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Miércoles 13 de diciembre de 2017
OPINIÓN
La agenda de los jueces federales y la necesidad de la política
Por Silvina García Larraburu. La senadora nacional habla de una alianza mediática que narcotiza a la clase media “exhibiéndole actos judiciales escenografiados”.
7 de diciembre de 2017
Nuestra historia exhibe tristes ejemplos de la destrucción de la estructura productiva, del ahorro nacional, de la inversión, de la moneda y del futuro. Todos ellos se lograron acallando las resistencias y difamando a los resistentes.

Hoy ese proceso se repite, con medios mucho más eficaces. Al conjuro de una fenomenal alianza mediática, se narcotiza a gran parte de la clase media exhibiéndole actos judiciales escenografiados, mientras simultáneamente se formatean las opiniones. A la par, la destrucción de la industria nacional es enmascarada con el supuesto reingreso de la Argentina al mundo. Así, el Tratado De Libre Comercio con la Unión Europea es una panacea y las pretensiones de protección de los fabricantes nacionales son solo rémoras que debemos superar: parte de la pesada herencia de un gobierno populista. Los reclamos de las economías regionales ya no están en las agendas ni en los televisores y no cuentan frente a estos escenarios de pompa internacional.

Los trabajadores, por su parte, deben disciplinarse y felicitarse de conservar sus puestos, aunque ello sea a expensas de cambios gravosos de sus condiciones de trabajo y del congelamiento de salarios que, ya hace tiempo están distantes de la posibilidad de reparar los efectos erosivos de la inflación.

Se trata de un proceso que ya está ocurriendo, aun sin reforma laboral sancionada: hoy en la necesidad no hay un derecho, sino el temor a perder más trabajo y dignidad. Todo acompañado, para agravarlo, con aumentos de tarifas, del boleto del transporte público, de los combustibles y de los precios en general, además de la simultánea contracción de un fenomenal endeudamiento externo, que acentuará los perjuicios. Hoy la vulnerabilidad es un estado compartido por millones de argentinos.

Los actos corruptos, reales o inventados, son las secuencias de una película que se reproduce constantemente. Los protagonistas siempre pertenecen al pasado. Los parientes que fugaron y fugan divisas o que blanquean sumas enormes, no ingresan a esta suerte de noticiero permanente. Allí no estarán los Calcaterra ni las Off Shore, tampoco las fundaciones que cada uno de los personajes titulares posee. Esa constante invocación al pasado y a la imagen que de él se ha creado, hasta se ha intentado emplear miserablemente, para acallar el justo reclamo de los familiares de los tripulantes del ARA SAN JUAN. No hay límites.

Mientras tanto, la opacidad cubre los manejos del Correo Argentino, Avianca, el fondo constituido con Quatar, los conflictos de intereses de varios ministros, los manejos de los testaferros del presidente, su olvidado fideicomiso, etc.

Como en las anteriores ocasiones de nuestra historia, el desarrollo impune de estos procesos supone deslegitimar a una parte de la clase política. La que ejerce la oposición tenaz y que no tiene dobleces, la que denuncia y trata de insertar ideas y desplazar los slogans.

Todo este proceso que padecemos a diario, me impone por el rol con el que me ha honrado el pueblo rionegrino, expresar con la mayor fuerza la necesidad que desde el peronismo rearticulemos nuestras fuerzas a través de la UNIDAD. Esa historia que recordamos, nos enseña que lo que sigue a las destrucciones en curso, es otra noche negra. Esa oscuridad solo se vence con el accionar conjunto de los hombres y mujeres del peronismo, unidos frente al riesgo común. La política, entendida como la predicamos con nuestra tarea cotidiana, ilumina cualquier derrotero y permite recuperar el camino.