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Miércoles 13 de diciembre de 2017
OPINIÓN
La importancia de los símbolos
Por Hugo Domingo Bruera. El exsecretario general del ejército sueña con una comunidad política unida en busca de soluciones tras la desaparición del submarino ARA San Juan.
23 de noviembre de 2017
La desaparición del submarino significará un hito importante en la historia nacional. Las relaciones entre los poderes políticos, instituciones gubernamentales y no gubernamentales se verán influidas. Alguna vez todos fuimos Charli, también catalanes y otras solidaridades internacionales. Pero no todos fuimos “San Juan” en nuestro país. Hemos visto en Europa, que estos momentos fueron aprovechados para fortalecer la unidad, las instituciones, convirtiéndose en símbolos de sus nacionalidades.

Algunas personas públicas especulan con que las potencias extranjeras que nos ayudan vinieron a invadirnos. Hasta un periodista, vinculado a una prestigiosa organización de formación política, que lleva el nombre de un enorme militante asesinado igual que sus hijas y cuya esposa fue una heroína de los Derechos Humanos, se atrevió a decir que la nave no desapareció, sino que está en rebeldía contra el Gobierno nacional. Es un momento donde deberíamos estar enfocados en cómo preservar el derecho a la vida de los marinos y el derecho a la solidaridad de sus familias, que también son humanos. Qué fortaleza sería para nuestro país.

Me permito un primer ejemplo autoreferido; cuando reemplacé a un general de conocido abolengo castrense, (que fue sorprendido con su paso a retiro), en la Secretaría General del Ejército; enfurecido faltó a la ceremonia de traspaso del mando. Me dio mucha pena, porque el abrazo frente a la tropa hubiera sido el testimonio de fortaleza institucional, superador de diferencias individuales. Por supuesto, más grave aún, fue que por distintas causas el país se viera privado en 2015 el símbolo de la democracia, que hubiera constituido el traspaso presidencial.

Cuando en 1987 los militares “Carapintadas”, presionaron al gobierno constitucional, la oposición, aunque dolida aún por su derrota y en plena oposición a las medidas del gobierno radical, no dudó, acaudillada por don Antonio Cafiero y otras figuras del peronismo, en acudir al balcón de la casa Rosada y acompañar públicamente al presidente Alfonsín. Un símbolo inequívoco del proceso democrático vigente en el país, que además salvó y renovó al justicialismo.

Que fructuoso sería que los opositores y opositoras (nunca mejor para poner énfasis en el género), se acercaran al Gobierno, por el rato que necesitemos y por esta única causa, fortaleciendo el sentimiento nacional y quizás volviendo a renovar el prestigio del peronismo con un gesto simbólico que demostrara el interés por nuestra Nación y por nuestras instituciones, una de las cuales está en emergencia. La realidad ha mostrado lamentablemente que es muy difícil que esto ocurra, porque nos cuesta mucho testimoniar que la fortaleza de la patria está por encima de las diferencias individuales o sectoriales y este es el principal riesgo para nuestra soberanía.