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Martes 16 de octubre de 2018
OPINIÓN
El más importante escritor chino contemporáneo
Por José Narosky. Una semblanza de Lyng-Yutang, a punto de cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento.
24 de marzo de 2018
“La poesía es un idioma, y sus embajadores… los poetas”.

Año 1941. En los Estados Unidos y por primera vez, en una universidad de Nueva York, se iba a otorgar un doctorado “Honoris Causa”, en literatura a un extranjero. Se trataba de un escritor chino ¿Su nombre?: Lyng Yutang.

El establecimiento, de varias hectáreas, estaba engalanado con banderas norteamericanas y chinas. Asistirían ministros, funcionarios, alumnos e invitados. Se calculaba la concurrencia en unas 3.000 personas. La ceremonia se realizaría a las 18 horas. A la hora establecida, el invitado no había llegado, hecho inusual en los EE.UU. Pasaron largos minutos. Se notaba preocupación en los rostros.

Recién, media hora después llegó, sonriente, el agasajado. Sus ojos rasgados denunciaban su nacionalidad china.

Era de baja estatura y bastante delgado. Medía 1,64 m. Tenía 46 años. Ling-Yutang, era ya un escritor laureado.

Lo presentaron con los clásicos elogios. Ahora, se esperaba su palabra que se sabía tan profunda como amena.

Guardó en un bolsillo el discurso que traía escrito. Y comenzó diciendo: “He llegado media hora tarde. Les pido disculpas por mi descortesía. He causado incomodidad y preocupación”. Y agregó: “Les explicaré el porqué de mi demora. Yo venía caminando desde mi hotel, distante cinco cuadras de aquí. Pasando por una plaza, encontré a una niña llorando. Tendría 8 ó 9 años. Se le había roto su muñeca. Traté de arreglársela y lo logré. Pero demoré 20 ó 25 minutos en esa tarea. No olvidé mi compromiso con ustedes. Pero, entre vuestra razonable impaciencia… y el dolor de una niña, opté por tratar de resolver la aflicción de la criatura. Por eso mi demora… perdónenme”.

Y ya está presentado, a nivel humano, el más importante escritor chino contemporáneo. Vivió 80 años. Falleció en 1976, un 26 de marzo. A los 9 años les expresaba a sus profesores: “Quiero ser escritor”. Ling-Yutang fue primero maestro. Luego, por sugerencia de su padre, pastor evangelista. Comenzó a estudiar teología, carrera que abandonó. Y explicaba el porqué de su deserción.

“Yo hubiera querido ser pastor, como mi padre, sí. Pero pastor de todas las religiones, ¡de todas! porque Dios es uno y cada hombre, está unido a los demás hombres…”, señalaba.

Tenía solamente 15 años, cuando nació en su mente la idea de hacer un diccionario chino. Porque los caracteres chinos y las miles de combinaciones de palabras lo hacen una verdadera pesadilla. 50 años después -tenía ya 73 años- lo incorporó a un monumental diccionario chino-inglés.

Publicó más de 30 libros en chino. Y varios más en inglés.

Fue un hombre auténticamente modesto. Decía: “Nunca tuve mucha fuerza de voluntad. Fui un verdadero desastre en las pocas disciplinas deportivas que practiqué. Jamás he podido decir un halago a alguien, sin sentirlo dentro mío. Además, ¡ignoro tantas cosas!”.

Pero Lin Yutang fue el hombre que hizo comprender a los occidentales la idiosincrasia del pueblo chino. Y a estos a su vez, les posibilitó entender, mejor, a los hombres de occidente.

“Todo escritor -decía- debe tener la valentía de expresar lo que siente. Pero más importante aún es que sienta bien, con nobleza”.

En 1936 se trasladó por un año a los EE.UU.. Pero al año siguiente -1937- estalló la Guerra Chino-Japonesa. Y no regresó a su patria. Tenía 42 años cuando escribió en Nueva York su libro más famoso: “La Importancia de Vivir”. Fue el escritor best-seller de ese año en EE.UU.. Se tradujo su obra a 12 idiomas. Es realmente un verdadero tratado de filosofía pero sencillo, entendible. Con ese libro, le llegaron el prestigio y el bienestar material.

Un ataque cardíaco, a los 80 años, transformó a Ling-Yutang en un imborrable recuerdo.

Y un aforismo para este ser humano que con talento y humildad, sobrepasó su propia sombra: “La vida es un laberinto. Pero los iluminados… conocen la salida”.