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Lunes 11 de diciembre de 2017
OPINIÓN
Un país de náufragos sin lágrimas
Por Daniel Bosque. El autor recuerda que la última vez qué Argentina había vibrado colectivamente por una causa qué hermanara fue en aquella aventura y fiasco malvinense.
26 de noviembre de 2017
Una misionera

Nueve jujeños

Ocho bonaerenses

Cinco cordobeses

Cuatro salteños

Cuatro tucumanos

Tres mendocinos

Dos santiagueños

Un entrerriano

Un rionegrino

Un fueguino

A mi amigo Víctor, de ancestros provincianos, esta muchachada de la Armada le recuerda a Veronico Cruz, el protagonista de La Deuda Interna, el film de Miguel Pereira en los 80. El niño coya que soñaba con conocer el mar y terminó en la guerra de Malvinas

El último fin de semana, con lunes feriado, fue curioso, por decir algo. Los medios argentinos, en Buenos Aires y en las provincias, lucían más preocupados por la Superliga, la rodilla de Benedetto, las reformas de Macri y las crónicas policiales que por la suerte de Los 44, perdidos hacía cinco días en las profundidades del mar.

La sórdida suerte el submarino recién copó las planas y las conversaciones de todos desde el martes, mientras nuestro Atlántico se poblaba de barcos, esperanzas y opiniones. Hasta ayer, cuando se impuso la realidad y la explosión e implosión del parte oficial abrió una nueva Babel entre las visiones agrietadas que imperan en este bendito país.

- Mirá este video de Cristina, prometiendo ara San Juan para 30 años.

- Clarín miente y encubre a Macri, que mientras aprovecha para militarizar el Atlántico Sur con sus amigos de Estados Unidos y la OTAN.

- Porque reclamaban por Maldonado que era un vago melenudo y no dicen nada ahora

- Todo esto está armado para devolverle el poder a las Fuerzas Armadas, dentro del plan neoliberal de represión y ajuste.

Los argentinos siempre hemos tenido problemas para pensar, sentir y actuar y como gente grande. Y para tener sueños y dolores comunes, más allá del seleccionado de fútbol.

Los periodistas y televidentes de este país remoto hemos visto llorar a Chile todo por Los 33, a Colombia por las víctimas de Armero, a México por sus sismos, al Caribe por sus huracanes.

A diez años del 11 - S de las Torres Gemelas en muchas escuelas argentinas se organizaron clases y trabajos especiales que despertaban conmoción en los niños. A una década de las Malvinas, la fecha pasó casi desapercibida en las aulas. Eran los albores del menemismo y no había en la ciudadanía mucha devoción por recordar aquella derrota que tanto dolió.

Precisamente, la última vez qué Argentina había vibrado colectivamente por una causa qué hermanara fue en aquella aventura y fiasco malvinense. Pero el mismo día que Menéndez se rendía, millones de compatriotas hicimos el switch salvador para no sufrir. Con justa razón, pusimos a Galtieri en la picota y nos olvidamos de esos pibes mandados a la carnicería que hoy, cómo pasan los años, rondan los 60.

Así somos, así vamos. Aunque hay millones, por lo que se ve también en las redes, que quisieran otra cosa. Que quisieran expresar este nuevo dolor, para curar las heridas.

Whatsapp, facebook, twitter, etc se han vuelto a llenar de basura satelital. Macristas, peronistas, kirchneristas e izquierda multicolor no han parado y no pararán de mandar sus mensajes para endosarles estos 44 muertos al bando rival.

La Patria es el otro, decía Cristina. Tenemos que estar unidos y trabajar juntos, dice Macri.

Pero los argentinos, desde la cuna, hemos mamado que el culpable es el otro, que al enemigo ni justicia.

Un amigo español me pregunta por qué no somos capaces de llorar por este drama de nuestros hermanos. El ADN macho de la argentinidad no lo permite. El tamaño de nuestros grandes sueños acaba de hundirse en una nueva pesadilla, intento explicarle.

Y me quedo pensando en que tal vez todos íbamos en el ARA San Juan que sobrevivimos para contarlo. Aunque no lo veamos, el dolor ahí está.

*Director Mining Press y EnerNews