difunden los diputados massistas con sus aliados y el socialismo.

Para amplificar el impacto, el dato de septiembre marcó el quiebre de la meta del 17% propuesta por el gobierno. Habrá que ver cómo impactan las subas de tarifas de gas y electricidad previstas para diciembre, para imaginar que la medición anual estará por encima del 20%.

Mal presagio para las negociaciones paritarias, en momentos en que el gobierno deja ver su deseo de que para el año que viene la misma ronde el 10%. En rigor, en charlas informales el Presidente deslizó su deseo de que la negociación ronde entre el 9 y el 11%, con un tope de 12. La provincia de Buenos Aires, que ya ha convocado a sentarse a negociar en noviembre, piensa plantarse en 10, dato que a la gobernadora ha molestado mucho que trascendiera, pero es real. Es lo mismo que piensa ofrecer Rodríguez Larreta en la Ciudad. La cláusula gatillo es la herramienta para destrabar rechazos anticipados a un número destinado a desalentar expectativas inflacionarias.