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Miércoles 15 de agosto de 2018
OPINIÓN
El papa, la Iglesia y el poder
Por Aníbal Hardy. El autor plantea un análisis de la historia de la Iglesia en el país para poder entender por qué la alta jerarquía eclesiástica estaría confrontada con el Gobierno.
17 de enero de 2018
Ante la visita del papa Francisco, al vecino país de Chile, y las diversas opiniones sobre su posible toma de posición política en nuestro país, es necesario hacer un resumido análisis para saber la ubicación sociopolítica del catolicismo en la Argentina. Nuestra Iglesia ha sido una institución decisiva desde 1810 en la formación de la identidad de los argentinos. Esta identidad ya era parte de los orígenes coloniales del país. Desde la organización estatal de la nación en 1816, la Iglesia ha sido parte central del sistema político-institucional. El catolicismo cementó culturalmente la política y legitimó políticamente al Estado-nación, por eso, no hay nada nuevo en el hecho de que la Iglesia Católica siga siendo en este país un “factor de poder” (los factores reales de poder que rigen en el seno de cada sociedad, son la fuerza activa y eficaz que influyen o determinan en las leyes e instituciones jurídicas de una sociedad).

La Iglesia Católica Argentina, sin lugar a dudas actúa al unísono frente al actual gobierno y su unidad de acción descansa en compromisos temporales entre distintas corrientes religiosas, que se remiten doctrinariamente a distintos “modelos eclesiásticos” queen resumen, serian: 1) cristiandad o integrismo. Es una corriente teocrática conservadora, que coloca al poder de la Iglesia por sobre los poderes civiles. Presiona sobre el poder político para que se adecue a sus postulados. Sus prioridades son la lucha contra la secularización y contra el liberalismo político. Pertenecerían a esta corriente elarzobispo metropolitano de la Arquidiócesis de La Plata Héctor Aguer, el exobispo castrense Antonio Baseotto, Jorge Lona, obispo de San Luis, y el fallecido Emilio Ogñenovich, arzobispo emérito de Luján. 2) neocristiandad: modelo moderado, dominante en la Conferencia Episcopal. Propone conservar el poder de la Iglesia en la sociedad y la política a través de la evangelización de la cultura. Reconoce la autonomía del poder político, pero se plantea la cristianización desde adentro para acotar el liberalismo político y controlar a las izquierdas. Modelo dominante desde fines de los años '30 del siglo pasado hasta la actualidad. Da importancia a la presencia de la Iglesia en los partidos políticos y en los sindicatos. Pertenecen a ella el jesuita Jorge Bergoglio, exarzobispo de Buenos Aires, expresidente de la Conferencia Episcopal Argentina, y hoy papa Francisco I, también sacerdotes de alto nivel pertenecientes a “Renovación Carismática Católica” y “Comunión y Liberación”. 3) cristianismo modernista: sostiene que es necesaria la autonomía entre las realidades temporales y religiosas, entre el Estado y la Iglesia. Es una corriente liberal y pluralista. A ella pertenecen el obispo de San Isidro Jorge Casaretto (Caritas), el obispo de Lomas de Zamora, y de Justo Laguna, obispo Emérito de Morón. 4) cristianismo liberador: heredero de los movimientos de los años '70 de Teología de la Liberación y Sacerdotes para el Tercer Mundo. Considera estratégico que la Iglesia participe en la construcción de una sociedad justa y solidaria y en los movimientos de derechos humanos. Los obispos de esta corriente participan en movilizaciones sociales y sindicales, y también como negociadores entre partes en conflicto. Formaron y forman parte de esta línea el jesuita catalán Joaquín Piña, obispo emérito de Puerto Iguazú, Pedro Olmedo, obispo de Humahuaca y Miguel Hesayne, obispo emérito de Viedma. En Formosa, se señala a algunos sacerdotes cercanos a los originarios, como referentes de este agrupamiento.

Todas estas mencionadas corrientes no existen en forma pura, convergen en alianzas puntuales, y la más duradera es la de los modelos eclesiásticos cristiandad y cristianismo liberador, que fue y es la base del poder del actual papa Jorge Mario Bergoglio. También actúan como estructuras en la cúpula del poder eclesiástico argentino las llamadas “Comunidades Católicas Tradicionalistas”, que se extienden en toda América Latina. La mayoría de los obispos se han encolumnado para presionar y hacer retroceder en algunas decisiones al actual Gobierno argentino en las políticas opuestas a la Iglesia Católica en materia doctrinaria.

La Iglesia Católica argentina, encuentra sus raíces en una línea establecida en este país ya en los años '30 del siglo pasado, cuando lanzó su gran campaña para desalojar del poder material y espiritual al liberalismo político y al socialismo, y construir una “Nación Católica”, objetivo que ha logrado, aunque en tensión con la secularización y el laicismo. El plan originario de constitución de “la Nación Católica” concebido en el Congreso Eucarístico de 1934 ha sido sucesivamente actualizado, pero sigue siendo la viga maestra del accionar de la Iglesia en nuestro país. Primero apoyó al peronismo en sus comienzos, pero luego fue determinante para derrumbarlo en 1955.

Este análisis fue necesario para poder entender y explicar someramente porqué la alta jerarquía eclesiástica está confrontada con el gobierno, por temas opuestos a la doctrina de la Santa Sede.

Fueron conocidas, las tensiones entre el presidente Macri con el papa Francisco I, las que fueron y siguen siendo parte de esta gran pulseada política cuyo final ya lo estamos vislumbrando: El ungido un papa, iluminado por la divina providencia, y convertido en “el dirigente más importante de la sociedad actual”, que trata de guiar de manera decisiva hacia un mundo mejor, a nada menos que a 1200 millones de católicos en todo el mundo, en beneficio de la convivencia entre todas las naciones y creencias religiosas. Incluido su país natal.