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Sábado 21 de julio de 2018
OPINIÓN
Los índices de precios y la inflación
Por Juan Carlos Tomasetti. Para el autor, habría que dedicar las mejores energías a determinar el origen del fenómeno y evitar sus efectos, en lugar de discutir sobre cómo medirlo mejor.
11 de mayo de 2018
El pasado martes 10 de abril, las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Economías Regionales de la Cámara de Diputados efectuaron una reunión en la cual expuso el director del INDEC, Jorge Todesca, específicamente respecto del Censo Nacional Agropecuario (que se realizara próximamente), y también formulo una sintética y precisa descripción respecto del funcionamiento del INDEC. Muy valiosa toda su exposición y también sus antecedentes en la materia, pero permítanme recordar un comentario formulado hace unos años (en esta misma página), que en absoluto observan lo anterior.

Los índices de precios son elaborados con la ayuda de fórmulas matemáticas, algunas simples, otras sofisticadas, en base a muestras que componen un universo más numeroso de datos, tomados de una parte en un espacio mayor y de algunas de todas las cualidades de esos datos.

Esos índices expresan promedios de valores de datos (ejemplo precios) y se ponderan con otros datos promedios (ejemplo cantidades, cualidades); nunca expresan resultados absolutos, nunca miden fenómenos con certeza, siempre son estimaciones, indicadores de las tendencias de determinadas variables.

Matemáticos como Laspeyre, Paschee, Allem, Wueller, y otros aportaron importantes herramientas de las matemáticas que se utilizan para intentar medir la inflación.

El concepto más simple y preciso de inflación que nos da la teoría económica, es el de incremento en el nivel general de los precios.

Claro que la realidad de muchas economías del mundo y la de Argentina en particular nos han hecho observar que este fenómeno y sus efectos, especialmente sobre las conductas de los operadores económicos (empresarios, consumidores, trabajadores, ahorristas, etc), no tienen plena y exclusiva explicación por la teoría económica. El tema de las expectativas inflacionarias y el de las pujas distributivas durante el fenómeno, no son alcanzados por la explicación y tampoco por las mediciones.

Recordemos toda una época en la que el INDEC elaboraba una gama de índices de precios (minoristas, mayoristas, agrícolas, industriales, importados, estacionalizados, desestacionalizados, de la construcción, de precios implícitos, de nivel general, por sectores, etc) y también en algunas provincias, Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, con el aporte de las universidades nacionales se estimaban índices de precios locales y regionales.

Toda esa gama de índices elaborados con la más perfecta herramienta matemática y con el mayor rigor estadístico no alcanzaban para medir acertadamente el fenómeno inflacionario y menos conocer sus efectos. Claro que en algún momento de esa época uno de los índices llego a marcar un incremento de precios del 78,5 mensual y el fenómeno se daba con la economía creciendo y continuaba cuando estaba en recesión...

Y como todos esos muchos índices, nacionales y regionales, no eran suficiente para indicar a muchas de las decisiones microeconómicas, también elaborábamos una variedad de índices simples que expresaban incrementos de precios de un solo producto. (cemento, energía eléctrica, trigo, carne vacuna, soja, alquileres, etc.).

En definitiva, toda esa gama de índices rigurosos y confiables, nunca pudieron medir y exponer el alcance del fenómeno (inflación) para la más adecuada toma de decisiones de los operadores económicos, solo aportaba indicaciones, aproximaciones.

La reflexión de este comentario es que debiéramos dedicar las mayores y mejores energías a determinar el origen del fenómeno y evitar sus efectos, y menos en discutir sobre cómo medirlo mejor.

Conocer la temperatura correcta es un dato valioso, pero es el diagnóstico y la medicina adecuada la que termina con la dolencia.

Hoy todo el debate político, económico, periodístico, es la cotización del dólar, las tarifas de servicios públicos, el FMI, el déficit fiscal, el déficit de balanza de pagos, etcétera, etcétera… Todos gérmenes, infecciones, síntomas, dolencias resultantes, etcétera, de la enfermedad central: la inflación, la cual no se expone.



El licenciado Juan Carlos Tomasetti fue asesor de la Presidencia de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, actualmente docente en el ICAP.