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Viernes 17 de noviembre de 2017
OPINIÓN
Una victoria contundente que agravó la crisis del peronismo
Cambiemos logró imponerse en los principales distritos del país, algo que el PJ nunca logró. Un gran aval, que es un desafío para el gobierno. El panorama crítico que se le plantea al peronismo.
23 de octubre de 2017
Por José Di Mauro

Los resultados de estas elecciones remiten a un antecedente que acumula más de 30 años: los comicios de 1985, primavera alfonsinista, cuando un gobierno no peronista se imponía, como este domingo, en los principales distritos del país.

Podrá decirse que la exitosa elección de este 22 de octubre había sido anticipada por las PASO de agosto, cuando ya el oficialismo hizo una gran elección en todo el país, pero sobre todo logró equilibrar la puja en la provincia de Buenos Aires. La madre de todas las batallas, despertaba la máxima atención y era capaz de eclipsar la victoria que los estrategas de Cambiemos esperaban en los principales centros urbanos. Por eso fue que, camino a las elecciones de agosto, el presidente Mauricio Macri ensayó una retirada táctica dejándole todo el peso de la campaña a María Eugenia Vidal. Mientras la gobernadora se ocupó de ser la cara visible de Cambiemos en la Provincia, el Presidente hizo campaña en el interior, donde su imagen rinde mucho más que en el hostil conurbano bonaerense.

El resultado extremadamente equilibrado en la provincia de Buenos Aires se convirtió en un triunfo pírrico de Cristina Fernández de Kirchner. Quedó claro entonces que esos veinte mil votos de ventaja podían haber significado su techo. Fue la razón por la que al día siguiente de las PASO la expresidente salió a pedir el voto del resto de la oposición, por ser ella “la única que podía frenar el ajuste”. Obviamente su mensaje estaba dirigido a los otros candidatos peronistas, Sergio Massa y Florencio Randazzo. Sus votantes no atendieron la convocatoria de CFK.

Como dijimos, el resultado de este 22 de octubre remite al de 1985, pero si bien la derrota del peronismo fue aún más extrema esa vez -el PJ solo se impuso en La Rioja y Formosa-, hoy propios y extraños advierten que el peronismo podría estar en una situación más grave que la de entonces, a pesar de gobernar 17 provincias.

Ningún dirigente justicialista salió bien parado este domingo. El gobernador salteño Juan Manuel Urtubey tenía previsto lanzar inmediatamente después de esta elección su candidatura presidencial. Es seguro que mantendrá esas expectativas, pero por lo pronto deberá tomarse un tiempo para elaborar la inesperada derrota sufrida a manos de Cambiemos.

Aquellos destinatarios del pedido de Cristina, Massa y Randazzo, tuvieron performances bien distintas. Sus votos no fueron a nutrir a Unidad Ciudadana, pero el exministro del Interior y Transporte puede reivindicar haber retenido prácticamente todo el porcentaje alcanzado en las PASO. Contra lo que le anticipaban algunos, no se diluyó en esta elección; no lo pasó la izquierda.

El caso del exintendente de Tigre es más complicado, pues mayores eran sus expectativas, aunque después del resultado de agosto las mismas habían menguado demasiado. Previsiblemente, los votos que perdió fueron a Cambiemos, y ni siquiera pudo ser profeta en su tierra: salió tercero en Tigre. A nivel municipal, también ganó ahí Cambiemos.

El peronismo sufrió una sorpresiva derrota en La Rioja, donde el expresidente Carlos Menem no pudo revalidar sus pergaminos y perdió por tres puntos. Otra sorpresa fue la caída justicialista en el Chaco, y ni qué hablar de Jujuy, donde quedó tercero en el rubro diputados, siendo desplazado por la izquierda.

De los justicialistas ganadores, solo quedan el inoxidable Gildo Insfrán y el tucumano Juan Manzur, que desde 2015 puede vanagloriarse de ser el jefe del principal distrito en manos del peronismo. Imposible pensar que la reconstrucción partidaria pueda estar encarnada en ellos. Y de la nueva guardia, el ascendente Sergio Uñac, gobernador de San Juan, que logró una victoria por más del 50%, pero su nivel de conocimiento nacional es mínimo y la cantidad de votos que acumula es menor a la que puede mostrar un intendente del Conurbano.

Votos son los que tiene, obviamente, Cristina Fernández de Kirchner, que finalmente perdió este domingo el invicto electoral que acumulaba desde 1989. Si bien sus propias encuestas la mostraron siempre detrás de Esteban Bullrich, el cristinismo imaginaba un panorama bien distinto para este domingo. Habían armado en los días previos un discurso encaminado a fraude en caso de derrota, y esa posibilidad creció cuando el domingo temprano mostraron el centro de cómputos propio que habían armado en el Instituto Patria. Finalmente eso no sucedió: el escrutinio fue sorprendentemente rápido y nunca Unidad Ciudadana pudo acortar la distancia.

Con todo, la expresidenta piensa en el futuro y en el contexto que acabamos de describir hará valer sus pergaminos al advertir a sus pares justicialistas que nadie puede mostrar los más de tres millones de votos que ella ayer obtuvo. Con ese objetivo advirtió desde el escenario de Arsenal de Sarandí que Unidad Ciudadana debe ser “la base de la construcción de la alternativa a este gobierno”.

No era este panorama el que esperaban encontrar los gobernadores peronistas cuando se ilusionaban con dar este domingo vuelta la página del kirchnerismo, pero con un panorama interno más fértil.

Lo que viene en el futuro inmediato se verá en las próximas semanas, cuando comience en el Senado la pulseada entre Miguel Angel Pichetto y Cristina Kirchner. Será para alquilar balcones.

La otra vereda

En cuanto al gobierno, tuvo su domingo soñado. Con victorias en los principales distritos donde se había impuesto ya en las PASO, a las que sumó Buenos Aires y Santa Fe, distritos donde a partir de lo sucedido el 13 de agosto imaginaban posible dar vuelta el resultado. Y así fue.

Pero añadieron triunfos resonantes como el que tuvo lugar en el Chaco -duro traspié de Domingo Peppo, otro de los ascendentes gobernadores peronistas-. Casi dan la nota en Chubut, siendo la Patagonia un territorio bastante refractario para Cambiemos, y por apenas dos décimas no consiguieron imponerse en Tierra del Fuego, donde se ilusionaban también con ganar.

Por apenas dos décimas no consiguieron imponerse en Tierra del Fuego, donde se ilusionaban también con ganar.

Ratificaron el triunfo de las PASO en Neuquén ante el hasta ahora imbatible Movimiento Popular Neuquino, pero no lograron mantener la victoria de agosto en La Pampa. Igual, allí fue voto a voto y el vernismo se impuso por apenas 3 décimas.

Lo que sí lamentó Cambiemos fue no haber podido mantener el resultado en San Luis, donde por primera vez los Rodríguez Saá habían perdido una elección, y por mucha diferencia. Este domingo lo dieron vuelta, y el resultado para el oficialismo es más agrio porque la derrota implica haber perdido un senador que ya daban por ganado.

Compensaron ese traspié con el triunfo en La Rioja, que les permite tener dos senadores por la mayoría.

Donde repitió Cambiemos la gran victoria de las primarias fue en Ciudad de Buenos Aires, aunque el resultado dejó sabor a poco. Porque en base a las encuestas previas se habían ilusionado con superar ahora largamente el 50% de los votos, y terminaron prácticamente repitiendo el resultado de las PASO. Claramente la responsabilidad en este caso se la asignaron a Elisa Carrió y sus expresiones sobre Santiago Maldonado. Si bien ganó con amplitud, la líder de la Coalición Cívica debe haber perdido en los últimos días los votos que les venía sacando a Martín Lousteau y Matías Tombolini, que deben haber vuelto a su origen.

Hacia adentro de Cambiemos, el radicalismo resulta fortalecido. Su poder territorial se hizo notar en la victoria que el oficialismo pudo alcanzar en el interior del país. Con todo, el PRO puede reivindicar los resultados de La Pampa y Córdoba, otro de los distritos de un peronista derrotado, Juan Schiaretti.

El presidente Mauricio Macri emerge claramente fortalecido de esta elección de medio término, en la que alcanzó un resultado envidiable a pesar de la dura situación económica de estos dos años, que recién en los últimos meses pareciera mostrar cierta mejoría. El desafío para los próximos dos años de mandato es emprender las reformas drásticas que viene demorando por haber llegado al gobierno con un poder menguado. Ahora lo tiene. Debe demostrar que sabe administrarlo.