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Viernes 20 de abril de 2018
COYUNTURA
El reformismo permanente quedó para tiempos mejores
Alentado por el resonante triunfo en las legislativas, el presidente anticipó una semana después de esos comicios una agenda reformista que la realidad y sus circunstancias posterga.
2 de febrero de 2018
Por José Angel Di Mauro

Envalentonado por el resultado electoral, tras haber ganado nada menos que las elecciones de medio término, el presidente Mauricio Macri anunció en el CCK -pocos días después de esa resonante victoria- que enviaría al Congreso de la Nación un paquete de reformas. Hablaba con los propios, pero en un mensaje dirigido también a los ajenos los convocó a “lograr entre todos consensos básicos”, que permitan “avanzar en reformas donde cada uno ceda un poco, empezando por los que tienen poder. Y no solo hablo de la política”, explicó.

Aunque lucía medido, internamente el presidente estaba exultante. No era para menos tras semejante resultado electoral, que tanto sorprendió a los descreídos de que un gobierno no peronista pudiera cumplir su mandato. “Hoy podemos decir con alivio y entusiasmo que los argentinos maduramos -dijo Macri precisamente en esa dirección-. El cambio es una actitud, transformar es lograr resultados”. Y trascartón lanzó la frase que tanto recorrido tuvo: tras asegurar su confianza en “una agenda de reforma permanente”, habló de lo que dio en llamar el “reformismo permanente”. Es lo que proponía para los dos años que restan de este (¿primer?) mandato.

Por eso esbozó una serie de reformas, que hacían presagiar un Congreso muy activo al menos para los meses venideros, obviando un detalle no menor para un gobierno que tanta obsesión tiene por la comunicación: que algunas reformas producen escozor en la piel ciudadana con solo escuchar su mención. Lo dijo hace pocos días el senador Miguel Angel Pichetto en un reportaje: “Cuando la gente escucha reforma laboral, cree que la van a embromar, porque hay experiencias negativas”.

¿Qué necesidad tenía Cambiemos de hablar de una reforma laboral, si en la campaña se la pasó aclarando que no estaba prevista una, sino convenios por sectores? ¿Con qué necesidad hablar de reforma laboral, a sabiendas de que es un título tan controvertido, sobre todo para un gobierno no peronista y que además busca sacarse de encima el eventual estigma de la Alianza?

¿Por qué hablar de reforma laboral, cuando el kirchnerismo se vanagloria de haber derogado aquella tan sospechada que logró hacer aprobar el gobierno de Fernando de la Rúa?

Así y todo, cuando se había cuidado durante meses de hablar de una reforma laboral que tan controvertida puede resultar, el gobierno salió a convalidar que eso era lo que buscaba. Se la dejó picando a un Pablo Moyano obsesionado por radicalizarse y que muy suelto de cuerpo sugirió una remake de “la Banelco”. Fue suficiente para que un bloque Justicialista muy sensibilizado por la aprobación de otra reforma, la previsional, se pusiera en guardia y se resistiera a avanzar con el tratamiento de esa ley ya consensuada con la CGT.

Fin de la historia: el proyecto será desguazado y saldrán las partes que puedan salir.

Cuantitativamente debería estar satisfecho el gobierno: de tres reformas previstas para extraordinarias pasaron dos, la previsional y la tributaria. Pero el precio le resultó tan caro, tuvo que repartir tantos recursos entre las provincias y tanto desgaste le insumió, que el sabor fue agridulce.

El debate de la reforma previsional resultó especialmente traumático. Difícilmente le hubiera ido mejor con otra etiqueta; el problema en este caso no era el título, sino las alarmas que encendieron el cambio de fórmula para calcular los aumentos para los jubilados. En rigor, la misma oposición que le facilitó a Cambiemos la aprobación de la norma, le aclaró que esto distaba de ser realmente una reforma previsional real, como la que algún día deberán sentarse todos a debatir. Puede que el gobierno haya pecado una vez más de poner carteles de neón sobre proyectos que manda al Congreso con el objeto enmascarar sus verdaderos fines.

Ejemplos sobran. La Reparación Histórica para los jubilados pareciera haber sido el anzuelo para el objetivo real que era el blanqueo de capitales. Se notó tanto que Miguel Pichetto se los dijo más de una vez: no tendrían que haber impulsado la Reparación Histórica, que le sumó un punto al déficit fiscal, cuando tranquilamente le hubieran dado los votos para aprobar el blanqueo. En el caso de la reforma previsional, el objetivo era reunir los fondos para la compensación del Fondo del Conurbano.

Y hasta con el mega DNU desburocratizador se advierte el mismo mecanismo: en el sinnúmero de medidas que integran ese decreto, se mezclan normas destinadas a reducir los trámites que ahora debían hacer las empresas para operar en el país, con otras que habilitan nuevas prácticas en el sector de finanzas y transporte, destinadas a reducir costos y ganar competitividad, y hasta se establecen normativas para conducir cuatriciclos... pero en ese marco aparece la autorización para embargar las cuentas sueldo, y hasta se le da al Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSeS nuevas herramientas, como la posibilidad de crear fideicomisos. ¿Cómo esconder un elefante en un bazar? Llenándolo de elefantes.

Lo cierto es que tras las experiencias de diciembre y el freno abrupto que la oposición le puso a la reforma laboral, el gobierno está recalculando. La borrachera electoral ya pasó, y le queda claro al Ejecutivo que el reformismo permanente del que habló el presidente en octubre es una quimera en las actuales circunstancias. Que para ese ambicioso reformismo necesita dejar de ser minoría en ambas cámaras; tal vez en un eventual segundo mandato macrista podrá ponerse ese ambicioso objetivo, si logra sumar mucho en una elección en la que también arriesgará bastante.

Como están las cosas, Cambiemos se propone encarar el año legislativo más preocupado por evitar que la oposición le infrinja daño, que por imponer sus reformas. Sin ir más lejos, lo primero será evitar que la oposición voltee el mega DNU que mencionamos. Por eso esta semana comenzaron a hablar algunas espadas oficialistas de la posibilidad de transformar ese decreto en uno o varios proyectos de ley. Como con la reforma laboral.

Y la reforma política, otro ambicioso objetivo presidencial, lo más probable que deba esperar para otro turno electoral. Ahí hay varios propios que insisten en recordarle a Cambiemos que hoy es gobierno y que en ese caso la boleta en papel puede no ser un riesgo. El presidente insiste en que quiere la Boleta Unica Electrónica, pero difícilmente los gobernadores cambien el parecer que tenían el año pasado, cuando se juegan el pellejo el año que viene.

Así las cosas, el reformismo permanente deseado por Macri se chocó con la realidad y fue aplastado por el pragmatismo. Es lo que hay.