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Miércoles 25 de abril de 2018
OPINIÓN
Carolina Stanley podría saltar de Desarrollo Social a la vicepresidencia
Por Armando Torres. Un análisis de las perspectivas que analiza el oficialismo al pensar en quién podrá secundar a Mauricio Macri en la búsqueda de la reelección en 2019.
13 de abril de 2018
Eva Perón no hubiera alcanzado el grado de leyenda si durante el primer gobierno del general no hubiese reivindicado para sí la gestión informal de la acción social. Sus generosas intervenciones solidarias y discursivas a favor de los pobres la proyectaron a la fórmula del oficialismo (Juan Perón - Eva Perón) para la elección de 1952, pero declinó la candidatura mediante un “renunciamiento histórico” por la enfermedad que terminó con su vida a los 33 años.

Perón ya había comprobado como secretario de Trabajo y Previsión (1943-1945) que la promoción de políticas vindicativas del sector obrero, tenía retorno en popularidad. La retribución fue formidable: a cinco días de haber sido detenido por decisión de una facción del ejército, el coronel fue rescatado por los obreros (17 de octubre de 1945) quedando así sentadas las bases para su candidatura en las elecciones que ganó en 1946. Como presidente o en el exilio, desde aquellos días Perón dominó la escena política argentina hasta mucho después del día de su muerte, el 1 de julio de 1974, mientras ejercía su tercer mandato constitucional.

Desde entonces los fondos públicos destinados a la acción social han sido utilizados muchas veces con criterios rentísticos relacionados con posibles candidaturas. Francisco Manrique, José López Rega y Palito Ortega buscaron proyectarse desde el ministerio de Bienestar Social, pero ninguno de ellos consiguió mucho. Ortega llegó a gobernar Tucumán, pero su proyección nacional fracasó.

Entre 1997 y 1999, siendo Eduardo Duhalde gobernador de la provincia de Buenos Aires y aspirante a la Presidencia, su mujer, Chiche Duhalde, comandó el Consejo Provincial de la Familia y Desarrollo Humano, integrando a un numeroso grupo de mujeres para la asistencia social, denominado Manzaneras. Y entre 2002 y 2003 repitió la experiencia en el orden nacional durante el breve período en el que su marido ejerció la Presidencia. Chiche fue presidenta honoraria del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, pero tras salir del gobierno ni Eduardo ni ella pudieron volver a hacer pie en la política nacional. Alicia Kirchner, a su vez, fue 12 años ministra de Acción Social de la Nación en un período de alto asistencialismo, pero su figura desangelada apenas sirvió para proyectarla a la gobernación de Santa Cruz, claro que mediante el amañamiento del escrutinio en la provincia. Sirvan estos ejemplos para validar también que el trampolín de la ayuda social no siempre alcanza para lograr objetivos mayores.

La contracara la muestra María Eugenia Vidal, con su tarea silenciosa como Ministra de Desarrollo Social del primer gobierno del Pro en la Ciudad de Buenos Aires (2007/2011) que la eyectó primero a vicejefa de gobierno (2011/2015), y después a gobernadora de la Provincia de Buenos Aires (2015), algo que a priori parecía imposible. Hoy Vidal, según coincidentes mediciones, es la política con mejor imagen del país y su proyección no tiene techo a la vista.

Ya se sabe que si no ocurre nada inesperado, Macri irá por la reelección en 2019. En ese caso, Vidal sería una compañera de fórmula extraordinaria, pero cualquier estrategia del oficialismo contempla prioritario el resultado en la provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 38% del electorado nacional y Vidal parece imbatible. Ella, entonces, también irá por su propia reelección.

Se plantea así la incógnita sobre la candidatura a vicepresidente. Sin dudas será una mujer, pero posiblemente Macri no repita a Gabriela Michetti, quien ha sufrido desgaste. Los socios de la Alianza -la Coalición Cívica y el radicalismo- querrán decir algo al respecto, pero no tienen figuras sobresalientes para ofrecer. ¿Acaso Lilita Carrió? Aportaría votos, sí, pero su carácter tempestuoso sería una amenaza de recreación del “efecto Chacho Alvarez”, cuya renuncia acercó al final conocido al gobierno de De la Rúa. La vicepresidencia es demasiado poder para tanto fuego.

Algunas miradas apuntan a una funcionaria que ha logrado reconocimiento de las organizaciones sociales y de sectores pobres de la sociedad, donde a Macri le cuesta llegar: la abogada y ministra de Desarrollo Social de la Nación Carolina Stanley, de 42 años, una mujer con sólida formación, que se involucró en la problemática de la pobreza en el 2000, se afilió al Pro en 2003 y en 2011 sucedió a Vidal en Desarrollo Social de la Ciudad. Stanley tiene trato diario y cordial con organizaciones sociales y también con gobiernos, oposición y dirigencia social de las provincias.

Esos factores la favorecen, aunque tendría que superar escollos: la ciudadanía puede plantearse si Cambiemos seguirá buscando candidatos solo en la Ciudad de Buenos Aires; también puede haber prejuicios por su situación patrimonial y por ser hija de un reconocido empresario y ex banquero internacional. Pero lo que no podrá ser omitido es que Stanley ha hecho muy buenas gestiones en la Ciudad y en la Nación, en este caso, al menos hasta el momento.