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Lunes 23 de julio de 2018
OPINIÓN
Stephen Hawking
Por José Narosky. Tras el fallecimiento del brillante científico, una evocación de su luminosa vida.
16 de marzo de 2018
“La voluntad de triunfar no otorga el triunfo. Pero lo acerca”.

Falleció recientemente un reconocido científico que nos reconcilia con la especie humana, Stephen Hawking. Inglaterra año 1963. Un joven de 21 años, ya brillante profesor de un colegio segundario, visitaba a un médico.

-¿Cuál es su problema? –preguntó este.

- Siento debilitadas mis piernas, doctor. Y también un hormigueo en mis manos. Tampoco tengo muchas fuerzas en mis brazos.

- Regrese la próxima semana. Deseo examinarlo nuevamente.

Ocho días después, regresaba al consultorio.

- Le pido doctor, absoluta franqueza - Quien así hablaba, era un joven profesor de física, recibido con diploma de honor, llamado Stephen Hawking.

- Se lo diré con total sinceridad -le dijo el médico-. Tiene usted escleorosis amiotrófica. Es una enfermedad degenerativa, que ataca el lugar del cerebro, donde residen las funciones motoras, que permiten desplazarse, y también mover las manos.

- ¿Es irreversible, doctor? -expresó el profesor, casi, en un susurro.

- Si. No se lo puedo ocultar. Usted irá empeorando gradualmente, y podría incluso posteriormente, atacarle la vista y hasta impedirle el habla.

- ¿Cuánto viviré, doctor? Dígamelo francamente.

- Yyyy…de dos a tres años -respondió el médico.

El joven Stephen Hawking, preso de la desesperación, se aisló totalmente. Justo, en ese momento, apareció para él, el amor. “El más hermoso de los milagros”. Encarnado en una bonita joven de 19 años, estudiante de idiomas. Jane, su nombre, la que se sintió atraída por la personalidad de él. Hawking, había sido un brillante alumno de física y le prometió a Jane que se doctoraría en esa materia. Se casaron dos años después. Stephen fue a la ceremonia apoyándose en un bastón.

Ya doctorado, Hawking, logró un puesto de profesor en la universidad. Un hijo alegró su hogar. Pero su salud se deterioraba rápidamente. Ya usaba dos bastones para desplazarse. Tiempo después, necesitó muletas y posteriormente, se resignó a un sillón de ruedas. Pero seguía viviendo, vencido largamente el plazo máximo de 3 años, dado por el médico.

Ya eran 3 los hijos que daban alegría a su hogar. Su cátedra y todo su trabajo, lo dedicaba a la cosmología, ciencia que estudia, el nacimiento y la formación del universo.

Los escritos de Hawking, y sus teorías, resultan actualmente verdaderamente revolucionarias y atraen a estudiosos de todo el mundo. Pero su organismo, se iba resquebrajando.

Posteriormente, solo podía mover dos dedos de una mano. Casi no podía hablar. Poco tiempo después, le obsequiaron una computadora especial y un sintetizador de voz. Que convirtió sus confusos balbuceos en una voz entendible y clara.

Su fama se acrecentaba. Un editor norteamericano, le ofreció escribir un libro, lo llamó “Breve Historia del Tiempo”. Se vendieron más de 10 millones de ejemplares, se tradujo a 30 idiomas, al español incluido. Claro que lo que sobra, no puede reemplazar a lo que falta. Quizás, lo ayudó -además de su enorme talento- su triste circunstancia, porque hay caídas que ayudan a levantarse.

Teniendo 48 años, fue contratado como actor, para una película basada en su libro. Mientras filmaba, le llegó una noticia terrible: su esposa deseaba divorciarse. Pero se sobrepuso también.

Stephen Hawking, es considerado con Einstein, uno de los dos cerebros más inteligentes del siglo XX.

Y un aforismo para este hombre de pequeña talla, que proyectó sombras gigantescas. “Algunos que no podían moverse, lograron mover, montañas”.