BUSCAR FACEBOOK TWITTER
Viernes 25 de mayo de 2018
OPINIÓN
El miedo a una corrida bancaria aventó las prevenciones al FMI
Por José Angel Di Mauro. Cómo llegó la administración Cambiemos a instalarse en el peor de los mundos, con una devaluación fuerte, una estrepitosa pérdida de imagen y la presurosa búsqueda de la ayuda del protagonista de los peores recuerdos de la historia reciente.
12 de mayo de 2018
¿Qué puede haber peor para una administración que acaba de vivir su peor semana en el gobierno? Que la siguiente sea aún más negra… Ni qué decir entonces si la tercera supera a las otras dos en adversidades. Es lo que viene pasándole al gobierno desde los últimos días de abril; pero ahora, curados de espanto, prefieren ya no aventurar el final de la zozobra, como cuando el viernes el ministro Pancho Cabrera sugirió que los vaivenes durarán “unos días más”. A no pensar que el optimismo fue dejado de lado, pues auguró que “en pocos días (la corrida) va a ser historia”.

No se corre presuroso a pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional por un tema “coyuntural”, como definió el ministro de Producción a esta crisis que asustó de manera inusual a los principales miembros del gobierno como para reaccionar de tal manera.

Lo único bueno de este embrollo será que las autoridades hayan sacado conclusiones que los dejen bien preparados ante otra emergencia. Porque si bien la crisis fue desatada por factores internacionales, hubo una serie de serios errores para que los resultados hayan sido tan adversos.

En principio, faltó previsión: está claro que a Cambiemos le cuesta diagramar planes alternativos que alteren lo escrito en la planilla. Cuando el “segundo semestre” no llega, solo se busca readecuar el discurso para justificar la demora, sin admitir errores o buscar un plan B.

Faltó previsión para cuando Donald Trump venció a Hillary Clinton, y los planes diagramados en base a lo pactado con Barack Obama se incendiaron. Debieron ver venir lo que pasaría cuando el presidente norteamericano cambió al titular de la Reserva Federal, y comenzó a preverse una readecuación de la tasa de ese país. Es de esperar que se tenga en cuenta que próximamente habrá otro repunte, según se prevé.

Sorprendió a propios y extraños la reacción extrema anunciada por el presidente Mauricio Macri el martes, en una versión aggiornada de cadena nacional. Los que insistían para que el Presidente diera la cara para explicar la situación deben haber estado satisfechos. El propio Macri venía buscando una oportunidad para mostrar que le pone el cuerpo a la crisis. No es seguro que haya sido lo mejor: no se expone al Presidente a anuncios de ese tipo, en un clima tan enrarecido y con un actor tan cuestionado como el Fondo Monetario, que acumula un 75% de rechazo en la sociedad.

Fue música para los oídos kirchneristas, que desde el día 1 quisieron hacer de Mauricio Macri un neoliberal ajustador, insensible y represor. La invitación a que el Fondo vuelva a tener voz en la Argentina fue un regalo inesperado para los más enconados adversarios de este gobierno. Previsiblemente recordaron cuando en 2006 Néstor Kirchner decidió pagar al contado 10 mil millones de dólares para “deshacernos” del FMI. Parte de una historia incompleta.

El santacruceño llevaba tres años en el poder, en los que había convivido y arreglado con el Fondo. En septiembre de 2003, cuando acordó con el organismo que presidía entonces Horst Köhler la postergación del pago de 21.610 millones de dólares, se comprometió a pagar 2.900 millones adeudados, eliminar las retenciones y el impuesto al cheque, y revisar las tarifas de los servicios públicos. Acordó también que el superávit primario sería del 3% del PBI en 2004 y ampliar la base del IVA. La inflación acordada sería de entre 4 y 7% anual. El anuncio de ese arreglo lo hizo aquí el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el mismo que esta semana dijo tener “la sensación de que repentinamente retrocedimos 15 años”. Si lo sabrá él…

Cuando en 2006 Néstor Kirchner decidió saldar la deuda con el FMI buscó generar un hecho de fuerte impacto simbólico que logró; un año después se intervino el INDEC y a partir de entonces los números de ese organismo fueron manipulados.

La alternativa de acudir al Fondo anunciada esta última semana había comenzado a manejarse hace dos meses, e incluso mencionada como al pasar por gente de diálogo con las autoridades económicas, al especular sobre eventuales complicaciones de financiamiento. El lunes pasado se llegó a sugerir el recurso al que apeló Cristina Kirchner para reforzar las reservas cuando a la Argentina se le complicaba encontrar financiamiento: China. Ahora hace falta algo más que un “swap de monedas”.

Martín Redrado y otros economistas concluyeron que el gobierno apeló esta semana a la que debió ser la última instancia. Otros sugirieron que podría haber sido una muy buena medida de haber sido tomada en un primer momento, allá por 2015. Un gobierno tan cuidadoso de las formas jamás se lo hubiese permitido. Ni hacía falta preguntarle la opinión a Durán Barba.

Está claro que el gobierno se asustó. Una fuente oficial confió a este medio que una medida tan extrema obedeció a un temor no menor: que la corrida cambiaria se terminara transformando en una corrida bancaria. Ya se sabe cómo termina eso. Ante tamaño cuadro, Macri dejó de lado sus dudas.

El día anterior había buscado Cambiemos mostrar solidez al reunirse en la Casa de Gobierno todos los socios de la coalición. Pero al día siguiente desandó ese camino al dejar boquiabiertos el Presidente a radicales y lilitos con su anuncio sobre el Fondo. Si ya es un problema que no los consulten sobre las medidas, resulta peor que no les informen. Con todo, los socios salieron a “bancar” la parada. Sobre todo Carrió, que ya se había mostrado muy activa acudiendo a la Casa Rosada y a Olivos en los momentos más críticos, y el jueves pasado redobló su compromiso con Cambiemos en general y el Presidente en particular, si bien -fiel a su estilo- no dejó de pasar facturas. Sobre todo a Jaime Durán Barba, al que reprochó la decisión de “no comunicar”.

Pero Lilita también acumula reproches internos. Por las críticas hacia los aumentos de tarifas, que según los peronistas les dieron pie -junto con las de los radicales- para alzar sus voces también, y por la decisión de ausentarse en la sesión especial sobre tarifas. Al votar faltaron 9 de los 10 miembros de la Coalición Cívica, con lo que los votos del oficialismo se limitaron a 94. Con ellos hubieran pasado al menos la barrera del centenar, aunque igual perdían lejos. Si bien Elisa Carrió aclaró que no habían estado porque no tenía sentido el debate si igual el Presidente va a vetar esa ley, sus pares de bancada les endilgan no haberse quedado a defender la decisión en el recinto.

El pase de facturas incluye a los gobernadores dialoguistas, que si bien se alinearon discursivamente con la Rosada al criticar el interés opositor por legislar sobre tarifas, no aportaron esta vez ni un voto a favor de la postura oficial, tal cual habíamos adelantado en este mismo espacio. Apenas si dejaron algunas bancas vacías, con el caso extremo de los cinco misioneros, que se ausentaron a la hora de votar, o la actitud típica de los santiagueños de Gerardo Zamora: tres votaron a favor y tres se ausentaron. Mal presagio para lo que vaya a pasar en el Senado, donde se espera un trámite expeditivo: será ley el 23 de mayo, máximo el 30. Inmediatamente después, el veto presidencial.

Los gobernadores opositores fueron convocados a la Casa Rosada para ser interiorizados sobre el acuerdo con el FMI, o mejor dicho sobre la decisión de buscar ese entendimiento. Se buscó dar una señal y se les pidió que al menos no fueran críticos del acuerdo. Hubo algunas ausencias, entre ellas la del salteño Juan Manuel Urtubey, flamante papá que encontró en ese feliz suceso la excusa ideal para faltar.

Porque esa es la postura imperante en la oposición, que ahora sí cree decididamente que “hay 2019”. Sienten que se les “abrió el arco” y Mauricio Macri muestra la vulnerabilidad que no imaginaban cuando desfiló en octubre pasado. Pero temen que una sobreexposición de su rol opositor los termine afectando, victimizando en este caso al gobierno. Por eso es que quienes han salido a pegar son los cuadros medios; los gobernadores y eventuales candidatos se muestran preocupados, pero contemplativos. O en algunos casos, ni se muestran.

Una recomendación que hasta tomó en cuenta la expresidenta Cristina Kirchner, que sorprendió silenciando incluso su cuenta de Twitter, convencida de que en este momento crítico es mejor darle todo el protagonismo al gobierno, para que sea el que monopolice las críticas.