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Miércoles 22 de noviembre de 2017
ENTREVISTAS
“El Gobierno ve el costo laboral como un problema”
Facundo Moyano rescata el diálogo de la CGT con el Gobierno por la reforma que se viene, aunque avisa que el peronismo “no va a permitir” ciertos cambios. Denuncia que “todo apunta a la flexibilización” y pone el énfasis en los controles laborales a cargo del Gobierno. Las diferencias en el movimiento obrero, el balance electoral y su labor parlamentaria, en una completa charla con parlamentario.com.
3 de noviembre de 2017
Por Carolina Ramos

Facundo Moyano sale molesto de la Sala 5 del Anexo. Una vez más, el oficialismo le vació la Comisión de Transporte, donde tiene trabados varios de sus proyectos. En su despacho, al menos cuatro asesores lo rodean. Las paredes, amarillas, delatan que el legislador metió mano en la oficina. “No es por el Pro”, aclara. Son días convulsionados por las amplias reformas que presentó el Gobierno. Lógicamente, los cambios en el régimen laboral mantienen en alerta al movimiento obrero. “Todo apunta a la flexibilización”, observa el diputado del Frente Renovador, aunque se para en la senda del diálogo entre la CGT y el Gobierno.

- A partir de los detalles de la reforma laboral que ya han trascendido, ¿qué visión tiene a nivel general?

- A priori, son puntos que, si bien están sujetos a discusión, yo no aceptaría. Tengo una participación comprometida y dinámica en la Comisión de Legislación del Trabajo, y sabemos que muchas de las cosas que se presenten con este bosquejo de reforma tendrían oposición dentro de esa comisión.

- ¿Ve un intento de flexibilización?

- Todo indica que el Gobierno apunta a eso, que ve el costo laboral como un problema. El costo laboral no sólo es el salario, sino las cargas que tiene. Hay muchas otras cosas que discutir, que hacen al producto terminado, como el costo logístico y el peso impositivo. Es decir, no es sólo la cuestión salarial. Sabemos que hay mucho por debatir, y como oposición vamos a estar predispuestos y abiertos. Pero por supuesto que no vamos a aceptar ninguna flexibilidad laboral ni nada que perjudique al trabajador. A la hora de resignar, creemos que hay sectores que deben resignar antes que el trabajador. Si bien todos creemos que el país necesita inversiones, los principales argumentos que ponen los inversores extranjeros a la hora de poner dinero en Argentina son la inflación y la falta de seguridad jurídica. O sea, no hacen referencia al costo laboral, aunque sabemos que el salario mínimo en Argentina está por encima en la región.

- El presidente insiste en combatir la “mafia” de los juicios laborales. De hecho, en la reforma propuesta se reduce de dos años a uno el plazo para iniciar una demanda. ¿Coincide en este diagnóstico?

- En muchos casos falta información, porque realmente no sabemos cuál es el costo real que eso tiene en las compañías. Cuando uno toma como referencia cuánto es la ganancia de las empresas en Argentina, vemos que está por encima de la media internacional. Si una empresa afuera tiene un 6, 7, 8% de ganancia, acá tiene 20%. Por eso es muy difícil abordar la cuestión del costo empresario.

- Pero Macri se refiere, sobre todo, al costo para las pymes…

- En ese caso creo que está bien discutir un régimen especial para que puedan desarrollarse. Sabemos que las pymes son las que generan el mayor nivel de trabajo en Argentina. Hemos impulsado muchas iniciativas y la defensa del sector productivo pyme es una de nuestras prioridades. Este sector necesita facilidades, pero que eso no implique que el trabajador tenga que resignar.

- ¿Qué opinión tiene del blanqueo, en el formato con que lo quiere implementar el Gobierno?

- Lo que se ve es la falta de compromiso empresario. Tener un trabajador no registrado es cometer una ilegalidad. El empleador que tiene un trabajador en negro está cometiendo una ilegalidad. Pero la realidad es que más allá de lo que nosotros podamos legislar -con una economía informal de casi el 40%- para promover el trabajo registrado, lo que hace falta es un compromiso y una decisión política de ir por los controles. Nosotros podemos sacar 100 leyes, pero si después no hay un control efectivo para que los empleadores que incurren en esa ilegalidad paguen lo que tengan que pagar, va a ser muy difícil. El cumplimiento de las leyes y la facultad de sancionar y de multar es del Poder Ejecutivo. Por supuesto que también hay otros actores: la parte sindical puede, de alguna manera, complementarse en ese control. Pero, ¿quién tiene el poder de policía del trabajo? El Ministerio de Trabajo. Entonces, no se puede responsabilizar a los legisladores, ni siquiera a la parte sindical. Nosotros podemos sacar una ley hermosa, pero si no hay un cumplimiento efectivo de esa ley, de nada sirve.

- Otra de las “patas” de la reforma es la rebaja gradual de aportes patronales, ¿es una receta útil?

- Cuando se discutió el año pasado la ley de empleo joven, vino el ministro de Trabajo y ya había un plan de modificación progresiva de las contribuciones patronales para beneficiar la contratación de empleo joven. Pero la realidad es que la experiencia que tenemos, tanto de los ’90 como del gobierno de (Fernando) De la Rúa, ha demostrado que eso no es efectivo. Incluso con el kirchnerismo se intentó, y tampoco fue efectivo. Se trata de lo mismo: podemos sancionar una ley, pero debe haber un control, y el control es una decisión política. El Gobierno tiene que castigar a los que incurren en la ilegalidad.

- Macri amenaza con un ajuste en el empleo público, ¿cree que hay que achicar por ese lado?

- Es llamativo escuchar al presidente hablar de esto, porque este gobierno justamente aumentó el nivel de empleo público, cosa que había criticado mucho del gobierno anterior. Cuando hace cuatro años no se generaba empleo en la actividad privada, la crítica era que el gobierno compensaba con la generación de empleo público y agrandaba el Estado. Lo llamativo es que desde que asumió el gobierno de Macri, han aumentado los empleados del Estado.

- ¿Eso es un problema?

- Yo no lo veo como un problema. El problema no es la cantidad de empleados: el problema es que el Estado no sea eficiente, que aumentando la cantidad de empleados haya más burocracia, que no funcionen determinadas áreas.






Moyano habla distendido. Cada tanto, chequea su celular. En los últimos tiempos, tuvo que acostumbrarse al llamado de productores que no pertenecen, justamente, a medios políticos. A su izquierda hay dos enormes cuadros. Uno, en blanco y negro, es la histórica foto del renunciamiento de Evita, en el ’51, desde el balcón del Ministerio de Desarrollo Social. La otra imagen muestra un Facundo aún más joven, sin barba, de perfil y con una remera blanca de la Juventud Sindical. Enfrente está su padre, Hugo, como queriéndole darle un abrazo. En el medio, de corbata roja, sonríe Néstor Kirchner.

- ¿Cómo debe pararse la CGT ante la reforma laboral?

- Hay que ver hasta qué punto van a cumplir las reformas que pretenden. El Gobierno lanza una intención de reforma con un borrador, pero después hay toda una discusión atrás de eso. Primer habrá una discusión sectorial como cada organización en cada actividad -tanto la parte empresaria como la parte sindical- y después habrá una discusión parlamentaria. Por eso no sé hasta qué punto el Gobierno va a conseguir todo lo que pretende; en el medio habrá una negociación y el oficialismo no tiene mayoría en el Congreso, en ninguna de las dos cámaras. Por lo tanto, naturalmente, va a tener que dar la discusión y aceptar las propuestas que tenga la oposición respecto de las modificaciones que pretende.

- Parece ser que la central entró en una especie de “tregua” con el Gobierno, ¿cómo ves esta relación? ¿Tendrían que endurecer sus posturas?

- Venimos de una elección donde el Gobierno recibió un apoyo muy importante en las urnas. Hay muchas cosas que denunciar en cuanto al trabajo, que son demandas históricas del movimiento obrero: la lucha contra el trabajo no registrado, el peso impositivo sobre el trabajador, la pérdida del poder adquisitivo, la paritaria a la baja, los puestos de trabajo que se pierden, lo que no se recuperó del año pasado, la tercerización y el fraude laboral. Pero el sindicalismo no puede desconocer que el Gobierno recibió un apoyo importante y tiene que estar predispuesto a la negociación y al diálogo. Por supuesto que después, si ese diálogo es inconducente, el sindicalismo sabe cuáles son las herramientas que tiene. Se habla de un período de “paz” porque hace dos meses que no hacemos un paro, pero las veces que se tomaron medidas de fuerza, ni siquiera los gremios más radicalizados fueron con tanta fuerza. Que el sindicalismo tenga una predisposición al diálogo ante una propuesta concreta del Poder Ejecutivo no está mal, pasa en todas partes del mundo. Hay una pata sindical que está un poco más dura y que tiene una postura menos dialoguista, pero todo esto se verá en el desarrollo de las propuestas del Gobierno. El Gobierno pretende cosas que la oposición -y fundamentalmente, el peronismo- no va a permitir.

- ¿Puede haber una conducción única de la CGT el año que viene?

- Eso va a depender del consenso que logren los dirigentes sindicales. Hoy yo no lo veo, porque hay diferentes posturas. El movimiento obrero tiene muchos matices, los dirigentes tienen muchas diferencias. Hay sectores que están distanciados. Hoy ya la CGT está dividida, y dentro del triunvirato, si bien la CGT Azopardo aglutina la mayor cantidad de organizaciones sindicales, hay diferencias. Y si bien se debaten, muchas llegan a distanciar a los distintos sectores sindicales. Veremos cómo se desarrolla la política y la agenda económica y social de cara al año que viene. Hoy yo lo veo muy difícil.

- En una de las reuniones del Consejo Directivo, en abril, se habló de que usted se retiró en muy malos términos, ¿cómo está ahora dentro de la CGT?

- Son las diferencias de las que hablaba. Discutí con algún dirigente sindical por diferencias que hay desde la concepción, desde la apreciación del sindicalismo y de la acción sindical. Son diferencias que yo creo que van a persistir. No solamente las tengo yo, las tienen muchos dirigentes. Esto se planteó donde se tenía que plantear, en el seno del Consejo Directivo. Pero más allá de la distancia en las ideas, esto también habla de que más allá de las diferencias, estamos conviviendo en un mismo ámbito. Aunque nos saquemos chispas, convivimos.

- Macri quiere “combatir las mafias” y el caso del “Pata” Medina fue un hito en este sentido, ¿puede haber más “Pata” Medina en otros gremios?

- La verdad que no lo sé. Yo sé que uno había y que es un delincuente, como en otros sectores también hay delincuentes, y así lo tiene que juzgar la Justicia. Lo que sí creo es que hay que tener responsabilidad y entender que nuestros dichos pueden condicionar a un poder que tiene que trabajar con total libertad e independencia, más cuando salen de personas con mucha visibilidad pública. Se habla mucho de la independencia judicial, pero después con dichos como los de Elisa Carrió se termina condicionando esta independencia. Si yo tengo elementos para decir que tal o cual dirigente está incurriendo en una acción delictiva, los tengo que aportar a la Justicia. No puedo condicionar a la Justicia desde los medios de comunicación ni mucho menos desde mi rol institucional de legislador.

- Por otra parte, ¿tiene intenciones de presidir la Comisión de Legislación del Trabajo el año próximo?

- Va a depender del acuerdo que haya con los demás diputados. Conjuntamente con Transporte, que es la comisión que presido, es la comisión donde más trabajo, donde más proyectos presento, donde más discuto.



Moyano ingresó al Congreso por primera vez en 2011, cuando integró la lista del Frente para la Victoria que lideró Julián Domínguez. Dos años después, puso fin a su relación con el kirchnerismo y dio el salto al Frente Renovador, para pasar a encabezar la nómina del massismo en 2015. Desde entonces, dice haber presentado 155 proyectos, la mayoría sobre temas laborales y viales (Ver recuadros).

- ¿Qué evaluación hace del resultado electoral de 1País?

- No fue lo que se esperaba. No se pudo lograr el objetivo, que era mantener la misma cantidad de legisladores que entraron en 2013. Era muy difícil mantener eso, porque ese año se obtuvo un 42% de votos y ahora se obtuvo un 11%, o sea, cuatro veces menos. La elección no superó nuestras expectativas. Pero más allá del resultado electoral, lo que se viene en la oposición y en el peronismo en particular es la discusión acerca de la reorganización. El Gobierno se consolidó como fuerza política, solidificó su discurso, su propuesta y su mensaje. Ahora resta que el peronismo discuta qué oposición quiere ser y se consolide como fuerza opositora y como alternativa de poder de cara a 2019.

- ¿Qué le depara al Frente Renovador ahora que Massa deja su banca?

- Es algo que deberemos descubrir, porque nunca pasó. Massa debe proponer, y los que estamos dentro del espacio vamos a ser parte de una discusión que determinará cuál es el rumbo que tiene que tomar. Se viene una etapa de discusión profunda para la oposición, acerca de qué queremos ser, qué identidad y qué contenidos queremos tener como fuerza. Nosotros siempre mantuvimos una distancia del Frente para la Victoria, tanto en las votaciones como en las posiciones políticas -si bien yo en muchas votaciones me mantuve al margen o no voté igual que mi espacio-. Pero no se puede negar que el Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires tuvo el 37% de los votos, y nosotros el 11%. Cuando el político es reflejo de lo que la sociedad quiere, tiene mejores resultados. Evidentemente la dificultad fue no poder interpretar lo que la sociedad quería. La izquierda, Cumplir y 1País quedaron muy lejos de donde se dio la disputa.

- ¿Cómo ve la posibilidad de conformar un interbloque con otros espacios del peronismo, como el bloque Justicialista?

Sería importante que en esta discusión del peronismo, los dirigentes que pensamos parecido nos podamos juntar. Yo mantengo distancia del oficialismo pero dialogo con dirigentes de todas las fuerzas de la oposición. Con todos los dirigentes potables con que se pueda hablar de cara a una construcción política, lo haremos.

FOTOS: Dalila Benini Uchitel