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Sábado 20 de octubre de 2018
COYUNTURA
Las razones detrás del adelantamiento de la campaña
Llamó la atención que con tanta antelación el gobierno saliera a instalar la reelección de sus principales figuras y, sobre todo, que diera así virtualmente inicio a la campaña. Debían cortar de cuajo versiones circulantes.
30 de marzo de 2018
Por José Di Mauro

No pocas críticas generó en diversos ámbitos que el PRO confirmara de manera tan anticipada que los dirigentes que gobiernan los principales distritos del país irían por la reelección. Sobre todo porque el timbreo realizado al día siguiente del congreso partidario en el que se proclamó tal decisión dio la sensación de constituir el inicio de la campaña electoral. Algo que desde el propio oficialismo se sugería que recién sucedería después del Mundial, y hasta lo consideraban un adelantamiento “extremo” que les complicaba la gestión.

Que al final fuera el propio gobierno el que decidiera adelantar tanto los tiempos sonó entonces a contrasentido. Sobre todo porque justamente Cambiemos no es el que debe salir a instalar candidatos. Muy por el contrario, ese es precisamente el problema que tiene la oposición en su conjunto.

¿Por qué la prisa entonces? Porque la historia cambió en diciembre pasado, cuando una oposición extremadamente dura le demostró al gobierno -como ya hemos dicho hace algunas semanas- que la victoria de las últimas elecciones no era suficiente para el “reformismo permanente” proclamado con bombos y platillos. Que el número de diputados y senadores todavía es insuficiente para asegurar la aprobación de las leyes y que, por el contrario, debe seguir negociando punto por punto cada medida que necesite, y eso le sale cada vez más caro.

Así las cosas, en principio la administración macrista decidió aceptar el consejo de Miguel Angel Pichetto de “gobernar con las leyes que ya tiene”, y paralelamente trató de establecer una agenda que le permitiese mantener activo al Congreso, pero sin riesgos de ser desairado.


Y por otra parte se resolvió cortar por lo sano con un rumor que comenzaba a extenderse y amenazaba convertirse en algo serio. Llegaron a la conclusión de que no debían perder tiempo: en el gobierno suele quedarse dormidos muchas veces, pero se vanaglorian de que en materia electoral las alertas les siguen funcionando eficazmente.

La versión que comenzó a instalarse conforme descendía la imagen presidencial fue aquella que hablaba de un “plan B” que maduraba en algunas mentes oficialistas respecto de la posibilidad de que en lugar de presentar en 2019 la candidatura de Mauricio Macri a la reelección, María Eugenia Vidal fuera la elegida. Siendo la gobernadora la política de más imagen del país, el recambio sería la manera de asegurar la continuidad del proyecto.

Fuentes oficiales confiaron a este medio que no podían descartar que detrás de esa hipótesis estuviera la intención de contribuir precisamente a acrecentar el deterioro de la figura presidencial, en pos de generar el “pato rengo” que las elecciones intermedias no crearon. En rigor, por lo menos dos figuras consultadas dieron por segura esa intención, con el argumento de que desde las usinas del poder en ningún momento les pasó por la mente tal posibilidad.

Paralelamente a esas hipótesis, comenzó a circular otra versión: la de que en efecto Vidal integrara la fórmula presidencial el año que viene, pero secundando al propio Macri, de modo tal de “asegurar el triunfo”. En ese mismo marco se sugirió un enroque: Vidal a la fórmula presidencial y Marcos Peña candidato a gobernador. No sonaba inviable, habida cuenta de la predilección con la que cuenta el jefe de Gabinete de parte del Presidente, que muy probablemente piense en él como eventual sucesor. Pero la especie choca con un problema difícil de salvar: Peña no nació en la provincia, sino en Capital Federal, donde tiene residencia. Si tuviera que pensar en una escala previa a pensar en la Casa Rosada, resultaría más viable imaginarlo sucediendo a Horacio Rodríguez Larreta.

Pero amén de ese “run run”, lo cierto es que ni bien se verificó una estabilización de la imagen presidencial -que sigue teniendo un porcentaje negativo superior al positivo-, se decidió cortar por lo sano y adelantar que todos irán por la reelección en sus distritos. Que siempre fue la decisión original. Los estrategas de la maquinaria electoral de Cambiemos sostienen que la próxima será la mejor elección que pueda llegar a tener esta alianza, cuando el desgaste de gobernar no sea tan grande y puedan ofrecer la reelección de sus principales figuras.

Dicho esto sin considerar los imponderables que puede imponer la realidad -léase la economía-. Pero de no mediar una crisis o, si se quiere, una profundización de la misma, se supone que el peso propio que suelen tener los oficialismos tallará en gran forma en las próximas elecciones.

Prueba de ello es que más allá de la frase, o hashtag, #Hay2019, que el peronismo quiere repetir hasta convencer a propios y extraños, la única verdad es la realidad... Y en este caso es la que muestra a buena parte de los gobernadores decididos a desdoblar los comicios próximos. ¿Qué otra razón podría llevar a los mandatarios provinciales a competir por sus respectivas reelecciones en otra fecha que no sea el tercer domingo de octubre, si no el temor a una “ola amarilla” que los desaloje del poder? Esta película ya se dio en 1999, cuando al pobre Eduardo Duhalde sus pares provinciales lo dejaron solo: al ver que la Alianza se los podía llevar puestos, decidieron llamar a las urnas en otras fechas. Catorce provincias se cortaron solas: Catamarca, Chaco, Formosa, La Rioja, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, Santa Cruz, Santa Fe, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Tucumán.

Para las próximas elecciones ya hay trece distritos que tienen decidido votar de manera diferenciada de la Nación, lo que conspira con la posibilidad de que la eventual ola amarilla beneficie a candidatos provinciales propios, pero afianza las posibilidades de Cambiemos de ganar en primera vuelta, que es el objetivo que desvela al oficialismo, teniendo en cuenta que si los gobernadores ya no corren riesgos, suelen despreocuparse de la suerte del candidato nacional propio.

Según establece la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, allí las elecciones deben hacerse en fecha distinta de la nacional, pero esa disposición puede ser modificada circunstancialmente por la Legislatura, donde el oficialismo hoy tiene una mayoría que le permitirá unificar los comicios con la Nación.

Y en la provincia de Buenos Aires, la gran apuesta de Cambiemos es la sábana bonaerense que llevará a Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en una misma boleta. Si la ola amarilla existe el año que viene, le aseguraría a Cambiemos ganar muchos municipios. Es la alternativa que desvela a numerosos intendentes peronistas, habida cuenta de que ellos sí no pueden desdoblar. La autonomía no llega tan lejos.

Es la gran apuesta del oficialismo para los próximos comicios: arrebatarle al peronismo municipios bonaerenses, sobre todo aquellos donde ya se impuso en las legislativas. Por eso mandó a las principales figuras que tiene en cada distrito donde no gobiernan a ser concejales para instalar sus figuras a nivel local.

Aunque más allá del nivel de conocimiento que puedan lograr, la gran candidata será, como en 2017, Mariú Vidal. Para los intendentes y, sobre todo, el propio Macri.