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Lunes 20 de agosto de 2018
SU OPINIÓN VALE
Picasso, un explorador sin fronteras
Por José Narosky. Un 8 de abril moría el pintor español, que dio al mundo obras que cantaron al mar, a la luz, a la naturaleza. Siempre tuvo la emoción a flor de piel y la supo reflejar.
8 de abril de 2018
Pablo Picasso fue, para casi todos los amantes de la pintura, el gran pintor del siglo XX. En esta opinión hay unanimidad.

No sucede lo mismo en otras ramas del arte, porque si pensamos por ejemplo en el mejor escritor del siglo XX surgirían divergencias.

Para algunos lo sería el suizo Herman Hesse, autor del libro Sidaharta. Otros elegirían al norteamericano Hemingway, o al francés Romain Roland; algunos al colombiano García Márquez o a nuestro Jorge Luís Borges.

Y lo mismo pasaría con la música o la escultura. Pero casi nadie le discutiría el primer lugar en la pintura de ese siglo a Pablo Picasso.

Vivió 92 largos y fructíferos años. Murió el 8 de abril de 1973. Nació en Málaga, Andalucía, en 1881, el mismo año que el autor de “Platero y Yo”, el español Premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez. Es curioso que dos grandes del arte, españoles ambos, nacieron el mismo año y con pocos días de diferencia.

Se le criticó a Picasso ser mujeriego y a veces, beber en exceso. Esto pudo ser real, pero las debilidades de los grandes, no los disminuyen. Los humanizan.

Es cierto también que frecuentaba cabarets y lugares peores aun. Pero también es cierto, que los eternizó con cuadros ya inmortales.

El padre de Picasso era profesor de dibujo. Tenía como alumno a su hijo de 8 años. En una ocasión el padre, José Ruiz Blasco, Picasso era el apellido materno, llevó un dibujo del niño a la sala de profesores. Cuando vieron lo hecho por el hijo, le dijeron al padre:

– Tu hijo debería ser tu profesor. Nada puedes enseñarle. Todo lo tiene dentro de si.

Y llegó la Primera Guerra Mundial. Ya a los 37 años, finalizada la contienda, se casó con una bailarina. Tiempo después se transformó en un escenógrafo. Como pintor iba adquiriendo trascendencia internacional. Residía alternativamente en Madrid y en París.

En 1936 lo nombraron en España, Director del Museo del Prado. Pero meses después comenzó la guerra civil.

Y él era republicano. El gobierno rebelde, los revolucionarios, le ofrecieron mil ventajas. Pero él era digno y la dignidad no tiene un precio. Y no aceptó. Entonces debió irse. París lo acogió con generosidad.

En 1937, los rebeldes españoles y sus aliados alemanes bombardearon el pueblo vasco de Guernica. Y Pablo Picasso, en un cuadro que comenzó al día siguiente del bombardeo, inmortalizó la masacre, demostrando sin palabras, que algunos idealizan las guerras, pero sólo para encubrir su horror.

Picasso fue también un gran escultor y un extraordinario ceramista. No fue en realidad un solo artista, sino una multiplicidad de artistas. En su obra están la delicadeza y el vigor, la ternura y el horror, el bien y el mal.

Fue en el campo de las artes un explorador sin fronteras. El mismo solía decir que no hay escuelas, sino pintores.

Y quiero finalizar aludiendo al “hombre” Picasso, ya no al pintor. Él fue impactado por la injusticia, por el horror, por la incomprensión. Pero su fina sensibilidad, que siempre debilita, le otorgó otras fuerzas. Y esta especie de ceguera, le posibilitó a Picasso crear belleza, triste, trágica, pero belleza al fin.

Entonces, dio al mundo obras que cantaron al mar, a la luz, a la naturaleza. Siempre tuvo la emoción a flor de piel y la supo reflejar.

Y un aforismo final para esa sensibilidad de Picasso siempre abierta a la magia de los hechos cotidianos: “Quien se emociona por lo simple, nunca es simple”.