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Viernes 25 de mayo de 2018
OPINIÓN
Los ricos también lloran
Por Daniel Bosque. Tarifas, dólar, inflación y el FMI. El autor analiza las causas y posibles repercusiones de una de las semanas más complejas para el Gobierno.
10 de mayo de 2018
“El dolor de ya no ser”, como cantaba Gardel. El panel de votos diputados, al filo de la medianoche, ha marcado la más dura derrota de Cambiemos y el Gobierno nacional de ahora en más deberá exigir a sus músculos tensos para escapar del tobogán. El Congreso nacional está estrenando un nuevo formato, el de Cambiemos vs. resto del mundo y la billetera del Estado nacional, ahora monitoreada por el FMI, pareció ayer sin potencia para dividir a peronistas y reglar a sus gobernadores.

Las empresas energéticas y de servicios públicos miran azoradas, como quien ve hundirse su barco desde la playa, como la oposición desmontaba el new deal que habían pactado con el Estado a cambio de invertir en expansiones y abandonar los suculentos juicios en el CIADI iniciados en la era K. Las diatribas de advertencia del Foro de Convergencia Empresaria y de las energéticas, en la prensa y en las redes, han caído en saco roto, lo mismo que los briefs sobre cuánto le costará a la Argentina y su PBI este límite a las tarifas energéticas que ya tiene media sanción.

“Tenemos 15 días para pelearla en el Senado, pero salimos un poco tarde a explicar esto a la sociedad”, se lamentaba un calificado vocero del sector. En las compañías se mastica el desánimo. La misión dificilísima es cómo convencer a la famosa “Doña Rosa” que acuñó Bernardo Neustadt, a los ciudadanos/as de a pie, de que la causa es justa, que todo derroche es malo, que m³ de gas, kw. y km. de transporte en cualquier parte del planeta valen lo que pesan.

No ayudan, para nada, los jeroglíficos de ecuaciones con que se confeccionan las facturas a hogares y empresas, fórmulas émulas de Enstein y Hawkins. Un enredo de cuadros tarifarios ahora encorsetados por el Parlamento que no fueron dictados a Moisés en el Monte Sinaí, más bien reflejan la puja distributiva y el esnobismo burocrático de la Argentina. Y que fueron pergeñados cuando Julio De Vido y Axel Kicillof hacían y deshacían, con el ENARGAS y el ENRE como cartón pintado.

Si hubo algún pecado original, entre tantos errores no forzados que ahora desnudan a Cambiemos, es no haber metido el bisturí en una lógica matemática que dispara el precio de los consumos a valores sencillamente impagables para muchos bolsillos populares. Tal como se cansó de decirlo el peronismo tiburón que ha olido esta sangre y anoche pegó su primera dentellada. Con Cristina sin aparecer, para desgracia de Durán Barba,

Macri y sus CEOs exitosos en sus empresas pero complicados en la gestión pública, se lamentan de que no es fácil bailar con la más fea y que además de su debilidad relativa vienen soportando todas las inclemencias juntas: Peronismo, sindicatos, piqueteros, frío, calor, sequía, inundaciones, Trumponomics, submarino, además de esa perenne devoción colectiva por adorar al dólar y remarcar los precios porque los argentinos de hoy no conocen otra vida posible. Si el intríngulis tarifario fuera lo único en la agenda, esto sería una turbulencia de cabotaje, pero el mazazo al peso argentino era algo que podía perfectamente suceder y ocurrió.

La literatura financiera de las últimas décadas está repleta de relatos de cómo George Soros, Warren Buffet, Paul Singer y decenas de investment funds hicieron puré a diversas monedas. Un fisco empobrecido sale a aspirar fondos, el juego se transforma en timba, hasta que los actores toman ganancias y se van. “Sabemos quiénes son”, dice Lilita Carrió, sobre este fuego amigo. Los que dispararon la devaluación, algo sencillo en un mercado pequeño, son los mismos que en este bienio acudieron generosos a suscribir Letes, bonos y Lebacs. Lo comido por lo servido, dirían los españoles.

Pero no solo el peso sufre el devalúo, el macrismo que tanto esperanzaba a la mitad más uno de la sociedad ha caído en desgracia y la gira apresurada a traerse un cheque salvador de Christine Lagarde cambia el escenario. En Buenos Aires, tan sensual como loca, ayer arreciaban todo tipo de primicias y versiones. La más dura de digerir es que el FMI objeta el Programa de Propiedad Participada (PPP) lanzado a toda orquesta hace poco, porque esos US$ 6.000 millones son, para sus auditores, deuda encubierta.

Al fin, ni siquiera se harían las autovías para cruzar las pampas, uno de los legados que promete el macrismo. El fondo ha cambiado, tras sus debacles, dicen los defensores de la call conference que terminó con Nicolás Dujovne en Washington. La Argentina está sana, tiene reservas, esto no es el 2001 cuando Ricardo López Murphy duró 10 días tras arreglar con el organismo financiero que recortaría sueldos, jubilaciones y cerraría INTA, INTI, CNEA e INCAA, entre otros. Con recuerdos así, es difícil que esta nueva boda guste.

No todas son malas, a 8.400 kilómetros de allí, en la meca petrolera de Houston, un relajado Juan José Aranguren disfrutaba del auditorio amable y optimistas. Inversores de oil&gas, eufóricos con el WTI supra US$ 70, aplaudieron al ministro MINEM en el road show del Instituto Argentino del Petróleo del Gas.

Diecinueve proyectos, 4,1% más de gas y US$ 7,50 MMBTU de precio incentivo, sonó como una buena melodía. El Gobierno prevé que este verano sobrará gas en la Argentina y como no hay donde almacenarlo podría exportarse por barcos o a Chile. Suena a quimera, si se mira desde la debacle del cristinismo, cuando el superávit comercial de la soja se iba como por un tubo por la importación de energía del país por buques metaneros, gas boliviano y electricidad de limítrofes.

Winners y losers. No sólo en energía y consumo, también en política. Con el rostro moreteado, PRO-UCR luchan por que cese el descontrol mientras evalúan las caída de simpatía ciudadana, que alcanzó incluso a María Eugenia Vidal, la mejor rankeada desde hace tiempo. Lo peor de todo es la decepción, que #tarifazo se instaló como marca negativa y la oposición seguirá castigando a la coalición con que es un Gobierno de y para los ricos.

Tarifas, dólar, inflación, todo lo demás no importa, ni el entuerto de Indalo que va hacia una quiebra administrada, ni la Ley del Mercado de Capitales, que podría dar acceso a las PyMEs a US$ 70.000 millones para proyectos. ¿Alguien se acuerda en esta sudestada de que Argentina preside el G-20 y de que este año aterrizarán aquí centenares de funcionarios, mandatarios y empresarios? No es hora de pensar en eso, al macrismo que venía a cambiar la historia se le viene 2019 con un sobrepeso de asignaturas pendiente. ¿Cuándo parará de llover? No sé Mauricio, te averiguo.