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Lunes 23 de julio de 2018
OPINIÓN
Aunque la oposición insista, Caputo no volverá al Congreso
Por José Di Mauro. En el Gobierno no opinan del insólito mensaje enviado por Caputo a una diputada; prefieren celebrar que -dicen- el ministro pudo aclarar todo. No es lo que opina la oposición, que insiste por una reanudación que no sucederá.
7 de abril de 2018
Toda la expectativa política estaba puesta esta última semana en la exposición del ministro de Finanzas en el Congreso. El gobierno y la oposición más dura obsesionados por una presentación en la que uno tenía mucho que perder si Luis Caputo trastabillaba; y otro apostaba un pleno a demoler a un técnico sin experiencia política, con la estrategia de no darle tregua en el marco de una reunión que pretendían tornar extenuante.

Con esas perspectivas, el ministro concurrió a la cita convenientemente ejercitado, con la ventaja de conocer los puntos límites en los que sus interlocutores iban a machacar. En rigor, no hay certezas de que así fuera, pues no alcanzó a escuchar todas las preguntas: entre otros, quedó fuera el camporista Rodolfo Tailhade, autor de cuatro denuncias que involucran a Caputo, y un convencido de que podía ponerlo contra las cuerdas. No pudo ser, y tendrá que reprochárselo a su compañera de bancada Gabriela Cerruti, que con el escándalo que desató en lo que pretendió transformar en el “papelito-gate”, le dio al ministro la excusa perfecta para retirarse.

Precisamente para entonces Caputo ya había comenzado a exhibir un notorio cansancio, al cabo de cuatro horas y media de una reunión de comisión iniciada bien temprano. El propio funcionario lo expuso cuando en medio de los gritos le dijo al senador Mayans: “Vamos porque igual yo ya estoy muerto”. Desde el oficialismo aseguran que se había acordado que se tenía que ir a eso de las 13, pero eso no se había puesto a consideración de la bicameral. Si no hubiera sido lo del papelito, el escándalo hubiera estallado por la inminente decisión de dar por concluida la reunión; de un modo u otro, los gritos estaban asegurados.

Más allá de los reproches que les puede haber merecido el insólito mensaje que sobre la marcha decidió mandarle el ministro a una diputada, en el gobierno consideran que Caputo salió “bien parado e indemne” del examen. Dicen que pudo finalmente aclarar su relación con las offshore y que expuso de manera “sólida” la trama del endeudamiento. Exageran.

Valoran sobre todo la primera parte, que suele ser la que más atención despierta, en la que Caputo pudo confrontar con Axel Kicillof, el primer opositor en preguntar. Por su perfil, el diputado K suele rendirle a los funcionarios oficialistas con los que choca, pues siempre tienen la última palabra y el exministro suele exponer flancos claros. Marcos Peña marcó el camino.

Kicillof le reprochó a Caputo que vaticinara un descenso del endeudamiento “a partir de 2020, cuando ustedes ya no van a estar”, dijo, a lo que el ministro replicó recordándole el tema del dólar futuro y las “bombas” que le dejó el gobierno de Cristina al de Cambiemos, a modo de vencimientos para cuando sabían que ya no iban a estar.

Cierto es que en el marco de la sucesión de preguntas, las referencias a las offshore se reiteraban una y otra vez. En el balance, la oposición se fue al otro extremo al declamar tras el encuentro que el funcionario no había logrado aclarar ninguno de los cuestionamientos, ni tampoco había echado luz sobre el tema del endeudamiento. Es verdad que en el marco del fárrago técnico claramente hubo cuestiones que no alcanzaron a ser respondidas, y dudas que el propio ministro dejó abiertas respecto de la deuda contraída. En lo referente a las sociedades offshore, está claro que es un tema que tendrá que terminar de resolver la justicia.

Resultó paradójico que justamente el bloque Justicialista de Diputados -a cuyo pedido acudió a la bicameral el ministro- no haya alcanzado a hacer preguntas: su representante, el salteño Javier David, fue uno de los que se quedó sin hablar. Un destrato para un bloque clave con el que el oficialismo busca y necesita tener una relación afinada. Por el contrario, el final abrupto llevó al presidente de esa bancada, Pablo Kosiner, a alinearse con los más críticos, señalando que Caputo “no logró dar explicaciones claras y optó por escaparse (…) Alguien que se va de esa manera, reconoce que no podía dar explicaciones”.

Ese final con escándalo dio pie a que desde la oposición en su conjunto, pero fundamentalmente el kirchnerismo y el Frente Renovador -que en Diputados vienen mostrando un discurso afín-, reclamaran la vuelta del ministro para continuar con el interrogatorio interrumpido. Eso no va a suceder. Lo dio por sentado el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, para quien la exposición de Caputo fue “contundente, clara y suficiente”.

Pero más allá del fastidio del interbloque Argentina Federal de Diputados, su contraparte en el Senado no parece en la misma sintonía, pues José Mayans, se dio por satisfecho ante lo que consideró “una explicación completa”. Para el presidente de la Comisión Bicameral de Control de la Deuda Externa, “se cumplió el objetivo” y ahora deberán abocarse a analizar la documentación entregada por las autoridades sobre el tema del endeudamiento.

Muy crítico del gobierno, sobre todo en los últimos tiempos, llamó la atención la buena sintonía de Mayans con Caputo, que dio lugar a suspicacias, sobre todo cuando al día siguiente el presidente Macri mantuvo un cordial encuentro con el gobernador Gildo Insfrán, durante su minigira por el NEA. Mayans es un hombre muy cercano a Miguel Pichetto, aunque en los últimos meses había mostrado ciertas discrepancias con el rionegrino. Pero sobre todo reporta a su gobernador.

Ese peronismo dialoguista que encarna los intereses de los gobernadores se reunió el viernes en Gualeguaychú. Fue un encuentro en el que sus organizadores se ocuparon especialmente de mostrar sus diferencias estratégicas, ideológicas y de estilo con los que semanas atrás se reunieron en San Luis, con presencia dominante del kirchnerismo. En ausencia de gobernadores -primero se bajó Juan Manuel Urtubey, y al cabo ni siquiera estuvo el entrerriano Gustavo Bordet, quien a pesar de realizarse el evento en su provincia no asistió, reuniéndose en cambio con Mauricio Macri en Misiones-, la figura central fue el jefe del bloque de senadores Miguel Pichetto.

El rionegrino se preocupó especialmente por no dar señales ambiguas, y en ese sentido debe interpretarse que le mandara a decir al jefe del peronismo bonaerense, Gustavo Menéndez, que no se apareciera por Gualeguaychú. El intendente de Merlo tiene como consigna que “donde haya dos peronistas y me inviten, ahí estaré”, y por eso se lo vio en La Pedrera, cuando el cónclave convocado por Alberto Rodríguez Saá, copado por kirchneristas. Pero también estuvo días después con el expresidente Rafael Correa, en una peña política llena de kirchneristas y ultrakirchneristas, cantándole al Che Guevara. Suficiente para que Pichetto le sacara bolilla negra.

Sí aceptó en cambio la presencia de massistas y randazzistas. Los primeros fueron los que más se hicieron notar en la reunión, al punto tal que por ser sus figuras más conocidas que la mayoría del resto de los legisladores asistentes, el encuentro de Gualeguaychú pareció un cónclave del Frente Renovador, sin Sergio Massa.

Las diferencias con la cumbre puntana las marcaron a través del documento emitido, en el que advirtieron que no los convence “el planteo de unidad como un simple amontonamiento de dirigentes sin un proyecto común”. Y Pichetto remarcó como objeción y autoconvencimiento de que “no tenemos nada que ver con el pasado”, ciertamente algo difícil de discernir de parte de quien encabezó el bloque oficialista del Senado doce años.

Pero la diferenciación clave pasa por la autocrítica, esbozada por el propio senador rionegrino: “Hemos perdido tres elecciones consecutivas. El peronismo tiene que construir una alternativa diferente, nueva, alejada de las visiones duras, de escenarios de colisión permanente”.

Consignas que difícilmente permitan una confluencia en 2019. Más bien hacen pensar en por lo menos dos sectores bien definidos compitiendo para enfrentar a Macri. ¿Dirimiendo fuerzas en las PASO, como se ilusionan algunos referentes que llaman a no repetir los errores del pasado? ¿O cada uno por su cuenta, dividiendo fuerzas, para regocijo de Cambiemos? La alternativa de una interna es atractiva y alentadora para un peronismo que no ha mostrado en su historia apego a esa alternativa. ¿Pero se animará el cristinismo a competir con la posibilidad de perder y en consecuencia desaparecer? ¿Se animarán los gobernadores a competir con el kirchnerismo y si pierden ellos deban volver a encolumnarse detrás de CFK?

Algunos interrogantes que se plantean camino a una campaña que se iniciará después del Mundial.