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Miércoles 21 de febrero de 2018
OPINIÓN
Campaña contra la dirigencia sindical
Por Edgardo Depetri. El exdiputado nacional denuncia la existencia de una campaña difamatoria con el objetivo de debilitar el movimiento y reducir los costos laborales.
15 de enero de 2018
Las denuncias de corrupción contra la dirigencia sindical, instalada por el Gobierno y la cadena de medios hegemónicos y periodistas oficialistas tienen varios objetivos: el primero, y estratégico para este gobierno de empresarios, es bajar lo que ellos denominan el costo laboral y especialmente el salarial, fruto de la “pesada herencia” de nuestros gobiernos. Esos gobiernos, el de Néstor y de Cristina que fueron los de la recuperación de poder y negociación de la dirigencia sindical, del crecimiento del empleo y el consumo popular que vigorizó fuertemente el mercado interno e impulsó el salario promedio de los trabajadores con la regulación mediante el convenio colectivo que llevó el sueldo en Argentina a ser el más alto de Latinoamérica llegando a 421 dólares y destacándose por sobre el de Brasil, que es de 253 dólares y con el de México, 130 dólares.

La Alianza Cambiemos llegó en 2015 y rápidamente vía devaluación aumentó las tarifas, le puso techo a las paritarias, y con la inflación de alimentos y de la vestimenta ha hecho caer el salario real. Pero no lo suficiente, para ponerse a tono con el reclamo patronal de que Argentina iguale salarios con sus pares de México y Brasil. Para esto hay que avanzar, con una tasa de desocupación de 2 dígitos y para imponer la flexibilización de hecho y seguir precarizando el empleo buscan sancionar la ley de Reforma Laboral. Este escenario es necesario para condicionar las convenciones colectivas de trabajo. La campaña antisindical, y el desfile mediático de los sindicalistas corruptos, como si los hubieran descubierto ahora, es parte de esta nueva fase del ajuste.

Para seguir sosteniendo las enormes rentabilidades del capital financiero, el sector exportador, y de las empresas energéticas, es necesario, hacerlo transfiriendo a esos sectores salarios y subsidios directos. Así la caída salarial, la rebaja de retenciones a la soja y a las mineras, el aumento de precios a los combustibles, luz, agua, gas, la tasa de interés para los bancos, el endeudamiento, la apertura de las importaciones y la rebaja de impuestos a los ricos, es el corazón del modelo macrista.

La apuesta es controlar la inflación, y la tan prometida y anunciada recuperación y el crecimiento del país. Este modelo, de funcionar, lo haría para pocos, ganarían los sectores concentrados, pero no las mayorías.

Esa es la discusión de fondo. La campaña antisindical, mediática y judicial, esconde la verdadera intención, mandarle un mensaje a la dirigencia sindical de que el único camino es el ajuste, que para los dirigentes hay un lugar también para el aparato y no lo hay para sus trabajadores representados. Esta ofensiva corre con algunas ventajas para el Gobierno, un sector del sindicalismo, como vimos las escandalosas propiedades y nivel de vida de Balcedo, o el pata Medina, entre otros, hace rato que no representan a sus compañeros, y son parte de una larga lista de sindicalistas empresarios -resabio de los 90-. Pero esas ventajas se desvanecen porque quienes denuncian son los enemigos históricos de la clase trabajadora y el Movimiento obrero argentino. Son los que le hicieron el golpe a Perón en el 55 y en el 76; los que mataron a 30 mil compañeros, la mayoría de ellos delegados y dirigentes sindicales, son los que impusieron el neoliberalismo, los que proclamaron el fin de la historia, del trabajo, los que decretaron la muerte de las ideologías, los que divinizaron ayer y hoy al “Dios Mercado”. Son los que nos saquearon y remataron el patrimonio nacional, los que nos llevaron al 25 por ciento de desempleo, nos pagaron sueldos de hambre, con papel basura, son los que nos echaron como perros con listados a la puerta de fábrica leído por policías, son los que hipotecaron de nuevo el país en favor del capital financiero trasnacional, son los que concibieron un país con hambre y miseria, son los “campeones de la honestidad”, pero se vienen robando el país hace siglos.

Tras los fusilamientos mediáticos y judiciales, se intenta debilitar al movimiento sindical, con los casos aislados de corrupción que se promocionan, se quiere generalizar como corrupta a toda esa dirigencia. Esta visión interesada, y maniquea de la realidad, se contrasta con cientos de miles de activistas, delegados, miembros de comisiones directivas regionales y nacionales, que con honestidad y convicciones defendemos los derechos y las conquistas de los trabajadores argentinos y a las claras está el importantísimo rol de organización y movilización que ocuparon y ocupan las dos CTA y parte de la CGT, como sus regionales y la Corriente Federal.

Para este gobierno, el mejor sindicalismo no es uno empresario o amigo, para ellos el mejor sindicalismo es el que no existe.

Si faltaban pruebas para ello ahí está la campaña de la gobernadora María Eugenia Vidal promoviendo la desafiliación sindical en la provincia de Buenos Aires. El gobierno golpea al sindicalismo, lo extorsiona, lo aprieta, lo amenaza con fusilamientos mediáticos y judiciales, porque ya probó la potencia y la vitalidad del movimiento sindical en la masiva movilización frente al Congreso cuando Cambiemos votó el robo a los jubilados. También entendieron, que los acuerdos por arriba no alcanzan, que algo cambió en la percepción de la sociedad, y que fue la resistencia del movimiento sindical quien le astilló la legitimidad con la sociedad.

Por primera vez la masiva movilización de los trabajadores derrotó la política de ajuste, que ni siquiera la represión y el blindaje mediático pudieron tapar o tergiversar. A nosotros no nos mueve ninguna especulación electoral o de orgánicas sindicales, somos la CTA y desde que en los 90 Luis Barrionuevo, partió la CGT, en el Teatro San Martín, para construir un sindicalismo empresario, que fue la columna vertebral que garantizó la brutalidad neoliberal que condenó a millones de trabajadores a la desocupación y a la pobreza, cuando se promovían leyes de flexibilidad desde el propio sindicalismo o se justificaban las privatizaciones, o el hambre de nuestro pueblo, siempre estuvimos denunciando el modelo de exclusión, de represión, del país para pocos.

Más allá de este debate, que no es una prioridad, pero que tenemos que tenerlo como punto de análisis, no nos confundimos, Macri y el poder económico lanzan esta brutal ofensiva patronal, antisindical y antitrabajadora porque tiene que seguir bajando salarios, precarizando el empleo, y recortando derechos al pueblo argentino. Intenta generar con la campaña contra los dirigentes sindicales, una corriente favorable de opinión en las clases medias y en ciertos sectores progres y anti peronistas.

Son sus necesidades económicas y de legitimidades populares las que disparan esta ofensiva antisindical, síntomas que evidencian que el pueblo, lenta pero inexorablemente toma conciencia de que este es un gobierno de ricos y para los ricos.

Ya no le alcanzan echarle la culpa a la “pesada herencia”, o el linchamiento mediático y judicial de nuestros presos políticos.

En estos tiempos de debates sobre los dirigentes sindicales quiero traer una frase del compañero Germán Abdala: “El movimiento Obrero tiene la opción de negociar su ingreso a un sistema que expulsa a la marginalidad a sectores cada vez más amplios o luchar por un proyecto de país donde los argentinos podamos vivir y adueñarnos de nuestro destino”.