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Martes 24 de abril de 2018
EMPRESARIAS
Los maravillosos túneles de lavado
Corría el año 1924 y el primer lavadero fue instalado en Chicago (Estados Unidos), en medio de una plaza inundada.
8 de febrero de 2018

Por Roberto Nemec


Hubo un tiempo en el que los coches sólo se lavaban a mano, como un carruaje cualquiera. Seguramente las técnicas que se empleaban distaban bastante de lo que hoy conocemos por detailing. Al fin y al cabo, las carreteras eran caminos pensados para carretas, como su propio nombre indica en castellano, así que el polvo y la mugre fácilmente se transformaban en barro, que debía de ser algo complicado de limpiar. Malos tiempos para el cuidado de la chapa.

Faltaban muchos años para que se popularizaran los actuales centros de lavado con mangueras a presión, pero pronto se entendió que para tener el coche limpio habría que invertir mucho ingenio... y mucha agua. El Automobile Washbowl de Chicago (Illinois, Estados Unidos) no era exactamente un túnel de lavado, sino un lavadero instalado en medio de una plaza inundada. Corría el año 1924.

De hecho, la imagen de la plaza inundada en Chicago es célebre hoy por su espectacularidad, pero la historia de los túneles de lavado se remonta a un tiempo atrás. En 1914, el Automobile Laundry de Detroit (Michigan, Estados Unidos), inaugura una forma diferente de entender el lavado de coches.



La automatización de procesos

Heredero del trabajo en cadena que ha venido popularizando Henry Ford desde 1908, gracias a la iniciativa de Oldsmobile, el Automobile Laundry aplica ciertas ideas fordistas al lavado de automóviles. La más llamativa consiste en mover el vehículo mientras los trabajadores lo limpian. De hecho, los propios trabajadores se encargan de empujar el vehículo con su esfuerzo muscular.


El siguiente gran paso en el terreno del lavado de vehículos lo vemos ya en la década de 1940. Con unas instalaciones alojadas en edificios que normalmente quedan anexos a los talleres de mantenimiento de vehículos, los túneles de lavado pronto se convierten en un servicio más de atención al automóvil.

Pronto se incorporan las primeras máquinas para hacer más sencillo el trabajo sucio de lavar los coches. De los primeros túneles de lavado semiautomáticos llaman la atención las grandes dimensiones que tienen los elementos necesarios para automatizar algunos procesos, como el secado de vehículos. Estos ventiladores, que con los años funcionarán con motores de hasta 50 CV, constituyen una verdadera revolución en el mundo de la limpieza de automóviles.



Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emerge con su American Way Of Life, y empiezan a proliferar las gasolineras con túneles de lavado por todo el país norteamericano. Hacia 1946, Thomas Simpson diseña un sistema de aspersores para lavar el vehículo, pero todavía es necesario rematar el trabajo de forma manual.



Ya en 1951, los hermanos Archie, Dean y Eldon Anderson dan con la clave para enjabonar los vehículos de forma automática a través de boquillas. Con ese remate en el proceso de lavar un coche en el túnel, sólo habrá que esperar que los diferentes elementos se vayan modernizando hasta llegar a nuestros días. Cepillos más suaves, presiones de agua cada vez más ajustadas, jabones adaptados a las necesidades de los vehículos, son algunos de los avances de una industria que arrancó, hace ya más de 100 años, en Detroit. Según la Asociación Internacional de Lavado de Coches, entre Europa y América hay más de 150.000 instalaciones de lavado de vehículos, que dan trabajo a unas 500.000 personas. Los herederos de aquellos maravillosos túneles de lavado.