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Martes 18 de septiembre de 2018
OPINIÓN
El día en que conocí a Don Arturo
Por Hugo Domingo Bruera. El exgeneral del Ejército recuerda el legado y la labor del reconocido pensador y político argentino Arturo Jauretche, a 44 años de su fallecimiento.
28 de mayo de 2018
Cuando el sol del último 25 venía asomando y las ollas se preparaban para el locro patrio del mediodía, cumplía una obligación previa: poner unas flores a Don Arturo Jauretche, en el busto del Parque Urquiza de Rosario, en el aniversario del fallecimiento.

Tuve el privilegio, que no aprecié inicialmente, de conocerlo. Fue un viernes de 1967 con sólo doce años y luciendo el uniforme del Liceo Militar. Mi padre, también un tipo pintoresco de la época, me llevó directamente desde el micro que me traía de Santa Fe, al Sindicato del Seguro, en la calle Mitre al 800, en el centro rosarino, donde sugirió que había un invitado importante.

Luego de saludar a los quince comensales con su voz áspera y potente, a Don Arturo lo atrajo el niño soldado y con una sonrisa me acomodó la solapa de la chaqueta militar, mientras dijo algo y con una palmada en la espalda invitó a sentarnos. La construcción de mi memoria, por supuesto, incorpora al relato conocimientos y sentimientos seguramente posteriores. Robusto, de cejas gruesas, era histriónico al hablar, seductor en el trato personal y en la narración. Refirió a pedido de los comensales, los detalles de una entrevista donde había corrido con un cuchillo al periodista que lo incomodó. Cuando mi padre me aconsejó no contar nada en el Liceo, (era la dictadura de Onganía), comenzó mi interés por el personaje.

Descubrí un sabio campechano, con una independencia de pensamiento que le permitió ser radical cuando debía serlo, tomar las banderas del peronismo el 17 de octubre y hasta objetarle a Perón la formación del gabinete en su segundo gobierno. Practicaba el difícil arte de hablar fácil, para la gente. Simpático, impredecible, con más de 70 años se batió a duelo de pistola con un coronel. Actuaba las ideas, que debatía con otros grandes protagonistas políticos y culturales de su tiempo: Scalabrini Ortiz y Homero Manzi. Fue fundamental en la resistencia peronista durante la proscripción y aunque ignorado para recibir al general en su vuelta del exilio, se consideraba por encima de esos pormenores porque privilegiaba la patria a lo partidario.

Este 25 dejamos las flores y me despedí del profesor Neirot, del poeta Catalá y algunos concejales, pensando que siempre es tiempo de Jauretche y feliz, tomé avenida Circunvalación hacia el locro familiar disfrutando el paisaje ribereño del Paraná. Sin embargo, se me ocurrió mirar al oeste y me topé con la indigencia de las villas. Masticando bronca, repetí cien veces la frase del pedestal: “Hasta que un día el paisano acabe con este infierno, y haciendo suyo el gobierno, con solo esta ley se rija: o es pa' todos la cobija, o es pa' todos el invierno”.