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Martes 18 de septiembre de 2018
OPINIÓN
¿Qué problemas de salud pública plantea el aborto?
Por Luis Durand. El doctor sostiene que la despenalización del aborto no representa ninguna solución de salud pública, si no que, por el contrario, son las consecuencias del mismo las que son problemáticas.
24 de mayo de 2018
La mayoría reconoce no desear al aborto en su esfera personal. Sin embargo, se proclama que sería una solución a problemas de salud pública.

La medicina estudia los mecanismos de las enfermedades para prevenirlas y tratarlas. Aprendimos que el enfisema y el cáncer de pulmón se previenen evitando la noxa tabaco; que una peritonitis requiere cirugía y antibióticos; una fractura ósea, estabilización e inmovilización. Es consenso universal no interferir en lo que está sano, “primum non nocere” (“primero no dañar”).

El embarazo no es un problema para la salud pública. Solo requiere controles, ya que es el momento de mejor estado de salud de la historia personal de todos los seres humanos. El aborto provocado es la intervención voluntaria sobre una gesta en crecimiento. Su mecanismo patológico busca eliminar la gesta, poniendo en riesgo a la madre, tanto por complicaciones clínicas inmediatas (hemorragias, perforaciones, sepsis) o mediatas (mayor pérdida de embarazos a futuro, cáncer de mama), como por posibles y variadas secuelas psicológicas, donde la más graves culminan en accidentes por distracciones secundarias a depresión, o directamente en el suicidio.

Son las consecuencias del aborto las que constituyen un grave problema de salud pública. Por ello, el primer enfoque médico, debe ser evitar el aborto, igual como se busca evitar el consumo de tabaco. Jamás podría pensarse que, para estar más cerca y prevenir complicaciones pulmonares, sean los médicos quienes provean los cigarrillos, aunque se asuma que un importante porcentaje de la población fuma y seguirá fumando.

Por otro lado, pueden existir “inconveniencias” vinculadas a las circunstancias o al deseo de continuar un embarazo que ya existe, y por tanto tiene un nuevo ser humano ya involucrado.

Es insostenible un debate sobre el “deseo” de eliminar a otro ser humano. Por ello es necesario desafiar a la ciencia: “solo se trata de un cúmulo de células de la madre”. Allí radica la principal confusión en este debate, en la necesidad de “cosificar” o des-humanizar al nuevo ser con código genético único y en constante organogénesis (etapa de constante crecimiento y maduración que en el ser humano culmina entre los 20 y los 30 años).

Las circunstancias de vulnerabilidad del embarazo si deben preocupar a la salud pública. Las sociedades organizadas disminuyen la mortalidad materna atacando esa vulnerabilidad; o sea, asistencia familiar, educación a la madre, asistencia médica durante el embarazo y el parto, cuidar su nutrición y vacunación, etc. Pero hay quienes proponen disminuir la mortalidad materna atacando al embarazo, en lugar de su vulnerabilidad, con un aborto de mayor calidad técnica. El argumento que sustenta esta estrategia es que se buscaría disminuir las complicaciones de algo que ya sucede. Algo parecido a enfrentar las complicaciones de la drogadicción juvenil ofreciendo drogas de mayor calidad, en lugar de generar las condiciones que alejen a los niños y jóvenes de las drogas.

Se agregan dos ideas mágicas: “seguro y gratuito”. En la era en que se cuida la honestidad de los procedimientos médicos (principalmente los electivos) con la firma de un consentimiento informado; se está proponiendo una ley donde se llega al extremo de que una menor de edad (en estado de angustia) pueda solicitar una intervención sin el amparo de sus padres. El procedimiento es presentado como “seguro”, cuando se sabe que toda intervención al organismo tiene riesgos. También se ofrece como gratuito, lo cual saca de foco una importante discusión: ¿destinar recursos públicos a atacar la vulnerabilidad o a atacar el embarazo?

En salud pública, las soluciones adecuadas solo siguen a diagnósticos correctos.

Luis Durand Médico – MN 77260