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Martes 18 de septiembre de 2018
OPINIÓN
La obsesión por bajar el déficit domina el pensamiento de Macri
Por José Di Mauro. El gobierno obtuvo resuello tras varias semanas muy críticas. El papel clave del ministro Luis Caputo. Cambio de estrategia y apertura a un diálogo declamado pero inexistente.
19 de mayo de 2018
A aquellos que no les quedaba claro por qué, cuando lo cuestionaban por las offshore, en el gobierno llegaron a definir al ministro Luis Caputo como “el Messi de las finanzas”, ya no deberían quedarle dudas. En esos días en los que la oposición se descargaba con todo sobre el ministro de Finanzas, una encumbrada fuente del gobierno dijo que “Toto es el único número 1 que tenemos en lo suyo”.

Fue, por lejos, la figura central de la semana; el hombre cuyas medidas hicieron superar airosamente el temido “Martes L”. Ya se había lucido cuando a principios de año vio venir el aumento de tasas y se ocupó de cubrir en el primer trimestre el 75% del programa financiero. Fue por eso que en plena escalada del dólar, a principios de mes, salió a negar problemas de financiamiento del país. Pero ahora se sabe, o al menos eso ha trascendido de diversas fuentes consultadas que permitieron reconstruir el desarrollo de estos días de furia, que Luis “Toto” Caputo fue el que le sugirió a Mauricio Macri -y lo convenció- apelar al Fondo Monetario Internacional.

Dicen que más allá de la suficiencia con la que trata de aventar temores, en los días más críticos de la corrida bancaria -léase “turbulencia”, según el vocabulario oficial- Caputo “se asustó”. Diversos economistas advirtieron que en una suerte de exceso, el gobierno había apelado a la última instancia, salteando otras menos antipáticas. Sin embargo el ministro de Finanzas habría llegado a la conclusión de que si no era ahora, esa medida debería ser adoptada a más tardar en abril del año próximo, sin posibilidades de revertir en pleno año electoral el descrédito de semejante determinación.

De hecho, en la Casa Rosada celebraban el viernes que mientras inicialmente un 75% de la población se mostraba muy crítico de acordar con el Fondo, esta semana, tras la “calma” alcanzada el martes, ese posicionamiento había disminuido diez puntos. Sigue siendo una enormidad y una carga muy pesada para Cambiemos, pero dependerá de la evolución de las negociaciones y el resultado final ver si ese elemento sigue siendo tan corrosivo para el oficialismo, en vísperas de elecciones.

Otras versiones sugerían incluso que la ayuda del FMI fue ofrecida desde ese mismo organismo, cuando vieron que de todos los países emergentes afectados por el alza de tasas en Estados Unidos, Argentina fue la más castigada. Hipótesis incomprobable, pero es cierto que ese organismo y fundamentalmente los países centrales que tienen especial injerencia en el mismo, están particularmente interesados en que el experimento argentino de “salida del populismo” tenga éxito. Sería una muy mala noticia para la región que el gobierno argentino se hundiera en el descrédito en momentos de alta volatilidad política de Brasil y cuando México se encamina a elecciones en las que el candidato populista es favorito.

Como sea, y a partir de los dichos del vocero del FMI, Gerry Rice, que confirmó que ellos han “cambiado”, se abre una luz de esperanza. Sobre todo cuando Rice remarca que el Fondo “hace mucho más hincapié en la protección social, en proteger a los más vulnerables de los costos del ajuste”. Música para los oídos de los funcionarios, azotados por una oposición política y social que no le da tregua.

Ver para creer, tampoco es para exagerar. Puede que los condicionamientos que ponga el FMI no pasen por modificar la edad jubilatoria, o reducir las indemnizaciones; claramente han dicho los funcionarios del Fondo, y el propio Mauricio Macri, que será la Argentina la que haga las propuestas correspondientes. El objetivo debe ser reducir el déficit. Tan sencillo como eso. Ese camino que ya habían iniciado las autoridades económicas se ha acelerado, conforme la certeza de que el gradualismo va a ser alterado de aquí en adelante. En rigor, lo que desató la corrida cambiaria fue que el mercado empezara a dudar del financiamiento para el gradualismo.

Podría tomarse la última semana como el punto de inflexión para el gobierno de Cambiemos, que ha puesto en tela de juicio buena parte de sus dogmas. Vale en estas circunstancias ver quiénes fueron los ganadores y perdedores de esta crisis. Entre los primeros, ya hemos mencionado a Luis Caputo; habrá que sumar a los que venían proponiendo atender el ala política de la fuerza gobernante: ahí tenemos que considerar a Emilio Monzó, que ha vuelto a la mesa chica, a Rogelio Frigerio, y a los socios del PRO en Cambiemos. Del lado de los perdedores aparece el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, más allá de que el Presidente lo haya ratificado y destacado como el hombre que deberá encargarse de bajar la inflación. No lo sacarán, ha confirmado Mauricio Macri, que con buen criterio reconoció que no tiene tiempo para que los que lleguen aprendan lo que hay que saber para llevar adelante sus funciones. La observación se hace extensiva, por supuesto y sobre todo, a Nicolás Dujovne y su equipo económico.

Abrirse al diálogo con la oposición, decisión anunciada por Marcos Peña y confirmada al rato por el Presidente, representó también atender un reproche que se le hace al gobierno en los focus group. Solo 2 de cada 10 personas piensan que el “gobierno del diálogo” escucha a los demás. Está claro que hay una fuerte tendencia presidencial a considerar que buscar el diálogo, con propios y extraños, es señal de debilidad. En este contexto es donde se pone del lado de los perdedores al consultor Jaime Durán Barba, criticado en público y privado por buena parte de Cambiemos. “Sirvió para ganar elecciones, pero no se lo puede adoptar como piloto de tormentas”, confiaba un funcionario el jueves, cuando hacía una evaluación de daños.

Junto al ecuatoriano, obviamente resultaron fuertemente afectados por la onda expansiva de la crisis los “ojos y brazos” del Presidente, como han sido definidos Marcos Peña y sus dos vicejefes. Es impensable que el jefe de Gabinete vaya a resignar poder, pero hoy está en tela de juicio su manejo omnipresente de todas las áreas del gobierno.

De hecho, algo que solía redundarle muy a favor a Peña eran los informes que brinda en el Congreso. Pero cuando el 25 de abril pasado fue al Senado, lo suyo fue una serie de datos positivos y optimismo suficiente. Sin rivales con los que confrontar -Cristina Kirchner faltó y su bloque se mostró moderado-, el informe orilló la intrascendencia. Tan es así que sobre el final, cuando a Miguel Pichetto le tocó hablar, le agradeció que cumpliera permanentemente con su visita al Senado, pero acotó con filosa certeza: “Debo decir que tuvo mejores presentaciones en otras oportunidades. El mensaje yo lo defino como insustancial”.

El miércoles pasado le tocaba visitar la Cámara baja, donde suele lucirse más, sobre todo cuando se trenza con Axel Kicillof. Por las “turbulencias”, se postergó una semana. Veremos si Peña ratifica esta vez sus condiciones.

El diálogo propuesto por el gobierno es una cuestión de supervivencia. Está claro que para avanzar con las medidas que tiene que tomar, debe contar con el peronismo “racional”, al que más de un funcionario ha dejado de citar de esa forma. El peronismo es peronismo, y por más que sea el no kirchnerista, tiene una lógica obsesión por recuperar el gobierno. Una cosa hubiese sido que Cambiemos los convocara en el momento de su mayor poder, y otra ahora, en el punto inverso. De hecho, los gobernadores expresaron a priori su “apoyo con reservas” a las negociaciones con el Fondo Monetario.

Será un mal antecedente para el avance de esas negociaciones lo que sucederá dentro de dos semanas: el veto presidencial al proyecto opositor para modificar el esquema tarifario. El oficialismo se jugará este martes una última carta citando a gobernadores para que digan ante los senadores peronistas lo que han expresado a través de comunicados. No será suficiente: habrá dictamen y pasados siete días se debatirá y aprobará en el recinto.

En el gobierno se ilusionan con que ahora que la gente vio finalmente la crisis, tome conciencia de la bomba que le dejó la administración Kirchner. Una encuesta le daba un 48% de buena valoración a la conferencia de prensa de Macri el miércoles. Allí pudo mostrarse “más Macri que Mauricio”, según la particular consideración de gente que lo conoce desde los tiempos de Boca. En ese marco rechazó de plano la posibilidad de reimplantar las retenciones a los granos, aprovechando la devaluación y argumentando el contexto. Esa no es la solución, sostienen en el gobierno, pues el problema de la Argentina es que no genera dólares, que el déficit fiscal es alto, pero también el déficit comercial. Así las cosas, no resulta lógico estar gravando con más retenciones un elemento clave en el que sin duda la Argentina puede hacer diferencia a la hora de conseguir ingresos.