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Domingo 24 de junio de 2018
OPINIÓN
Nadie dice que esta ley vaya a obligar a abortar a nadie
Por Patricia Liliana de Gyldenfeldt. La autora advierte que una eventual legalización del aborto protegerá a aquellas personas que legalmente o no abortarán igual.
27 de mayo de 2018
Me remito a la despenalización del aborto. Soy mujer, madre de tres hijos que amo mucho, trabajadora de ascendencia católica. Más allá de todo lo que se pueda decir en el orden religioso, filosófico, sanitario, etc., aquí se juega la salud de miles de mujeres que arriesgan su vida en procesos de aborto no legales y que debido a ello, muchas quedan seriamente lesionadas y muchas otras mueren por condiciones nefastas de salubridad en la ilegalidad. Debe anularse las posibilidades de una práctica que para muchos brinda abultadas ganancias reales prohibidas sin control de ninguna especie.

Entonces nadie dice que esta ley vaya a obligar a abortar a nadie, los convencidos en que se defiende una vida jamás lo harán, solo se protegerá a aquellas que legal o no, abortarán igual. Esa minoría pide a sus representantes que las protejan, las visibilice y las “represente”. Las entidades que están en contra deberán esmerarse en afianzar las creencias en sus seguidores tan solo.

Estamos comprometidos los argentinos en proteger los derechos de las personas, este es uno. Es un derecho que se está pidiendo a gritos y se comprueba en las manifestaciones que expresan esta falencia de un pueblo que no tiene en cuenta a sus componentes. Porque son muchas y muchos que reconocen este derecho a decidir. ¿Quiénes son los y las que se oponen al derecho de otra?

La misión del legislador es transparentar lo que pide el pueblo para su bien. Lo mismo que cuando se trató el casamiento de la colectividad homosexual. Todo el pueblo argentino no lo es pero se pensó en ese colectivo que es componente de nuestra sociedad. Cualquier legislador o legisladora puede no pensar nunca en realizar esta práctica pero más allá de eso debiera pensar en lo que es necesario para el pueblo que representa. El aborto para la mujer es siempre una decisión triste, difícil y complicada pero para muchas, necesaria e impostergable.

Por eso escribo lo que ya han leído y escuchado de mil formas pero sueño que se sume para despertarlos a sus obligaciones de legislar, para dar voz y solución a este reclamo popular. Será una gran minoría que lo reclama, pero somos muchos y ustedes están allí para defender a las minorías también. Votar en contra de la legalización del aborto sería abonar al proceso de aborto ilegal.

En muchos de los países en donde es permitido el aborto, se lo permite –por ciertas razones– hasta un plazo determinado de vida intrauterina del embrión; como por ejemplo en España, con Ley Orgánica 2/2010 hasta la semana 14 y excepcionalmente hasta la semana 22; y en Portugal, hasta la semana 24 para la protección de la vida de la madre. En principio, el aborto es ilegal en Alemania, pero no se castiga la interrupción del embarazo durante los tres primeros meses de gestación. Durante este período, si no quieren seguir con el embarazo, las mujeres están obligadas a pasar por un centro oficial, donde reciben asesoramiento gratuito sobre las consecuencias del aborto y sobre las posibles alternativas a la intervención para luego entregar un certificado o permiso. Las conversaciones son absolutamente confidenciales o, si la mujer lo desea, anónimas. Una vez realizada esta consulta, la mujer obtiene un certificado que le permitirá interrumpir el embarazo. En Reino Unido, hasta la semana 24 en casos de deterioro de la salud física o mental de la embarazada.

Un electroencefalograma mide la actividad cerebral; tiene validez legal para decidir si alguien ha muerto, para decidir si alguien ha dejado de ser una persona viva. Aunque otros órganos funcionen, aunque ese corazón siga latiendo, se puede iniciar un proceso de donación de órganos, por ejemplo, de esos órganos que funcionan. Ahora bien, partiendo del punto opuesto, ¿cómo es el encefalograma de los embriones? Bueno, los de 6 semanas y hasta las 12 semanas, carecen de actividad cerebral. A partir de la semana 13, empezamos a ver algunos destellos, neuronas que están migrando, que están conectándose. A partir de la semana 23, empieza a haber un encefalograma reconocible, que empieza a parecerse poco a poco al de una persona.

Si aceptamos la premisa de que usemos la actividad cerebral no sólo para marcar el final de la vida, sino también para el principio, podríamos decir que no estamos, legalmente, ante una «persona viva» antes de la semana 23, o si somos estrictos, antes de la semana 13: el primer trimestre de embarazo.

Ni Santo Tomás de Aquino ni San Agustín condenaron el aborto. Santo Tomás (Summa Theologiae) decía que el feto no parecía humano y que, por tanto, no tenía derechos. Y San Agustín (On Exodus, Enchiridion), uno de los Padres de la Iglesia, señalaba que el aborto no se considera homicidio porque "no se puede decir que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación". El Talmud judío dispone que el feto no es una persona y que, por tanto, carece de derechos, y agrega que "desde el momento que su cabeza ha emergido está prohibido tocarlo (quitarle la vida), pues una vida no tiene precedencia sobre la otra" (Sanhedrin 72b).

Si pensáramos en un alma, ella para muchas religiones es inmortal, para otros reencarna e incluso yendo a las ciencias más modernas hay algunos estudios cuánticos, se arriesgan a afirmar que el alma no muere, sino que vuelve al universo.

Hasta –aproximadamente– las seis semanas el feto no tiene sensaciones, ni capacidad de sentir siquiera, porque no tiene un sistema nervioso central completamente desarrollado con la capacidad de poder receptar dolor. Los elementos indispensables para que el feto pueda sentir dolor son las fibras neuronales aferentes; tracto espino-talámico y los grandes centros cerebrales como el área somestésica, lóbulo parietal y lóbulo frontal; mecanorreceptores y principalmente los nociceptores, que se desarrollan en la semana 29, según me pude informar.

No todos pensamos igual ni sentimos igual pero somos todos respetables y todos debemos tener un espacio de consideración igual, más allá de lo que uno decidiera en su vida personal.

Se pueden incluir variaciones de la ley alemana en donde la mujer deba obtener un certificado oficial con asesoramiento gratuito sobre las consecuencias del aborto y sobre las posibles alternativas antes de realizar el procedimiento. Se pueden incluir cláusulas como ligamentos de trompas luego del tercer aborto, para evitar lo que “muchos temen” que se convierta en un “deporte” como dicen de aborto reiterativos en una mujer, aunque sinceramente pensemos en lo ridículo de la posibilidad. Se pueden incluir variantes pero no se puede desestimar la necesidad de aprobar la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

Patricia Liliana de Gyldenfeldt

DNI 13 411 160