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Sábado 15 de diciembre de 2018
OPINIÓN
Malvinas: el “Versalles” argentino
Por Aníbal Hardy. El autor advierte que, tras la finalización de la guerra, al país se le impuso una “falsa democracia” financiada por los “dueños del poder global” en detrimento de la soberanía argentina.
3 de abril de 2018
La recuperación militar de las Islas Malvinas por la Argentina durante el régimen militar en el poder, fue una guerra relámpago que terminó con la rendición de nuestras FF.AA., ante las británicas.

Esto preparó el camino para lo que años más tarde se transformaría en el “Tratado de Versalles Argentino”. Porque el verdadero meollo de la cuestión es que, igual que con todas las naciones derrotadas en guerra por EE. UU., el Reino Unido y sus aliados, Argentina también habría de sufrir su “Tratado de Versalles”, igual al que le fuera impuesto a la derrotada Alemania en 1919 tras la primera Guerra Mundial por esos mismos aliados victoriosos, ocasionándoles sufrimiento económico, financiero, social y político. En forma similar que Alemania, Austria, Japón, Italia e Irak, a la Argentina también era preciso castigarla por la guerra de Malvinas, sin embargo, en lugar de ocuparla militarmente, se la obligó y se le impuso la “democracia” en su falsa variante anglo-norteamericana, profusamente financiada por los dueños del poder global y sus sátrapas locales. (Nuestro enemigo real en el orden internacional, llamado el poder mundial o nuevo orden mundial, u oligarquía global, encarnada por los países centrales con EE.UU., Inglaterra e Israel a la cabeza, organismos internacionales, fundaciones libres de impuestos vinculadas a los bancos y empresas multinacionales. Agregado el lobby sionista internacional, consultoras, ONG e ideas de diferentes procedencias, los que a su vez constituyen el aparato periférico del capitalismo financiero, de lo más concentrado de la finanza mundial que se conoce como poder internacional del diner”o).

Con la imposición de aquella “democracia” en diciembre 1983, los sucesivos presidentes desde Raúl Alfonsín (el señor hiperinflación 1989), pasando por Carlos Menem (Relaciones Carnales) y Fernando de la Rúa (Colapso Financiero 2001), hasta Néstor y Cristina Kirchner (pagadores seriales), todos les garantizaron a los dueños del poder global tres cosas fundamentales para ellos:

Uno,que la Argentina siempre se mantendría de rodillas antes sus victoriosos enemigos; dos,que la Argentina jamás investigará el origen ilegítimo e ilegal de su deuda externa iniciada bajo el régimen ilegal militar, y que debía pagarla religiosamente (CFK dijo que se han pagado 170 mil millones de dólares de deuda externa y que debemos cada vez más, unos 300 mil millones de dólares a diferentes grupos financieros internacionales; y tres,que la Argentina desmantelaría, desintegraría y destruiría sus fuerzas armadas tanto material como moralmente, de manera de transformar a Argentina en un país total y absolutamente desarmado. Todo ello, resultado del “Tratado de Versalles Argentino”. Alfonsín hizo juzgar a militares por violaciones de los DD. HH., una tarea necesaria sin dudas, pero desnaturalizada, que tuvo como resultado que el pueblo argentino terminase odiando a sus instituciones militares, en lugar de solo expulsar a los criminales dentro de sus filas. Nadie puede imaginarse que EE.UU., Gran Bretaña, Francia e Israel decidiesen juzgar a sus militares por los genocidios perpetrados en África, Irak, Afganistán, Libia, Palestina, Serbia y Panamá. Eso solo les ocurre a los ejércitos vencidos: alemanes, italianos, japoneses, árabes y argentinos.

Este “Tratado de Versalles Argentino” tiene nombre propio: “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones” suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990, y sancionado por el Congreso Nacional Argentino el 4 de noviembre de 1992 (Ley No. 24.184), coronando las negociaciones entre Argentina y el Reino Unido mediante el cual el presidente Carlos Menem y su ministro de relaciones exteriores Domingo Cavallo, operarían como gerentes locales, promoviendo intereses extranjeros en el país. El Reino Unido tendría el control sobre las fuerzas armadas argentinas, especialmente en la región de la inmensamente rica Patagonia, donde ya existen vastas inversiones yanquis, británicas e israelíes (Art. 5); nuestra economía se abriría y desregularía en forma irrestricta (Art. 12) de manera que empresas estatales pudieran ser vendidas y privatizadas a precio vil (petróleo, minería, ferrocarriles, autopistas, líneas aéreas, electricidad, gas, agua, fondos de pensiones, servicios postales, seguros, reaseguros, bancos... Los “inversores” extranjeros tendrían todo tipo de protección, derechos y asistencia. Aquel Tratado fue sucedido por otros similares con Estados Unidos, Francia, Alemania, España, Holanda, Dinamarca, Suecia, Canadá, Australia...

Resulta mucho mejor, y es más fácil, evitar la ocupación militar de naciones derrotadas, imponiéndoles en su lugar la variante anglo-norteamericana de la “democracia•. Todo ello se logra financiando a los peores elementos políticos locales (traidores) catapultándolos a puestos clave: presidentes, ministros, senadores, diputados, jueces, y gobernadores. Luego, todo lo que necesitan hacer es asegurarse que hagan exactamente lo que los dueños del poder exigen que hagan (cláusulas secretas caso Chevron). A esto le llaman “democracia”, y les funciona realmente bien... Porque para los dueños del poder global, el verdadero enemigo es el movimiento nacional, hoy ausente y sin voz en las bancas del Congreso nacional.