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Jueves 13 de diciembre de 2018
OPINIÓN
¿Para qué queremos Ministerio de Educación?
Por Leo Anzalone. El dirigente del partido Ser considera que para asegurar que todos los alumnos del país tengan las mismas posibilidades, es el Gobierno central quien debe hacerse cargo de la educación.
6 de marzo de 2018
Como viene pasando durante los últimos años, éste 2018 también nos encuentra con conflicto docente. Una vez más, en casi todo el país, los pibes no van a arrancar en tiempo y forma las clases. Mientras los docentes luchan por un salario digno, por mejor infraestructura y otros aspectos muy importantes, el Gobierno propone monedas y mezquindades. Pero hace mucho tiempo que nadie se preocupa por éste tema, prueba de esto es el papel del Ministerio de Educación.

Probablemente durante la nefasta década de los ’90 se hallan llevado a cabo las políticas públicas más funestas de la historia de nuestra democracia. Una de tantas, fue que en 1993 Carlos Menem les transfirió a las provincias los “servicios educativos”.

Un sálvese quien pueda entre las provincias que podían hacerse cargo de semejaste cuestión y las que no podían. El pibe que nacía en una provincia “rica” tendría más posibilidades que el que nacía en una “pobre”. ¿Eso es lo que queremos?

Mientras tanto, el Ministerio de Educación no tiene una sola escuela a su cargo, una sola Universidad a su cargo y ni siquiera convoca a la paritaria nacional docente. Con solo observar la calidad educativa, vista con el prisma que cada uno prefiera, se va a dar cuenta que claramente éste modelo no funciona.

Por eso debe ser el Gobierno central el que debe hacerse cargo de la compleja situación, con el Ministerio de Educación de la Nación, como una verdadera política de Estado. Esa es la única manera de asegurar que el alumno que nace en La Quiaca tenga las mismas posibilidades del que nace en Ushuaia. Esto debería ser el objetivo de cualquiera que se calce el traje de “político”.

Pero hay algo más importante, aunque en estos tiempos de individualismo y egoísmo, más difícil también; una vez que se resuelvan los problemas coyunturales y sin ningún tipo de apuro, ni de calendario, ni de elecciones, ni nada que pueda distraer las pocas ganas que hay, docentes, padres y la política, deben encontrar las condiciones para el diálogo, recorriendo provincia por provincia, durante los años que sea necesario y definir entre todos el modelo educativo que queremos para los próximos cincuenta años.