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Miércoles 15 de agosto de 2018
OPINIÓN
El Gobierno se acuerda de la Ley Antidespidos; la oposición de la 125
Como un depredador eficaz, la oposición olió sangre en el tema tarifas y no deja de acometer contra las mismas. El gobierno estiró los tiempos, pero el final es inexorable: el veto y su consiguiente costo político.
29 de abril de 2018
Por José Angel Di Mauro

Una conjunción de factores generó la crisis del dólar que sacudió a la economía y causó zozobra en el gobierno. El principal elemento que motivó esta situación es externo: el alza de las tasas en Estados Unidos, que pasaron la línea del 3%, provocó que muchos capitales acudieran hacia ese país, causando un tembladeral en los mercados mundiales. Nuestros vecinos devaluaron; Brasil, socio principal de la Argentina, lo hizo fuertemente, pero en los países sin inflación y con una cultura muy diferente respecto del dólar esos sacudones se viven de manera distinta. Por ese mismo motivo, las autoridades monetarias decidieron no permitir aquí una devaluación, y la pulseada salió cara: en la semana, el Banco Central gastó más de cuatro mil millones de dólares para contener el alza.

Muchos hicieron hincapié en el récord de 1.500 millones vendidos el miércoles, pero la mayoría de los economistas minimizó el cuadro, sugiriendo que la comparación debe hacerse en función de la cantidad de reservas que hoy tiene la Argentina, del orden de los 60.000 millones de dólares. Con todo, no deja de ser una gran luz de alarma.

Sobre todo por las consecuencias de esta disparada, que más temprano que tarde terminará trasladándose a precios, que es lo que el Central ha tratado de evitar. Existe un compromiso respecto de que en mayo habrá una fuerte baja de la inflación y fue lo que llevó a hacer semejante esfuerzo por evitar una devaluación. La consecuencia inicial es, además de la pérdida de reservas, una apreciación del tipo de cambio con relación a nuestros vecinos. Es el drama de un país con inflación.

La tasa norteamericana podría seguir moviéndose a lo largo del año, algo que aquí desvela a las autoridades económicas. Ruegan porque no suceda, pero deberían ya estar curados de espanto: la administración macrista se ha acostumbrado a recibir malas noticias desde el exterior, ora con el Brexit, ora la victoria de Trump…

Además de la suba de tasas en EEUU, otro ingrediente que contribuyó fue la entrada en vigencia del impuesto a la renta financiera, que el gobierno estableció ante la insistencia de la oposición por tomar ese tipo de medidas. La consecuencia fue que los fondos extranjeros salieran de Lebacs y se pasaran al dólar.
29-04-2018
El tercer factor es político, y es la crisis generada por el alza de tarifas. Está dicho que el gobierno minimizó el impacto del tema, lo creía una cuestión superada a partir de las audiencias públicas de 2016 y el esquema de aumentos anunciado entonces. Hablan en la Rosada de una sobreactuación de parte de la oposición, pero debieran reconocer en principio que los cuestionamientos nacieron en el propio seno del oficialismo. Si bien muchos observadores no dejaron de resaltar como un mérito de Cambiemos la curiosa habilidad de capitalizar también las críticas, de modo tal de tratar de contener a los propios, no debe ignorarse que fue después de que Elisa Carrió hiciera un pedido de informes a Marcos Peña, que el kirchnerismo pidió una sesión especial en Diputados. Y mientras el presidente del radicalismo presentaba un documento con propuestas para mitigar los aumentos, el massismo y el peronismo de los gobernadores se sumaban a la sesión especial contra el “tarifazo” y anunciaban un proyecto propio para que los aumentos no puedan ser superiores a las subas salariales.

Se lo recordó Miguel Pichetto en la sesión del Senado del miércoles pasado. Ante el jefe de Gabinete, el rionegrino le aclaró que la oposición había tenido en el tema “una prudencia digna del Parlamento francés”, advirtiéndole que el debate lo habían empezado los aliados de Cambiemos: “Una diputada importantísima, Elisa Carrió, que tiene una fina percepción, no la subestimo, y la acompañaron después hombres del radicalismo”. Dicho lo cual, le preguntó a Peña: “¿Qué pretenden, que la oposición se quede cruzada de brazos?”.

Si alguna experiencia tiene Pichetto es la de defender gobiernos, de ahí que le sugiriera al actual “tener una estructura de conducción muy férrea. No hay debates libres en los gobiernos”, observó, para concluir: “No pretendan que después los opositores hagan de oficialistas. Eso no va a ocurrir”.

A esa altura ya había terminado hacía varias horas la sesión especial pedida por la oposición. Previsiblemente habían tenido quórum, y en una hábil decisión el oficialismo se había prestado esta vez a proporcionarlo. ¿Para qué regalarle al adversario el festejo de llegar solito a los 129, cuando estaba cantado que esta vez lo conseguirían? Más sorprendió que Cambiemos accediera a permitir que expusieran los autores de cada uno de los proyectos metidos en la ensalada que constituyó el temario de esa sesión especial. Si bien el presidente de la Cámara baja -que dio la nota en el inicio de la semana al conocerse que dejará el cargo cuando concluya su mandato, así Mauricio Macri resulte reelecto- había acordado con la oposición un breve espacio para cada expositor, previsiblemente los tiempos se fueron estirando y, sobre todo, no encontró flexibilidad para acordar que, viendo que todas las votaciones resultaban lejanas a los 2/3 necesarios para que los proyectos avanzaran, hacer una única votación al final de todos los discursos. La oposición no tenía ninguna prisa, más bien lo contrario, como confesó en plena sesión Victoria Donda: “Ahora tienen mucho apuro por dar inicio a la sesión convocada para hoy, pero para nosotros es mucho más importante discutir cómo frenamos el tarifazo que votar un proyecto de ley que a los únicos que les importa es a aquellos implicados en el mercado de capitales”.

Aludía al proyecto de Financiamiento Productivo, que finalmente se postergó, igual que la semana anterior, debido a la hora en que terminó la sesión especial. En efecto, el gobierno tiene especial interés por conseguir que finalmente eso se convierta en ley. Corre una carrera contrarreloj, pues lo necesita para antes del 14 de mayo para que Argentina pueda ser país emergente. Una posibilidad que ya quedó postergada el año pasado cuando los que deciden observaron que si bien la Argentina mostraba mejoras económicas, lo que fuera a pasar en las elecciones los llenaba de dudas sobre la gobernabilidad. Ahora les volvieron las sospechas, ante las dificultades del oficialismo para conseguir aprobar las leyes que necesita. Esta, que reforma el mercado de capitales, es una prueba. El ruido con las tarifas, otra.

En rigor, había tiempo el miércoles para sesionar y aprobarla, pero el levantamiento de la sesión obedeció en realidad a la presunción de que el kirchnerismo pediría tratar el dictamen sobre la derogación del DNU de desburocratización del Estado. El tema había quedado pendiente el 22 de marzo pasado, cuando Cambiemos se retiró del recinto dejando sin quórum la sesión y a los diputados opositores denunciando un “mamarracho legislativo”. Ante el temor de que la oposición se uniera para asestarle una derrota, Cambiemos prefirió patear para adelante. Mas esa posibilidad seguirá latente y es seguro que la oposición buscará derogar el mega DNU que fue transformado en tres leyes que aún no trató el Senado.

Pero el problema más urgente para el oficialismo es el de tarifas, y el gobierno ya está decidido a jugarse a suerte y verdad. El miércoles tratarán el proyecto del peronismo no kirchnerista para modificar la escala de aumentos y todo indica que la oposición tendrá las firmas suficientes para emitir dictamen de mayoría. A la semana siguiente el tema recibiría media sanción, en el marco de una nueva sesión en la que la oposición volverá a unirse contra el gobierno y ya demostró el miércoles pasado tener los votos suficientes para aprobarlo con mayoría simple.

El proyecto que presentó Cambiemos en el Senado para eliminar cargas impositivas sobre las boletas fue para presionar a los gobernadores, pero está claro que no va a avanzar. El gobierno ya se hace a la idea de que lo mejor es no dilatar más el tema, pues de lo contrario el Congreso seguirá parado. Con encuestas que inquietan realmente al gobierno, sobre todo porque muestran al votante propio desencantado, Macri tiene decidido vetar, si el Senado termina convalidando lo que surja de Diputados: compara esta situación con la ley antidespidos, que sorteó por esa vía en 2016, sin magullones.

Son circunstancias distintas. De hecho, la oposición hace otra comparación, como Graciela Camaño, que prefirió trazar el parangón con la 125. Esa que se transformó, a la larga, en el principio del fin del kirchnerismo.