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Jueves 13 de diciembre de 2018
OPINIÓN
Discutamos el aborto como opción y no como condena
Por Andrea Conde. La legisladora porteña de Unidad Ciudadana y presidenta de la Comisión de Mujer e infancia analizó el trasfondo del debate acerca de la legalización del aborto en nuestro país, además de pedir la implementación del misoprostol en las consejerías de salud.
26 de febrero de 2018
La semana pasada el aborto estuvo en el centro de la escena pública. Lo estuvo porque Jorge Rial ya le dedicó varios programas y luego el lunes tuvo su gran manifestación frente al Congreso. Cientos de mujeres, lesbianas y trans fuimos hasta allá para reclamar que se discuta el proyecto de ley que nos otorgue el derecho al aborto legal, unos de los reclamos más fuertes que lleva adelante el feminismo. Por último, Clarín anunció con bombos y platillos que “el Gobierno habilitaba el debate”. No son los medios ni el Gobierno los que habilitan ningún debate, eso lo sabemos de sobra. Es el movimiento de mujeres argentinas el que con su lucha pone a discutir a la sociedad sobre una problemática ante la que no se puede seguir mirando al costado. Criminalizar el aborto es propio de una sociedad que no está viendo una realidad insoslayable: se estima que alrededor de1200 mujeres o personas gestantes abortan por día en nuestro país.

A esta altura es necesario que salgamos de la discusión maniquea de estar en contra o a favor del aborto. Nadie está “a favor del aborto”. Quienes militamos por el derecho al aborto queremos que se permita el acceso a una práctica que ya existe, pero haciéndola segura y sobre todo, que sea para todas. El aborto es una cuestión de salud pública, el aborto no debería restringirse sólo a quienes pueden pagarlo.

Por otro lado, es destacable el dato de que el 60% de los embarazos son no deseados o no planificados, lo que hace muy difícil afirmar que todas las personas que deciden realizarse un aborto lo viven como un drama. Por el contrario, para muchas mujeres resulta mucho más traumático continuar con el embarazo no deseado durante 9 meses. Es una decisión que debe tomarse a conciencia y justamente la legalización permite eso: que las mujeres puedan decidir libremente con el acceso a toda la información necesaria y de manera segura para tomar la mejor decisión.

Además, desde nuestro espacio político consideramos que la legalización del aborto no debe ser sinónimo de medicalización, es decir, no debe estar circunscripto al hospital. Sabemos que existe el misoprostol y consideramos que su uso nos da la posibilidad de ejercer soberanía sobre nuestro cuerpo, sin necesidad de intervenciones quirúrgicas, maltratos y estigmatizaciones de la corporación médica. Luchamos por un aborto legal que nos permita decidir a todas las mujeres dónde, cuándo, cómo y con quién queremos abortar. Esto quiere decir que quienes elijan ir a hacerlo al hospital deben tener ese derecho, al igual que quienes quieran hacerlo en sus casas puedan tener acceso a toda la información necesaria para hacerlo de manera segura y que puedan recurrir al sistema público de salud en caso de que lo necesiten. Por eso defendemos y militamos el uso de misoprostol en nuestras consejerías; 9 de cada 10 mujeres abortan de manera segura y completa con pastillas.

El misoprostol reduce los riesgos de abortos inseguros. Su uso presenta bajas complicaciones y son fáciles de identificar. Según la Organización Mundial de la Salud y la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología, hasta la semana 12 completa de embarazo el misoprostol es una forma segura de abortar en casa. Además, es considerado por la Organización Mundial de la Salud como un medicamento esencial, los medicamentos esenciales son los que cubren las necesidades de atención de salud prioritarias de la población.

Cuando el Gobierno Nacional con su política de focusgroup anuncia el tratamiento del aborto en el Congreso, vuelven a instalar el falso debate de “aborto sí o aborto no”. Lo que tratan de ocultar mediante el efectismo, es que ya tienen una posición pública muy clara hacia el aborto: actualmente el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tiene la peor política del país en el caso de abortos no punibles; con las políticas del Gobierno Nacional el misprostol aumentó casi un 500% desde que asumió, mientras que en 2014 y 2015 estuvo en la lista del acuerdo de Precios Cuidados sobre medicamentos. Esto sumado al contexto general de crisis social y económica, nos expone a dificultades en el acceso a las pastillas y al aumento de abortos inseguros. Sin embargo, nuestra tarea es estar a la altura de las circunstancias y aprovechar esta oportunidad para dar la pelea dentro del Congreso desde nuestra mirada. Para nosotras el aborto es una práctica que permite tender redes entre compañeras que horizontalizan la información, practicar la autonomía y soberanía sobre nuestros cuerpos y ejercer el derecho a decidir sobre cómo planificar nuestras vidas. Por eso queremos que salga de la clandestinidad, sacarlo del closet y legalizarlo. Para que, de una vez por todas, la sociedad se dé la oportunidad de hablar de aborto como una opción y no como una condena.